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Crónicas·29 de noviembre de 2015

Crónica del Éibar, 0 ; Real Madrid, 2

M

Mario De Las Heras

Casi lo primero que vi fue a Inui, como a Shinji enamorado de Hatsue entre los caseríos, y me imaginé un partido mecido por el rumor del oleaje. Pero nada de eso. Ni con chiquitas ni con chiquitos se andaban en Ipurúa, más tradicionales que en la isla de Utajima.

La presión le hacía a James levantar la hierba como si en vez de bota tuviera una madera para empezar un hoyo. Y qué anticipación de los locales. Había alguien en alguna parte del estadio con una máquina en la cabeza como la del Doc de Regreso al Futuro leyendo los cerebros madridistas.

Había que jugar con Keylor en un campo de fútbol siete, pero la sensación no era la de ser un jugador más inesperado sino una necesidad ante una tromba guipuzcoana tan previsible en principio como la climatología.

El Éibar estaba comodísimo en su pisito mientras el Madrid se tropezaba con todos los muebles. Le faltaban paredes para un fútbol pádel. Cristiano fallaba a pase de James en su segunda mejor acción, y aquello era como gasolina a los vascos para seguir intentando provocar el incendio.

Dani García y Escalante se imponían a Modric en el centro, quien sin embargo se la estaba guardando, y se notaba. La línea que dibujaban los azulgrana yo no sabía si estaba más cerca de la presión que del pisotón, o del empuje al empujón.

Luego llegaría la mejor acción de James, que trazaba sobre Bale para nada. Saúl Berjón era un pillo de los Five Points confundiéndose entre la multitud. Yo de repente le veía salir de ella con un reloj de cadena en las manos, pero era Pepe, menudo agente hoy, quien se lo requisaba.

Ipurúa es como un local clandestino donde se celebran peleas de gallos y combates de boxeo. Un lugar familiar para Kovacic, cuyo rostro rudo de Terry Malloy está en las antípodas de su juego delicado a pesar de sus toscos, en apariencia, movimientos.

Había que aguantar los golpes bajos, es la ley de estos andurriales, y el Madrid se mantenía en pie y en bloque esperando una oportunidad para salir adelante en un mundo difícil. Yo casi estaba a punto de llorar con los primeros planos del joven croata, como si fuera Marlon Brando diciéndole a Benítez en el interior del coche: “¡…pude ser un primera clase!"

La lucha allí dentro era feroz. Los conejos muertos contra los nativos. Con cuchillos y palos. El Madrid dormía la pelota, se daba aire. El Éibar golpeaba al estómago para quitárselo. Hubo un córner que se fabricó Modric usando a uno en corto que se encontró por allí, sin mirar quién era. Luego centró a la lona con el balón embadurnado de veneno de serpiente para que la mordiera Bale con su coleta de samurái.

Era la venganza de Luka. Nadie se anticipa a Luka sin recibir su merecido. El de la máquina en la cabeza debió de tirarla al suelo. Ya no servía. La segunda parte comenzó con Cristiano bajando a la playa de Utajima a por conchas. Yo seguía esperando, a pesar de todo, que la luz entrara en ese antro y la naturaleza me sonriese.

Se veían por las esquinas del estadio los montes verdes y los caseríos como los pinares del santuario, pero la acción era oscura y el ambiente estaba cargado. La luz era eléctrica y una nube de humo flotaba sobre las cabezas.

Los eibaristas seguían ansiosos, encelados, aunque el Madrid empezaba a manejar el capote con soltura. A pesar de la tensión, de la velocidad, los locales se desempeñaban con gusto. Es el Éibar un equipo pobre y valiente y elegante.

Yo seguía observando a Danilo en el intento de averiguar qué es, qué hace ahí, de dónde viene. ¿Son piernas esas cosas con las que corre? ¿Es a fútbol a lo que juega?

Mientras tanto, Shinji seguía persiguiendo a Hatsue. Bale corría por la banda (ese campo no es para la banda de Gareth, sí para la de Lucas Quinto, como después se vería) y Cristiano fallaba una tijera. Cristiano fallaba hasta para que le señalasen los penaltis grandes como todo Éibar allí en su valle. La culpa no es el del árbitro sino, por supuesto, de Cristiano. Y de Benítez.

Se iría James ofuscado, sin apretar el gatillo, pero bonito como siempre, antes de que Lucas nos hiciera ver que el suyo hubiera sido un buen día de no ser por Cristiano, quien reflexionaba mirando a la inmensidad de la yerba como si fuera el universo ininteligible. Yo no descartaría que la gloria de Ronaldo retornase tras esa reflexión.

No estaba la tarde para Verdi, si acaso para Wagner, que salió con un pedazo de piel de gato en la cabeza pegada con velcro. Un horror, pero muy de bajos fondos, que es lo que había y lo que quedaba. Iba a ser Lucas Quinto con su mini regate ideal para un mini campo quien provocase el penalti del cero a dos que marcaría Cristiano.

Entonces ya había salido Casemiro, “cemento” lo llamaron en la tele, y luego aparecería Benzema por el lesionado del día, Carvajal, que completaba el cuadro, un bodegón quizá, de la defensa. Al final, como en la Utajima de Mishima, aquella islita, envuelta en la oscuridad, es la que ha protegido la precaria felicidad del madridista.

LAS NOTAS:

Keylor: Destaca (D). Observó la batalla, con todo lujo de detalles, desde el porche de su casa.

Carvajal, Pepe y Nacho: Destaca (D). Pepe sobre todo. Fundidos en uno como los soldaditos de plomo de El Patriota.

Danilo: OVNI.

Kovacic: Destaca (D). El hijo de Modric. La madre tiene que ser grandona.

Modric: Destaca (D). Le probaron y venció.

Kroos: Destaca (D). De pie, como Custer.

Bale: Progresa Adecuadamente (PA). Sin banda por la que trotar prefirió fajarse en la pelea donde obtuvo el gol.

James: Necesita Mejorar (NM). Yo no le hubiera cambiado. Brilla según se refleje, como un diamante.

Cristiano: Necesita Mejorar (NM). Tuvo ocasiones en la segunda parte.

Lucas Quinto: Destaca (D). Hay que sacarle más. Desatasca. KH7.

Casemiro: Exento.

Benzema: Exento.

Benítez: Destaca (D). El de hace cuatro o cinco partidos. Tampoco son tantos.

EFEMÉRIDE DESTACADA:

Es fundado el F.C. Barcelona (1899)

 

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