El acérrimo madridismo de The Kinks
Athos Dumas
The Beatles, The Rolling Stones y The Who están considerados como los tres grupos musicales más importantes del Reino Unido. ¿Quizás The Kinks, como ya he leído en algún foro, no están en ese pódium precisamente porque son los mejores?
A principios de los 80 estuve deambulando un mes entero por Gran Bretaña, con dos de mis mejores amigos, Eduardo y Pierre. Eduardo es un absoluto experto de la música pop y rock. No conozco en el mundo a nadie más avezado y connaisseur que él. Además de recorrer catedrales (Wells, Salisbury, Winchester, Carterbury), Stonehenge, Stratford-upon-Avon, Cambridge y el Lake District, nos pateamos de arriba a abajo todo Londres en busca de vinilos ilocalizables en España, desde los de Magazine hasta los de Fun Boy Three. En más de una tienda especializada nos dijeron los dueños que estaban mucho más cotizados los viejos singles y LP’s de The Kinks que los de The Beatles. Mucho más valiosos y difíciles de conseguir.
The Kinks es una banda, como su nombre indica, algo retorcida. Se podría traducir como “Los Raros” o “Los Defectuosos”. Difícil de definir. Su primer gran éxito, arrollador número 1 en 1964, es una de las mejores canciones de todos los tiempos –elegida por la BBC como “la mejor” del decenio 1955-1965–. “You really got me”, la canción quizás más madridista de la historia, una verdadera contraposición a la más convencional “She loves you” de The Beatles. Vean la letra traducida y niéguenme su madridismo rebosante:
“Chica, me has atrapado. Me has pillado tanto, que no sé ni que hacer.
Sí, me has atrapado. Me has pillado tanto que no puedo dormir por la noche.
Sí, me has atrapado. Me has pillado tanto que no sé ni lo que hacer.
Me has atrapado, me has atrapado, me has atrapado.
Mira, nunca voy a ser libre. Siempre estaré a tu lado. Chica, me has atrapado.
Me has pillado tanto que no puedo dormir por la noche”.
Me recuerda a mí mismo durante 32 años, los transcurridos entre 1966 y 1998, hasta que Mijatovic nos dio la Séptima tan deseada: yo, durante cientos de noches no pude dormir de lo pillado que estaba por la Copa de Europa, era realmente toda una obsesión y un enamoramiento fatales. Quiméricos. Imposibles. Se dice que el mismísimo Jimmy Page fue el autor del célebre solo de la canción, aunque Dave Davies siempre ha insistido en que fue él el artista.
Entre mis amigos ingleses -de mi generación- se venera mucho más a The Kinks que a cualquier otra banda. El líder de The Who, Pete Townsend, siempre los tuvo como grupo favorito e inspiradores, además de ser amigo íntimo de los hermanos Davies, sobre todo del líder y vocalista Ray.
Tras la campanada de “You really got me”, cayeron como Copas de Europa seguidas del Madrid de los 50 numerosos exitazos como “All day and all of the night”, “Tired of waiting for you” y “See my Friends”. Esta última abrió una brecha de influencia de música tradicional hindú, de la que poco después empezó a beber George Harrison para The Beatles. Aquellos primeros años de The Kinks fueron gloriosos, una época dorada en la que sus ventas se disparaban y sacaban verdaderas joyas como su tercer álbum 'The Kink Kontroversy', con canciones como “Well respected man” o “Dedicated follower of fashion”, a finales de los 60, que describen un Londres psicodélico y feliz, muy del estilo del Madrid yéyé. Su “Sunny afternoon” desbancó del número 1 nada menos que al hit beatle de McCartney, “Paperback writer”: nada más madridista que una tarde soleada en Chamartín, con las mocitas madrileñas, alegres y risueñas porque juega su Madrid.
