¿Dónde pondrán el listón?
Editorial La Galerna
Iker Casillas se fue, pero sigue aquí. Parece la típica escena de cine de terror en la que unos desconocidos llegan a una nueva casa y sienten una presencia ajena. Él dijo adiós, aunque sus ‘amigos’ lo mantienen entre nosotros. Atrás quedaron los tiempos en los que nos mandaban a Londres a todos aquellos que admirábamos a Mourinho.
El problema viene ahora. Habrá un nuevo portero en el Real Madrid y deberá soportar una presión que ni siquiera imagina. Diría, incluso, que superior a la que tuvo que aguantar Diego López en su día. El gallego la sufrió por quitarle el puesto a Iker Casillas. El que venga la sufrirá por ser el primero después de.
Será observado con lupa y sus fallos se castigarán con la dureza que dibuja el rencor. Habrá comparaciones cada minuto y el nombre de su predecesor sobrevolará el Santiago Bernabéu semana tras semana. Mi duda, a día de hoy, es: ¿dónde pondrán el listón los palmeros de Iker Casillas?
Las opciones son reducidas. O ponen el listón en el Iker de 2010 o lo hacen en el de los últimos tres años. No hay término medio. El ex capitán pasó del cielo al infierno a enorme velocidad. No supo gestionar su declive y desnudó sus carencias cuando más debía proteger y mostrar sus virtudes. Todo o nada. Nunca hubo medianías con Iker. Y no las habrá a la hora de compararlo con su sustituto.
Temo que los Manolo Lama, Fernando Burgos, Carmen Colino -si vuelve de Oporto- y compañía, sitúen el listón en 2010 sabiendo que es insalvable para el nuevo guardameta. Son conscientes de que es muy difícil -casi imposible- ver ese nivel otra vez, por lo que pueden utilizarlo para engordar unos argumentos que, bien mirados, ya están caducados.
Quizá haya otros -pocos- que decidan poner el listón en el pasado más reciente, exigiendo a David De Gea, Keylor Navas o Kiko Casilla que mejoren lo que había hasta hace unos meses. Que sea valiente en las salidas por alto, que no caiga antes de tiempo en los mano a mano y que compagine talento -nunca tendrá el de Iker- con trabajo para mejorar día a día o, en el peor de los casos, no empeorar cuando se avecine su decadencia.
Sea como fuere, tendremos un baile de listones que nos obligará a pensar que cualquier tiempo pasado fue mejor. Porque si vivir la etapa oscura de Iker Casillas nos pareció duro, preparémonos para asistir a la salvaje degeneración de un amplio sector del periodismo que no habrá sido capaz de asumir su derrota. Compren extintores y acumulen toneladas de paciencia, que los incendios y la histeria colectiva están a punto de alcanzar valores máximos en torno al siempre apetecible Real Madrid.
