¿El adiós de Gareth Bale, Keylor Navas y Lucas Vázquez?
Pepe Kollins
Ya solo le quedan siete días de suplicio al madridismo. Han sido dos meses agotadores, con la temporada terminada a principios de marzo, con el peor bagaje de puntos de los últimos 20 años, con la peor cifra goleadora del siglo, con 17 derrotas a tan solo una del segundo peor registro de la historia del club. No ha sido un año aislado. Sí, este equipo venía de ganar una Champions, pero también tomaba el relevo de otra liga perdida, la temporada pasada, a 17 puntos del campeón y de otra injustificable eliminación de Copa frente al Leganés. Un declive que apuntaba desde hace más de dos años y que en este se ha pronunciado de forma alarmante.
Pero si la caída ha sido estrepitosa no ha sido solo por la profundidad del fondo alcanzado sino también por la altura desde la que se precipitaba: la de un equipo que se ha consagrado como uno de los mejores de la historia del club más laureado del mundo. Y ahora, en esta semana de alivio, que pone término al desgaste continuado, converge también un sentimiento contrapuesto, ante la posibilidad de ver por última vez con la camiseta blanca a algunos de los que fueron protagonistas de este periodo glorioso.
Es difícil despedirse así. Pero cabe preguntarse si es peor no decir adiós o, si lo prefieren, un hasta luego o un hasta siempre, pero algo. Lo que se antoja muy amargo es poner fin a una relación, en este caso unas cuantas, de esta forma tan desgarradoramente fría. Como si entre esa afición y esos futbolistas no hubiese pasado nada. Simplemente irte sin mirar atrás y al volver, al curso siguiente, encontrarte que la habitación de ese ser querido está vacía. Que él se fue sin recibir un gesto de cariño, de agradecimiento, como si todo lo que hubiésemos vivido juntos fuera la amargura de este final.
Pero lo cierto es que va a ser difícil que no sea así. Ya lo hemos vivido en el pasado con leyendas del madridismo que se fueron sin el honor que les correspondía. Como sucede ahora, en casi todas esas ocasiones el homenaje no fue posible por una inoportunidad contractual. Pese a que la salida de dichos jugadores parecía definida bastante antes del término de la temporada nunca hubo un acuerdo, entre estos y el club, que sellase la marcha hasta semanas después de haber finalizado el curso. En aquel momento, como ahora, simplemente no fue posible despedirse porque formalmente no había nada que despedir. Lo que cabe preguntarse, por tanto, es por qué se llega a esta indefinición a estas alturas.
Resulta doloroso comprobar la despedida que brindó ayer el Atlético de Madrid a Diego Godín, con el Wanda a rebosar llorándole, con todos los trofeos ganados en el centro del campo, un vídeo homenaje en el marcador, sus compañeros dedicándole unas palabras y su familia llegando por sorpresa desde Uruguay. Algo parecido a lo que hizo el Barça con Xavi o Iniesta. No veremos nada parecido con Gareth Bale, con Keylor Navas y quién sabe si hasta con Lucas Vázquez, jugadores que han rebosado las vitrinas del Real Madrid de títulos y con los que hemos vividos algunas de las emociones deportivas más intensas de nuestras vidas.
Todos intuimos que para esos jugadores – cuando menos dos de ellos seguro – será su último partido con el Real Madrid, o quizás ni eso. Puede que su oposición a marcharse – ya sea por convicción o por sacar una ventaja contractual en la posible venta a un tercero – obligue a Zidane a no alinear a esos jugadores, a bien de dejar clara su posición con respecto a ellos.
En caso contrario, si finalmente jugasen contra el Betis, podría ser la propia afición quien les brindase ese homenaje espontáneamente, aunque ellos, de primeras, no se dieran por aludidos. Algo parecido a lo que protagonizó Hazard ayer con la afición del Chelsea que le ovacionó, al término del partido, mientras el belga correspondía aplaudiendo a la grada, sin confesar el motivo, aunque todos, el futbolista y los hinchas, supieran de qué se trataba aquello. Pero queda la duda de si el Bernabéu, un estadio que tiende a tomar las riendas de la planificación deportiva a golpe de silbido, reaccionaría, pongamos con Gareth Bale, igual que la afición del Chelsea o si, por el contrario, lo que haría sería fustigarlo a silbidos para que quien corresponda tomase nota de su veredicto.
Decir adiós, hacerlo como Dios manda, casi siempre fue – salvo excepciones como la del propio Zidane - una asignatura pendiente en el Real Madrid por parte de todos: del club, de los jugadores y de la afición. No estaría de más poner un poco, por parte de todos, para cambiarlo.
Por de pronto, esta semana será la última de algunos de los mejores jugadores de la historia del club. Tomemos conciencia de ello. Estamos a tiempo.
