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Destacados·22 de febrero de 2024

El Barça se cree que jugó bien

L

La Galerna

Buenos días. El FC Barcelona empató (1-1) en Nápoles, y lo mejor de todo es que se cree que jugó bien. El resultado no es malo, por cuanto parece improbable que el actual Nápoles, que ayer fue incapaz de hilvanar una sola jugada digna de llamarse tal excepto la cosa trompicada de su gol, tenga fútbol suficiente para ganar en Montjuic. A pesar de la empalagosa autoindulgencia de Xavi, sin embargo, el Barça tiene poco, poquísimo de lo que presumir.

Portada Mundo Deportivo

"Poco premio", se lamenta Mundo Deportivo, en la línea plañidera del entrenador de la institución por la que bebe los vientos. Xavi declaró al final del partido que habían jugado divinamente, como siempre, pero que "el marcador no estaba de acuerdo". Hay una larga historia de acritud entre Xavi y el marcador, una que no vamos a descubrir ahora. De todos modos, ¿para qué quiere Xavi que el marcador le dé la razón? A los hombres que se visten por los pies les basta con la satisfacción interior de saberse en lo cierto. No necesitan el refrendo veleidoso de los acontecimientos. Mal, muy mal el marcador no dando la razón a Xavi, pero no es esta la variable que debe incumbirnos. Tanto el Big Data como el Equipo de Opinión Deportiva Sincronizada consideran que el Barça brilló. Pues de eso se trata, hombre, de eso se trata. Poco importa si has mostrado la robustez de un hilillo de moco de alergia a las gramíneas y te ha reventado Osimhen en una ocasión que no era ni ocasión. Cualquiera, absolutamente cualquiera puede hacer daño a un equipo tan radicalmente desprovisto de alma como este Barça. Aunque, en nuestra modestísima opinión, este concepto también entra dentro de lo que se tiene (o debería tenerse) por jugar bien o mal, habrá que asumir qué poquísimo importa nuestra modestísima opinión. ¿Cómo va a importar, si hasta la mismísima Central Lechera (jajajaja) se rinde ante el majestuoso empate culé frente a un equipo que, tal y como jugó ayer, a duras penas se mantendría en la Primera División española?

Marca

¿Veis? Dice Marca (¡Marca!) que el Barça fue "muy superior" a los italianos, y que le faltó "colmillo". Si bien en efecto no les vendría mal una visita el cementerio de elefantes de Rupert Sheldrake, para arramblar con lo que pillaran, les falta muchísimo más.

¿Queremos con esto decir que el Barça jugara mal? No exactamente. No hizo mal a nadie, como no lo hace el muzak que suena en el hilo del ascensor de unos grandes almacenes cuando vas a la planta de menaje. No por no tener espíritu ni entidad alguna vas a denunciar a según quién al Tribunal de la Haya. Hace falta más enjundia, más peso específico del que tiene este Barça para jugar mal, para jugar feo. La maldad comporta unas ciertas dosis de importancia, como la fealdad. No hay sustancia suficiente en el Barça para que pueda jugar feo, para que pueda jugar mal.

De manera que los pupilos de Xavi no jugaron exactamente mal porque no existen lo suficiente como para hacerlo, no son ni están en grado suficiente como para siquiera meter el pie en el vano de la puerta de los que juegan mal. Hace falta ser alguien para jugar mal. Este Barça no "es", en el sentido riguroso del término, de igual manera que no llega a ser la versión chill de un clásico del rock que te han puesto en el lobby del hotel. ¿Te molesta? No, porque para molestar hace falta alguna esencia, alguna talla. Alguna magnitud. Eso, o la falta de todo eso, fue el Barça de anoche.

Sport

Sport habla de "paso adelante", y pone como ejemplo de lo bien que estuvo el Barça el hecho de que el disparo certero de Osimhen fuese "el único tiro a puerta". ¿No comprenden que precisamente es este hecho el que mejor ejemplifica lo inanemente mal que jugó el Barça? Hablamos de esa manera de jugar mal tan fútil y ligera que no llega casi, como explicamos, ni a poder llamarse jugar mal, pero que en todo caso no sirve absolutamente para nada. El Barça es, sobre el terreno de juego, manierismo vacuo, María Antonieta deslizándose sin afán por los pasillos de palacio sin saber que la revolución ha puesto precio a su cabeza, o hasta puede que ya se la haya seccionado y lo que pulula sin propósito ni sentido por Versalles es el ánima de la lagartija, decapitada en orgullo, en prestigio, en relevancia. El Barça no es nada.

Y ¿cómo va a ser algo, cuando se compró el sistema durante un mínimo de dos décadas y el sistema ni siquiera le castiga? Eso sí que es no existir, y quien no existe institucionalmente, por mor de la laxitud que se le aplica a sus crímenes, ¿cómo va a existir sobre el campo? El Barça no volverá a existir sobre la cancha hasta que no haya pagado por sus delitos, y todo lo demás, hasta ese momento, es farfolla, hojarasca, hache sin aspirar. El sistema y el Barça se han creído que en el no pagar por sus culpas está su salvación, cuando el no hacerlo no hace sino sumirles más y más en la falta de entidad. Sobre la cabeza de los jugadores del Barça —de estos y de todos los que vendrán— pende una maldición moral. Sus jugadores saben que deberían estar en Segunda B, y aunque hacen como si esto no les influyera arrastran el mal karma de un pecado original que jamás será redimido.

Así, no juegan ni bien ni mal, sino que languidecen en su propia iniquidad no castigada. Así lo harán hasta el fin de los tiempos.

Os dejamos con As y Mbappé.

Pasad un buen día.

As

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