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Archivo·23 de enero de 2026

Del ‘vibecoding’ al ‘vibeplaying’: el Madrid de las sensaciones

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Editorial La Galerna

El nuevo estratega del Real Madrid, Álvaro Arbeloa, legó en la rueda de prensa posterior al último envite en la Copa de Europa una verdad axiomatica: “Esto es el Real Madrid, un club que va más allá de estilos y conceptos tácticos; va de ambición, carácter y esfuerzo”.

Pudo antojarse como un ataque velado a Xabi Alonso, a quien la fama de esteta conceptual lo ha acompañado desde que tomó las riendas del Leverkusen, pero quiero creer que apunta a algo más telúrico. Arbeloa disecciona una explicación medular de la idiosincrasia del club: este es un equipo de estrellas, de estados de ánimo y sinergias espirituales.

Y permítaseme ahora un par de anglicismos. Ahora que la Inteligencia Artificial se vuelve cada vez más ubicua, entre sus productos bandera surge con fuerza el vibecoding, o programar por sensaciones. Se trata de alumbrar una idea y evolucionar por ensayo y error junto a la herramienta de IA para terminar en un producto final, algunas veces brillante, nacido del puro instinto.

calma y cordura. Comprobemos primero si el Producto Mínimo Viable desarrollado vía vibeplaying por los de Arbeloa tiene continuidad, o si fue solo un fuego de artificio

Con este Madrid acontece algo similar. A los jugadores parece que no les apetece jugar encorsetados por la táctica y el método, sino más con las vibraciones del vestuario. Mientras mejor parecen llevarse, mientras más se les complazca y, en síntesis, mientras más felices estén, mayor es su predisposición al heroísmo. Ahí está la evolución en los tres partidos de Arbeloa: el esperpento en Albacete, la mejora paulatina contra el Levante y la goleada contundente en la Copa de Europa contra el Mónaco.

El saldo, aunque aún muy exiguo, coincide con el perfil de los preceptores más exitosos de las últimas épocas: Zidane y Ancelotti. Ambos se alinearon emocionalmente con sus jugadores, y si prestamos atención a las notas que ha dejado Arbeloa, parece que estamos entregados a la misma corriente: vibeplaying. Y puede que tenga su aquél. Vinicius MVP del partido, Mbappé protagonizando un repliegue agónico aún ganando 5-0, Valverde y Camavinga jugando fuera de posición aunque sonriendo, la defensa mordiendo hacia adelante y, lo que es más, una comunión catártica con la grada.

Pero —porque siempre hay un pero— conviene no descorchar el champán prematuramente. Esta misma temporada, y aún con el tolosarra en el banquillo, ya hemos visto oasis de buen juego. En el ya remoto Mundial de Clubes vimos al equipo presionar y, al empezar la Copa de Europa, yo mismo escuché en el Santiago Bernabéu que nunca habíamos siquiera fantaseado con un juego de tal mordiente. De aquello, ya solo queda el recuerdo.

Es por eso que el partido en La Cerámica se antoja fundamental. Es necesario que la aparente mejora, entregados al vibeplaying, se manifieste de nuevo en un campo hostil y contra un equipo que viene con el colmillo retorcido en La Liga.

Resulta difícil refrenar el optimismo cuando el equipo deja un partido tan redondo, pero visto de dónde venimos, es menester brindar con cautela y esperar a una constatación mayor. Si esta es una tendencia definitiva, quedará la duda si el cambio vino por el soberano rapapolvo del Santiago Bernabéu, por el efecto taumatúrgico de Arbeloa, o por una combinación de ambos. O algún misterio más. Así es el Madrid.

Sea como fuere: calma y cordura. Comprobemos primero si el Producto Mínimo Viable desarrollado vía vibeplaying por los de Arbeloa tiene continuidad, o si fue solo un fuego de artificio.

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