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Archivo·19 de junio de 2015

Cristiano y las preguntas

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Editorial La Galerna

¿Me parecen sumamente edificantes todos y cada uno de los gestos que Cristiano Ronaldo ensaya en el transcurso de un partido cualquiera? No.

¿Me resultó ejemplar, me pareció intachable que se quitara la camiseta y celebrara como un Narciso exacerbado el último gol que le marcamos al Atleti en la gloriosa Final de Lisboa? No.

¿Creo que fue atinada la celebración de su fiesta de cumpleaños justo después de que perdiéramos 4-0 contra el Atleti? No.

¿Sentí un prurito de rubor cuando emitió esa suerte de bramido extemporáneo en la recogida de su último Balón de Oro? Sí.

Comienzo este artículo con esta cuádruple confesión para dejar claro desde el principio que entiendo a los no-madridistas que sienten antipatía por Cristiano Ronaldo. Entiendo doblemente, claro, a los (más que no-madridistas) antimadridistas que sienten antipatía por Cristiano Ronaldo: a las circunstancias comentadas se les une otra de mucho mayor peso en la ponderación de factores de su animadversión, como es la cantidad de veces que Cristiano les ha frito a goles y derrotas, ya hablemos de antimadridistas en su facción atlética, su facción sevillista, su facción valencianista y hasta su facción culé, pese a la leyenda urbana (fácilmente desmentida por la hemeroteca) según la cual no suele marcar al rival catalán. A esos sí que les entiendo bien, y por ello respeto aunque no comparta el picadillo que nuestro amigo José Luis Heras (@jlheras) ejecuta o cree ejecutar con Cristiano en el “Córner del anti” de hoy:

José Luis siente antipatía por Cristiano por las cosas que enumera en el artículo y de las que me hice eco al principio, no lo dudo, pero siente antipatía hacia el portugués (sobre todo) porque en la relación de enfrentamientos del último lustro entre Madrid y Atleti nuestro delantero les ha fulminado casi siempre, dolorosísimamente para ellos.

cr con niños

Bien es cierto, como enumera José Luis, que en la historia más reciente no siempre ha sido así, y que esa historia más contigua –hablo casi exclusivamente de la última temporada- incluye un 4-0 de infausto recuerdo en el Calderón. Qué pena que en su recuento omita José Luis, sin duda por descuido, la eliminatoria de Champions de hace solo unas cuantas semanas, en la cual no tuvimos más remedio que cargarnos al Atleti más ultradefensivo y ramplón jamás visto (y ya es ver) merced a un gol de Chicharito en los últimos estertores del partido. Gol cuyo autor intelectual, en tremenda jugada personal, fue (oh) Cristiano Ronaldo, quien con esa asistencia rubricó aunque no marcara un partido descomunal por su parte. La tortilla de rabo de pasas es, José Luis, magnífico remedio para la pérdida de memoria (quizá selectiva) en su versión corto-plazo. Vosotros tenéis a favor un trozo de historia reciente. Nosotros tenemos a favor la historia de siempre y la recientísima.

Entiendo, pues, a José Luis, y a otros antimadridistas tantas veces masacrados por Cristiano, y no descarto que entre las variables que desencadenan su tirria se encuentren también las enumeradas al principio, en un porcentaje menor en relación a los disgustos deportivos que Cristiano les ha proporcionado. Lo que me cuesta más comprender es el que estos factores negativos no se vean compensados por otros, y con creces, en la consideración que por Cristiano tienen algunos madridistas. Me duele más el artículo de Antonio Hualde que, en aras de la pluralidad, publicamos en este mismo foro ) que el pergeñado por José Luis desde la natural animosidad del adversario.

