Crean en este equipo
Editorial La Galerna
Buenos días. Anoche, en la competición más importante del planeta, el equipo más catastrófico que se ha visto jamás brindó a los ojos de un mundo incrédulo un espectáculo de puro fútbol, sazonado con orgullo y pasión. 6-1 al Mónaco, en una sinfonía de destrezas y ambición como no se había visto en mucho tiempo. A pesar del crudo escepticismo, sazonado por vergonzosos insultos a nuestro entrenador y jugadores por parte de opinadores del más diverso pelaje, pero por desgracia con muchos seguidores, la realidad se impuso: el Madrid es un equipo descomunal que había dejado de serlo, pero que logrará grandes cosas si exhibe una continuidad en la excelencia de ayer.
A lo mejor, sencillamente, es que se puede creer en este equipo. A lo mejor, simplemente, es que Álvaro Arbeloa merece una oportunidad seria, justamente la que le han querido negar calificándole preventivamente con epítetos denigrantes, y ello tanto de parte del antimadridismo tradicional como del madridismo destroyer de las redes.
Ahora toca cautela, pero una cautela esperanzada. Se pueden hacer grandes cosas. No hagamos como si fueran imposibles, porque anoche se vio que no lo son. Crean en este equipo.
Dice Marca que “así los quiere el Bernabéu”. Evidentemente. Un Bernabéu que anoche fue el de las grandes ocasiones europeas, esto es, el público que acompaña al equipo en lugar de poner palos en las ruedas con la interminable y contraproducente música de viento del día del Levante. Arbeloa ha insuflado aires nuevos a este equipo. Resulta que no era tan mala idea inyectar madridismo al Real Madrid.
“Vinícius marca y abraza a Arbeloa”, dice en letra más pequeña la portada marquista, y remata citando las palabras del entrenador en su impecable rueda de prensa del pospartido. “Más que a mí, ha abrazado al Bernabéu”. Qué afortunada frase, propia de un excelente comunicador como Arbeloa. Si el espartano improvisó esa respuesta, hay que bendecir los reflejos de las musas.
En sí mismo, el abrazo es el signo que anuncia no buenos tiempos (seamos cautos), pero sí la posibilidad de los mismos. Autoconvirtiéndose en símbolo de todo el madridismo (“más que a mí, ha abrazado al Bernabéu”), Álvaro resuelve el conflicto entre Vini y su propia afición. Ficticiamente, claro, porque se trata de una metonimia (la parte por el todo), pero no será la primera vez que un recurso estilístico endereza el rumbo de una entidad de magnitud planetaria.
Fue una gran noche madridista, reflejada también en el baloncesto y en la sección femenina, como refleja Marca en sus bajos.
As lo centra todo en Vini, MVP del partido para alegría del propio Vini, claro, pero también de su supuesta némesis, o sea, de Mbappé. El francés daba saltos de euforia y abrazaba al brasileño, presa de un júbilo enorme, ante la distinción a su compañero. Estamos ante un caso único en la historia, probablemente. Mbappé y Vinicius no dejan de echarse mutuamente flores, y la combinación de admiración y afecto es palpable entre ambos. Sin embargo, en las redes sociales hay verdadero odio entre los vinilovers y los mbappistas. La pregunta cae por su propio peso: ¿por qué no se dan cuando menos una tregua, constatando que sus respectivos héroes no solo no se llevan mal, sino que sienten devoción por el otro?
En todo caso, y aunque las cosas de Vini siempre llaman la atención, es injusto centrarlo todo en él, porque todo el equipo rozó la perfección. Hay que pedir a los pájaros de mal agüero que nos dejen al menos soñar, con cautela, pero soñar. La situación lo merece. Courtois estuvo enorme cuando fue requerido (el Mónaco jugó mejor de lo que dicta el marcador); Valverde y Camavinga rindieron como los dos mejores laterales que no son laterales de la historia; Tchouaméni deslumbró una vez más, tanto en el puesto de mediocentro como en el de defensa central; Güler puso en juego toda su clarividencia y virtuosismo; Kylian aportó los goles y un compromiso defensivo emocionante (esa carrera en repliegue hacia el final); Jude se exhibió como el megajugador completo (presionar, robar, jugar, llegar, marcar) que todos esperamos ver siempre, y tuvo una simpática celebración de gol acordándose jovialmente de los difamadores; Mastantuono merece punto y aparte.
Mastantuono rozó la perfección, por juego, por ritmo y por entrega. Hizo un partido soberbio, el mejor desde que ha recalado en Chamartín. A lo mejor no es el bluf que quieren hacer creer los de siempre. Mantengamos con él la misma cautela que antes preconizábamos para el equipo, pero consintámonos soñar para él una gran carrera en el mejor club del mundo. Tiene los mimbres técnicos y, sobre todo, la personalidad para ello. Rezuma el carácter sin el cual no se triunfa en Concha Espina.
Os dejamos con la prensa cataculé. Hoy juega su equipo su equipo en Praga. Lo tienen infinitamente más difícil que nosotros para entrar en ese Top8 que te exime de una ronda de Champions. Nos parece raro, sobre todo cuando ellos son el mejor equipo del mundo mundial y nosotros somos la antepenúltima excrecencia que desalojó Pilatos. Cosas inescrutables del balompié.
Como veis, ambos rotativos cataculés, Sport y Mundo Deportivo, minimizan (literalmente, o sea, lo ponen en muy pequeñito) la gran victoria blanca de anoche, y la cuentan en términos despectivos, restándole méritos. Es una de las señales más inequívocas de su miedo. “¿Y si…?”, se preguntan.
¿Y si…?, concluimos nosotros.
Pasad un buen día, madridistas. Y creed en este equipo.


