Cuando juega Benzema a veces se escucha a Vivaldi
Mario De Las Heras
Lo dijo mi mujer al comienzo del partido: "Esos del Apoel van vestidos igual que Blancanieves". Y tuvo razón no sólo en la estética. La estética fue de Disney, pero más bien por la influencia de Ronaldo y de Benzema que porque enfrente estuvieran los once enanitos. Estaba todo ahí, quiero decir el Madrid. El Madrid no está más por lo que dicen que por lo que es. Cuántas veces lo que dicen es lo que es por el influjo del decir, esa verdad tan convincente.
En realidad lo que es sólo lo saben dentro, y ninguno de los que dicen mayormente lo está, dentro, quiero decir. Por lo que, mayormente también, no saben mucho. Lo que es podría acabar saliendo al fin impulsado desde Nicosia, para más señas desde que Luka marcó ese gol como descorchando una botella de vino de la que salieron Cristiano y Karim como dos genios a borbotones.
Fue exactamente así. Cristiano a la caza y Karim que empujaba desde el inicio. Bailaba en los tres cuartos del campo mientras el centrocampismo lo buscaba y lo animaba y lo amaba. Fue emocionante eso, como cuando en la NBA buscan al anotador por encima del esquema para que lance y bata un récord de puntos y luego todo el pabellón salta de alegría y grita y se abraza por la gesta.
Karim estaba encelado por los que dicen y no es así como funciona su mecanismo por más que se empeñen (al contrario que el de Cristiano, al que le sobra con su exigencia). Funcionó porque es y porque los genios o sienten el día o no lo sienten. El que quiera ver fuegos artificiales cada noche que utilice los paraísos artificiales pero que no la tome con Benzema, entre otras cosas porque le va a dar igual.
De Benzema no hay que esperar nunca nada sino estar siempre atento. Casi toda su grandeza se encuentra en algún punto, de subida o de bajada, de esos altibajos misteriosos, únicos como para perdérselos. De esos inviernos que luego son primaveras y luego veranos y luego otoños. A Benzema lo contemplan las cuatro estaciones desordenadas (Cristiano las pinta con los mismos goles, y asistencias, en distintos paisajes de aquí a la eternidad) y a veces suena hasta Vivaldi, como ayer, en una especie de histeria de violines que ensordece a los no benzemistas, quienes enseguida se ponen a decir que no vale porque enfrente está Blancanieves, como si eso fuera importante.