Si la célebre fiesta con Kevin Roldán mereció (o no) todo el vitriolo que se arrojó sobre Cristiano es tema que podríamos debatir largamente. Tanto la actitud que el jugador mostraba en las imágenes –casi angelical, acaso demasiado cohibida- como el hecho de que el evento estuviera organizado con antelación, con la presencia de muchas personas que habían viajado desde otros países para asistir, aconsejaban mesura en la crítica. Lo que a mi juicio no se justifica de ningún modo es que muchos madridistas hayan reabierto el melón del escarnio cayendo en la trampa de Piqué, que solo pretendía eso mismo en su bochornosa alocución post-triplete. Oigan: aun en el supuesto de que ese escarnio fuera justo, lo fue única y exclusivamente en su momento, y reabrir la herida es (amén de torpe estrategia de alimento al rival) el colmo del ensañamiento, máxime si lo propician nuestros correligionarios. Antonio, por favor…

Hablando así, en general (o sea, para madridistas, antis y mediopensionistas) lo que a mí me escandaliza es la brutal desproporción entre la cantidad de estiércol que tiene que recoger Cristiano por sus defectos y torpezas –algunas de las cuales comparte con otros mitos arrogantes y montaraces como el mismísimo Di Stéfano- y la ínfima cagadita mediática que en el mejor de los casos cosechan otros como premio a sus fechorías, infinitamente superiores en gravedad y alevosía a las del de Madeira. Porque digo yo que quitarse la camiseta de una determinada manera o ejecutar un determinado aspaviento en el desarrollo de un partido (con las pulsaciones a cien) es cosa que puede estar mejor o peor, y cualquier madridista razonable estará encantado de discutir al respecto. Pero que cualquiera de esas cosas es una nimiedad en relación a la bellaquería que supone estafar masivamente a Hacienda o haber participado presuntamente en el amaño de un partido es argumento que se me antoja irrebatible. En esa lacerante desproporción (el caudal de menosprecio que Cristiano soporta por sus faltas frente a la tibieza y escaso eco que en los medios encuentran las otras cuestiones) sangra el corazón de muchos madridistas, entre los cuales desde luego me cuento. Y sangra de tal modo que el entendimiento se nubla un poco a sabiendas de que se nubla, y a sabiendas de que hace bien en nublarse. Cuando la desproporción acarrea una injusticia tan flagrante, solo resta poner la razón en cuarentena para negar lo que uno empezaba afirmando.

¿Me parecen sumamente edificantes todos y cada uno de los gestos que Cristiano Ronaldo ensaya en el transcurso de un partido cualquiera? Sí. Todos y cada uno de ellos. Sin la menor excepción.

¿Me resultó ejemplar, me pareció intachable que se quitara la camiseta y celebrara como un Narciso exacerbado el último gol que le marcamos al Atleti en la gloriosa Final de Lisboa? Desde luego. Era el gol que refrendaba la goleada (porque un 4-1 lo es), y no hay cosa más gloriosa que golear a tu rival local en el máximo duelo europeo posible. Toda euforia estaba justificada, y la actitud de Cristiano no fue más que una demostración de euforia incontenible y absolutamente legítima.

¿Creo que fue atinada la celebración de su fiesta de cumpleaños justo después de que perdiéramos 4-0 contra el Atleti? Atinadísima. Mourinho recomendaba la máxima normalidad (o el intento de ella) después de una humillación deportiva. Si un hombre no tiene derecho a seguir adelante con una fiesta ya programada por culpa de un mal trago profesional (y siempre y cuando no se exceda en esa fiesta), no sabemos qué derechos les quedan a las personas. (Sí, querido Antonio).

¿Sentí un prurito de rubor cuando emitió esa suerte de bramido extemporáneo en la recogida de su último Balón de Oro? Ni muchísimo menos. Si ese bramido sirvió para acrecentar el escándalo de sujetos que se escandalizan ante cosas así, pero pasan de puntillas ante cuestiones como estafas al fisco o gravísimos fraudes deportivos, no queda sino darlo por bien empleado.

Sí, querido José Luis: ¡¡¡Uuuuuhhhh!!!

 

 

(Foto de ellatinoonline.com)

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