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Crónicas·12 de abril de 2016

Crónica del Real Madrid, 3; Wolfsburgo, 0

R

Ramón Álvarez de Mon

El Madrid es un equipo que aún está lejos de ser redondo. Su ciclotimia habitual no sólo tiene lugar entre partido y partido, sino que incluso en el mismo partido es capaz de parecer un equipo imparable y un equipo inseguro. Sin embargo, a veces es necesario que se den sucesos que supongan un punto de inflexión en el sino de un equipo. Esta noche el Madrid jugaba contra su historia reciente; contra la remontadas fallidas e inconclusas. Ese peso en las botas siempre estuvo presente en Chamartín. Cómo no iba a estarlo cuando el reto era remontar un resultado que suele resultar definitivo para el que lo atesora. El partido resultaría difícil de descifrar sin ese contexto.

Haciendo caso al maduro mensaje de Roberto, el hijo de Juanito, el Madrid empezó el partido apostando por el tipo de fútbol que le hacía superior a su rival: tranquilo en la posesión y con el equipo muy junto para que cuando se produjera la pérdida, la presión sobre el balón fuera efectiva y el esférico pronto retornase al equipo blanco. En estos primeros minutos Benzema, igual que ante la Juve el año pasado, era el que lo tenía más claro. El francés partía de la izquierda, donde los pesados defensas alemanes no querían ir, y posteriormente se deslizaba hacia el centro creando ventajas para él y sus compañeros. El centro del área era de forma descarada para un hambriento Ronaldo.

Los alemanes supieron que venían curvas desde el momento que un aparentemente inofensivo remate de cabeza de Ramos se estrelló contra el larguero.

La cosa iba según el guión que parecía querer y convenirle al Madrid: lento pero seguro... Pero Ronaldo no parecía querer entender de treguas. Tras una buena internada de Carvajal por la banda, el centro le llegó raso y medio mordido, tanto que la defensa alemana pareció por un momento transparente y espectadora de honor de cómo el portugués aprovechaba con delicadeza el obsequio.

Casi sin solución de continuidad el Madrid volvió a verse en el área rival, pero esta vez a Ronaldo le quitaron el caramelo instantes antes de rematar de cabeza. Se quedó tanto con las ganas Ronaldo que remató a gol el córner posterior cruzando el balón y demostrando que no existe rematador como él en el mundo. No parece malo este chico, aunque dicen que le cuesta meter goles en partidos decisivos. Habría más tarde una dosis adicional.

En tan solo diecisiete minutos el Madrid había igualado la eliminatoria. Quizá el premio había llegado antes que el juego, a diferencia de muchas otras veces. Con tanto tiempo por delante, el Madrid optó por replegar un poco y pasarle la patata caliente a unos alemanes que se miraban unos a otros con la incredulidad e impotencia de quien sufre el robo del bocadillo en el patio del colegio antes de darle el primer bocado. Sin embargo el Wolfsburgo demostró empaque y aceptó el reto de construir. El repliegue del Madrid careció de cierta coherencia. Había algo de presión avanzada, pero Ramos y Pepe no adelantaban su posición, por lo que empezaron a aparecer llanuras en 3/4 que iban siendo ocupadas por Arnold -quien pronto descargaba en Draxler- y asentaban a su equipo en campo contrario. Sin pasar demasiados apuros resultó evidente que el guión había cambiado. La lesión de Draxler empeoró la calidad de la posesión alemana y el Madrid acabó la primera parte recuperando cierto control del partido, pero la difícil tarea estaba a medio hacer.

La segunda parte descubrió pronto otro paradero. El Madrid optó por sacrificar cierta verticalidad por un mayor control que minimizase la posibilidad del gol en contra.

Con poco el Madrid daba sensación de peligro. Cada córner suponía una agonía para los alemanes. Sólo la mala fortuna y el palo impidieron que Ramos metiese el gol de la reconciliación. Será para otro día.

Cuando el partido entraba en la fase en la que el equipo de casa echa cuentas temerosas, llegó una falta al borde del área. Nadie supo por qué Navas corrió como un poseso a decirle algo a Cristiano; el caso es que le debió dar esa fuerza que le hace llegar a balones imposibles. Ronaldo tomó carrera y ante la sorpresa de todos optó por buscar el minúsculo hueco en la barrera que se suele crear por algún contrincante cagón. 3-0. Todo lo que ocurrió hasta el final es que el cuarto y el quinto estuvieron más cerca que el primero de los alemanes. Por si había dudas, con la entrada de Jesé, Zidane envió el claro mensaje de que estaba prohibido replegar. Por fin este Madrid le regaló una remontada a una afición que tanto las añoraba.

LAS NOTAS

Keylor: 7. Muy seguro

Carvajal: 7,5. Enorme su partido con asistencia incluida.

Pepe: 6,5. Seguro en el corte y por alto.

Ramos: 7. Su mejor partido en bastante tiempo. Dos palos.

Marcelo: 6,5. Genial en la llegada, peor en los centros.

Casemiro: 7. Fundamentales sus robos y coberturas.

Kroos: 6,5. Mucho desgaste.

Modric: 7. Trabajó a destajo y llegó a veces.

Bale: 7. De menos a más. Terminó dominando el partido.

Benzema: 8. Fue el que más generó, se fue ya cansado.

Ronaldo: 10. Creo que no hace falta explicarlo.

Jesé: 6,5. Dio aire al equipo y estuvo incisivo.

Varane. No valora.

Zidane: 8. Planteamiento maduro y acertado.

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