Diario de un madridista confinado (día 44)
Francisco Javier Sánchez Palomares
29 de abril de 2020
Miércoles. Mañana ajetreada. Con más cosas que resolver que Florentino cuando regresó tras estar Ramón Calderón dos años solo en casa, como Macaulay Culkin. Siempre me resultó sospechosos que un ser tan cercano a la oligofrenia y a la maldad lograse ganar dos Ligas seguidas durante el reinado de Villar. Tengo la teoría peregrina de que no dudó en vender su Almax —y por ende, la del Real Madrid— al demoño a cambio de lograr títulos que saciasen su ego y lograr de ese modo pasar a la historia del equipo. Con esto no insinúo que utilizase tácticas propias del Barcelona, sino que es probable que lubricara ciertas tiranteces con estamentos deportivos no ya para favorecer, sino para evitar el freno existente contra el Real Madrid y que compitiese en igualdad de condiciones.
Recuerdo pocos personajes tan siniestros como Ramón Calderón. Espero que esta noche no encuentre ninguna cabeza de caballo en la cama. Además, iba siempre vestido como un estante de plastilina de muchos colores. Raro en un adulto que no trabaje en el circo. Dejo el tema Calderón porque veo la cabeza de caballo cada vez más cerca.
A mediodía me escapo al salón y están repiento en la televisión la final de la copa Intercotinental del aguanís de Raúl. Qué pase de Seedorf en el gol. Jugador enorme el holandés nada errante. Lástima que la economía del club estuviese peor que la de Lola Flores tras la inspección de Hacienda y fuese necesario venderlo para pagar el agua, la luz y el Canal Plus. No recordaba que Fernando Sanz evitó el empate bajo palos a última hora.
Ese partido fue por la mañana, en aquella época se solía trabajar o asistir a clase y el horario del encuentro nos vino mal a todos. Como en Japón viven boca abajo, tienen los usos horarios hechos unos zorros. He olvidado si llevamos una televisión al trabajo para verlo o salimos al bar de enfrente. Confundo este evento con el otro acontecimiento sin parangón acaecido en España desde el siglo XVII: la boda del príncipe Felipe y Letizia. Se tuvieron que casar con manguitos de lo que llovía. Ese año también me casé yo y sin embargo hizo un día estupendo. Siempre ha habido clases…
Por la tarde, un nuevo paseo padre e hija. Hoy no hace calor, así que va mejor la cosa. La peque se ha bajado un cuaderno de campo para ir recogiendo flores y pegarlas en cada hoja cono su nombre debajo. Nos proponemos la misión de conseguir romero, pero con el confinamiento no hay gitanas y recuerdo un parque cercano donde creo que hay (romero, no gitanas). Vamos al mismo y, oh decepción, no es romero, sino tomillo. Nos ha ocurrido como le sucedió al Madrid cuando quería fichar a Cafú y se trajo a Vítor. Al menos, con el tomillo podemos alinear unas buenas aceitunas.