Cuestión de estilo
Pepe Kollins
Últimamente se ha puesto de moda el estilo en el fútbol, para referirse a una filosofía cuyo fundamento se sintetiza en pasarse muchas veces el balón antes de chutar a puerta, con el fin de desordenar al equipo rival y para lo cual son necesarias algunas circunstancias, como ensanchar el campo con posiciones fijas en banda, unas líneas muy juntas, una disposición con dos receptores ofreciéndose, al mismo tiempo, al tenedor de la pelota, una salida del balón siempre al pie desde el portero y factores ambientales como un césped en correcto estado.
Para mí, en cambio, estilo sigue siendo aquello que dota de distinción, ya sea desde la formalidad o desde el fondo de los actos. Estilo tiene Xabi Alonso cuando se pone esos trajes de Hugo Boss que parece recién salido de un anuncio de colonia en navidad. O un control del Zidane futbolista suspendido en el aire como una bailarina del Bolshoi. Estilo es Fede Valverde declarando, ante un reportero que le animaba a confesar que el terreno de juego había sido un hándicap, que “yo vengo de Uruguay y allí hay campos peores. Ha sido el rival quien nos lo ha puesto difícil ".
El césped, en cambio, es un argumento corriente de excusa por parte de los del estilo de los mil pases. A veces el viento sopla muy fuerte y reseca el césped lo cual, a su vez, ralentiza el juego, nos dijo, tras el partido contra el Granada, Quique Setién, adalid de dicho credo y primer pasiego de la historia que le pone pegas al viento. Todo sea por no admitir que las cosas no fueron como debía.
El recurso del césped era una cosa habitual de otro profeta, Xavi Hernández, un fundamentalista del estilo del tiki taka, que se agarraba a la altura de la hierba en cada derrota. Ese Xavi proclamó, la noche en que el Barça perdió una eliminatoria contra el Bayern de Munich por un parcial de 7-0, que "«Si miramos solo el resultado nos quedamos en lo superficial. El balón fue nuestro y no pudieron dominarnos".
Así pues, el estilo no siempre dignifica en todas sus acepciones. En la que acabo de citar, por ejemplo, es un recurso para ganar, con cierta pretensión estética, pero no necesariamente ética, como hemos podido comprobar en ese mal perder que siempre termina culpando al pasto.
Menos éticos, todavía, son aquellos devotos del estilo que en su afán por desordenar al rival lo hacen en todos los órdenes. Sin ir más lejos, tenemos al mismo club que pregona la palabra de la posesión, en la semana que tiene que jugar unos de los partidos más complicados del calendario, negociando con el goleador del equipo contrario. No es la primera vez que ocurre, ya en el curso anterior, el FC. Barcelona negoció con Antoine Griezmann, la misma semana en que se enfrentaban el equipo azulgrana, primero de la clasificación, con el Atlético de Madrid, segundo clasificado.
No se vayan a creer que la cosa se hizo con discreción para filtrarse después, sino que, desde el primer día de la semana en la que se disputó el encuentro, los medios de Barcelona, se prodigaron en los detalles del presunto fichaje.
Curiosamente, en aquella ocasión, como ahora con el valencianista Rodrigo, parece que el Barcelona pese a llegar a un acuerdo con el futbolista, no dispone de dinero para pagar al club, por lo cual solicitan una cesión que se antoja difícil. Aunque tampoco supone un problema, porque en el peor de los casos la desestabilización ya está hecha.
No escucharán ni por un momento a los medios de comunicación cargar contra esta actitud que tendría que estar prohibida y penalizada. Imaginen, por un momento, que el que estuviese negociando el fichaje del delantero titular rival, a 24 horas de disputarse un partido contra ellos, fuese el Real Madrid. Se montaría la mundial.

