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Opinión·23 de junio de 2019

Dejé de ver al Real Madrid

J

Juan Carlos Guerrero

Dejé de ver al Madrid la primera semana de marzo. La eliminación frente al Ajax fue la última vez que vi un partido de los blancos. Entraba en Twitter para saber la alineación, miraba el móvil cada diez minutos para ver cómo iba el resultado, pero me negaba a poner el partido. Era un castigo invisible, un acto sin efecto en los futbolistas, que seguirían demostrando que no podían. Admiro a quien se mantuvo fiel y vio desangrarse durante once partidos a un equipo cadáver. No tanto a los que sacaban conclusiones inútiles; menos aún a quienes empezaron a dudar de Zidane por ese barbecho que el Madrid recorre muy de vez en cuando: la postemporada. A Zidane hay que juzgarle por tres Champions y una Liga, y por lo que venga a partir de ahora. Los dubitativos miraban al campo en lugar de centrarse en la sala de prensa, donde el técnico francés anunciaba cambios para el próximo año: había esperanza.

Sí acudí a bajar el telón. A falta de diez minutos para acabar la temporada, en casa contra el Betis, puse la tele para transmitir mi agradecimiento a una generación de jugadores que hizo vivir al madridismo su segunda etapa más gloriosa, si no la primera, pues entra dentro de la lógica pensar que ahora todo es más difícil que antes.

El verano comenzó demasiado pronto, un 6 de marzo, y la parte positiva es que a mediados de junio el Madrid ya tiene cuatro incorporaciones cerradas (más la anterior de Rodrygo). La negativa es que todavía falta mucho para que vuelva el fútbol. Un club tan acostumbrado a vivir en tensión hasta el último partido de la temporada se ve obligado por deméritos propios a respirar con ansiedad la llegada de la pretemporada, que será la más deseada y seguida de los últimos años.

A veces hay que darse un tiempo y ver si el otro reconoce sus errores y acepta cambiar. El Madrid lo ha hecho, ha entendido que se había relajado y que esta relación es muy exigente. No podemos saber cómo van a rendir los fichajes, pero nadie puede negar que cada una de las caras nuevas están entre las dos o tres mejores opciones del mercado, que es muy diferente a ser las mejores opciones del planeta. Me hace gracia cuando escucho que tampoco Zidane estaba en venta en 2001; quien piensa así no ha entendido el cambio que ha experimentado el fútbol en la última década.

A falta de Supercopas que jugar a principios de agosto, me tomaré los partidos contra el Bayern (20 de julio), el Arsenal (23 de julio), el Atlético de Madrid (26 de julio), el Tottenham (sin fecha confirmada) y el Trofeo Bernabéu como una reconciliación donde asentar de nuevo una relación que esta temporada celebra sus bodas de plata. ¡Cuánto hemos cambiado los dos! Pero más él: hace tiempo que se convirtió en centenario y sigue engordando por donde siempre suele hacerlo, por la zona donde se le acumulan los trofeos.

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