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Destacados·15 de febrero de 2024

El año que vivimos negreirosamente

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La Galerna

Buenos días, amigos. Se ha cumplido, se cumple hoy, un año del momento en que fuimos conocedores del caso Negreira, y en cierto modo es como si no se hubiera cumplido ni un solo día. Estamos exactamente donde empezamos. Cada día aparecen nuevas revelaciones, pero ninguna supera la enormidad de lo revelado al principio, lo cual se enuncia como sabéis: el FC Barcelona pagó, durante un mínimo de 17 años, al número dos de la organización arbitral con el objetivo evidente (en ausencia de ninguna otra explicación convincente) de procurarse arbitrajes favorables —el propio José María Enríquez Negreira, vicepresidente arbitral, lo admitió ante la Hacienda Pública utilizando el desatinado eufemismo "búsqueda de neutralidad"—. Nos hemos acostumbrado a la enormidad de este enunciado.

Reaccionemos contra ese acostumbrarse.

Negreira

Un año, amigos. No ha pasado, no pasa y no va a pasar nada. Abandonad toda esperanza. El Barça se valió de su hombre-bisagra en el gobierno, Albert Soler, para dejar prescribir en el ámbito de la justicia deportiva el ominoso crimen culé, y ahora estamos pendientes de los desesperantes tiempos y procedimientos de la justicia ordinaria. El juez instructor está dejando pocas dudas sobre la magnitud de la estafa urdida durante décadas por el FC Barcelona, que corrompió en su beneficio al estamento arbitral. Pero el juez instructor no será quien dicte sentencia final, y es un juez por cuya implicación en otros casos fuertemente políticos cuenta con todas las papeletas para que su labor caiga en saco roto. Tanto si finalmente se juzga al Barça por cohecho como si se hace por soborno/corrupción, el caso tiene todas las trazas de acabar con una multa al club y algunas encarcelaciones que no servirían de reparación moral a los agraviados, a las víctimas del fraude, entre ellos, y de manera muy destacada, el Real Madrid.

Lo único que serviría de cierta reparación moral es la desposesión de los títulos logrados durante el negreirato. El Real Madrid no quiere para nada esos títulos. Deberían quedar desiertos. De este modo, en el futuro, los niños preguntarían a sus padres por la existencia de ese vacío de campeones, y los padres no tendrían más remedio que hablarles de Negreira. La historia del Barça quedaría así oficialmente emborronada por su asqueroso y continuado atentado contra la limpieza de la competición. Oficialmente, decimos, porque de facto ya lo está. El palmarés del Barça en los años del negreirato vale lo mismo que el palmarés de Lance Armstrong en los años del dopaje.

Se ha cumplido, se cumple hoy, un año del momento en que fuimos conocedores del caso Negreira, y en cierto modo es como si no se hubiera cumplido ni un solo día. Estamos exactamente donde empezamos

Las posibilidades de que eso suceda son mínimas, y se pierden en la larga línea del porvenir. Tendría que darse una sentencia de inusitada dureza por parte de la justicia ordinaria que obligara a la FIFA a tomar la medida de la desposesión de los títulos. Sólo la FIFA puede hacer eso y, aunque hay precedentes, se nos antoja altísimamente improbable.

No hay pues, solución, ni opciones fundadas de que se produzca una justicia que sirva de mínimo desagravio a tanta ilusión traicionada en millones de seguidores del fútbol que ahora miran atrás y lamentan su propia ingenuidad. Aunque algunos, a los que llamaban conspiranoicos, mirábamos las aberrantes estadísticas arbitrales y asegurábamos que algo pasaba, la mayor parte de los aficionados vivían en la inocencia. Esa inocencia truncada, emputecida, que afecta también a los seguidores más jóvenes del fútbol, nadie la va a devolver. Nadie va a haber absolutamente nada por ofrecer una mínima reparación moral a lustros y lustros de fraude.

¿Qué queda entonces por hacer? Seguir contándolo. Recordarlo. Incidir día a día en el estigma ético que debe acompañar para siempre al FC Barcelona y al sistema arbitral que espuriamente se compraron, sistema arbitral cuyos protagonistas permanecen en sus cargos a pesar de ser todos, uno por uno, hijos putativos del negreirismo.

El palmarés del Barça en los años del negreirato vale lo mismo que el palmarés de Lance Armstrong en los años del dopaje

A nosotros sólo nos queda seguir llamándolos tramposos y corruptos a diario, porque nuestro derecho a la indignación no hay Albert Soler que lo haga prescribir.

Como podéis intuir, ninguna de las portadas del día hace alusión alguna al cumplimento de esta efeméride aciaga. ¿Qué se puede esperar de una prensa deportiva cuyo afán respecto al BarçaGate, salvo honrosas excepciones, se reduce a dejarlo pasar para que se olvide?

No se va a olvidar. No mientras muchos aficionados amantes de un fútbol limpio, La Galerna incluida, estén aquí para llevar la antorcha. No dejaremos que se olvide.

En modesta señal de protesta por la ausencia de comentarios en las portadas sobre esta efeméride, no vamos a comentarlas. Os las dejamos para que las veáis.

Pasad un buen día.

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