Se dice, y está documentado, que la canción favorita de John Lennon durante un tiempo fue “Wonderboy”, escrita en 1968. Aún antes de llegar a la década de los 70 caerían temazos como “Waterloo Sunset”, “Autumn Almanac” y su excelente álbum “The Kinks are the village green preservation Society”, que no fue acompañado por grandes ventas. Al poco tiempo, ya conocidas las desavenencias entre los hermanos Davies, Ray y Dave, el bajista Pete Quaife decidió abandonar la banda y fue sustituido por John Dalton. El cuarto miembro de los inicios, el baterista Mick Avory, pese a algunos incidentes incluso en público con Dave Davies, permanecía en el grupo, mientras Ray sufría múltiples altibajos en su carácter debido a su cierta bipolaridad y a sus depresiones por problemas familiares. Era quizás la época de la digestión de unos éxitos sin parangón, en la que The Kinks estaban madurando a base de sinsabores, como el Madrid, que heredó una época gloriosa tras conquistar 6 Copas de Europa y tuvo que seguir sobreviviendo tras un pasado incomparable y dorado.
“Lola”, en 1970, marcó ciertamente un cambio en la discografía de The Kinks, con una historia entre un hombre y un travesti que escandalizó a media Inglaterra. Y, aun así, el grupo seguía teniendo éxito y marcando tendencia musical, y su fama volvió a resurgir a finales de la década de los 70, con numerosos grupos que siempre recalcaron la influencia que tuvieron sobre ellos The Kinks: The Jam, Van Halen, The Knack y The Pretenders. Esta última banda, liderada por la gran guitarrista de Ohio, Chrissie Hynde, siempre se consideró heredera de The Kinks, hasta tal punto que Chrissie se enamoró de su ídolo Ray y acabaron por ser cónyuges y tener una hija en común, Natalie Hynde. Uno de los primeros éxitos de The Pretenders, de hecho, fue un viejo tema de Ray de 1964, “Stop your sobbing”.
En los primeros años de relación con Hynde, Ray recobró la alegría y la energía de los 60 y compuso, entre otras, “Come dancing” –una deliciosa, divertida y pegadiza (en definitiva, puro Real Madrid) melodía que nos hizo bailar a todos los veinteañeros de la época–, que hizo regresar a The Kinks a los primeros puestos de superventas tanto en Reino Unido como en Estados Unidos, o a abarrotar conciertos, como el célebre del US Festival de San Bernardino en California en 1982, al que asistieron, batiendo récords como nuestro Madrid, más de 205.000 espectadores.
Como bien sabe mi jovencísima amiga y compañera de redacción galernauta Lucía Corregel (@yosoyvilulu), la mejor música pop jamás compuesta es la que va de los 60 a los 80, y en la que no tienen sitio bandas de arribistas culés como Coldplay, R.E.M. o similares. Y entre los top de los tops se encuentran The Kinks, a medio camino entre el rock, el rhythm & Blues, el country y el music hall británico (o sea el contrataque, la posesión, el talento y la elegancia, no el aferrarse a un pensamiento único como los recién llegados tipo Barça), un grupo legendario a veces minusvalorado por gente ignorante y poco cultivada, capaz de seducir a públicos de Europa, América y Oceanía, muy internacionales pero sin perder jamás su genuino sabor británico (en especial en sus letras a veces tan costumbristas y localizadas, so British), imperfectos como buenos humanos (no como los equipos supuestamente perfectos venidos de la otra punta de la galaxia), de ahí las proverbiales peleas entre los hermanos Davies que ríanse ustedes de las de los Gallagher.
Integrantes del exclusivo Rock and Roll Hall of Fame desde 1990, segundo grupo británico que logró ese hito tras The Who. En 2005, Ray Davies fue nombrado "indiscutiblemente como el compositor de rock más culto, inteligente y perspicaz de la historia”, sobre todo por la calidad de sus letras, cuando The Kinks entraron en el United Kingdom Rock and Roll Hall of Fame.
Davies, aficionado al fútbol y fan del Arsenal, como su amigo el cantante de The Who, Roger Daltrey, es sin duda –y aun lo ignora– el líder de uno de los grupos más genuinamente madridistas de todos los tiempos. En la ceremonia de clausura de los Juegos Olímpicos de Londres 2012, llegó al estadio en un típico taxi londinense para cantar su “Waterloo sunset” justo tras las Spice Girls y antes de los chavalines de One Direction. Al acabar de cantar, se volvió a montar al taxi y le pidió al chófer que lo llevase a tomar pintas a su pub favorito del West End. Madridismo de quilates.
