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Opinión·4 de septiembre de 2019

El Caos del Real Madrid

A

Athos Dumas

Una de las mejores películas del gran Akira Kurosawa (autor entre otras muchas, de obras maestras como “Los siete samuráis”, precursora de “Los siete magníficos”, “Yojimbo”, inspiradora clara de “Por un puñado de dólares”, “La fortaleza escondida”, madre de la saga de “Star Wars”, y tantas otras como “Barbarroja”, “Rashomon”, “Dersu Uzala” o “Kagemusha”) es una de las últimas que filmó, allá por 1985, que tituló acertadamente como “Ran”, que en japonés significa más o menos “Caos”.

Inspirada en “El rey Lear”, de William Shakespeare (Kurosawa era un enorme admirador del bardo de Stratford-upon-Avon y ya adaptó, a la japonesa,  en los años 50, un espléndido “Macbeth” titulado en España “Trono de sangre”), “Ran” o “Caos”, podría definir en cierto modo el verano que hemos sufrido muchos madridistas con los no supuestos fichajes, las no salidas del club, las absurdas portadas analizadas a diario en nuestros Portanálisis, las trolas lanzadas como globos sonda en los distintos Chiringuitos televisivos y radiofónicos, todo ello bien condimentado y aderezado con los megáfonos estridentes del madridismo de redes sociales, el célebre y tantas veces insufrible Twitter Madrid.

“Ran” o “Caos”, podría definir en cierto modo el verano que hemos sufrido muchos madridistas

La cuestión es que en el madridismo jamás hay unanimidad, ni siquiera cuando se logra el hito histórico de alzar tres Champions consecutivas. Siempre hay críticas desagradables, cogorzas infinitas de avinagramiento, y nunca faltan riadas de mala uva a cada minuto.

Nunca se sabe cómo acertar con esta “afición”. Este año, los deberes se hicieron en junio en forma de las llegadas – en su momento, bastante bien recibidas – de Hazard, Mendy, Jovic, además de la de Militao, cerrada en marzo, y la de Rodrygo, a quien ya se ató a finales de 2018. Pues bien, hacer los deberes con antelación es igual de malo para mucha gente que, por ejemplo, traer el último día de mercado a un Gareth Bale o a un Ronaldo Nazario. Fichar a principios de julio está mal visto, como también lo está comprar jugadores a mediados de agosto. Cualquier fecha y cualquier compra es un error y un motivo de queja y de manifestaciones obscenas y maleducadas.

Cualquier fecha y cualquier compra es un error y un motivo de queja y de manifestaciones obscenas y maleducadas.

En el film de Kurosawa, el personaje del “Rey Lear” nipón es un noble feudal llamado Hidetora Ichimonji, que, ya entrado en años, decide repartir el control de sus posesiones entre sus tres hijos, Taro, Jiro y Saburo (en la versión de Shakespeare, el reparto lo hacía Lear entre sus tres hijas, Gonerilda, Regania y Cordelia). No vamos a contar ni la obra del gran Shakespeare, ni el argumento de “Ran”, pero el caso es que, a raíz de la partición de los bienes del patriarca japonés, se desencadena un auténtico tsunami entre el padre y sus herederos, con guerras entre ellos, traiciones, alianzas, intrigas y desenlaces inesperados.

Visualmente, la película de Kurosawa es maravillosa, ya que al asociar un color a cada uno de los hermanos (el amarillo para Taro, el rojo para Jiro y el azul para el más joven, Saburo), más el color blanco propio del patriarca Hidetora, nos encontramos que en cada escena bélica o en las escenas de las negociaciones y de las intrigas, el contraste y la mezcla entre los tres colores, unido a los maravillosos paisajes de la isla nórdica de Hokaido, hace que cada fotograma sea una obra de arte, un lienzo multicolor digno del mejor de los pintores impresionistas.

Pero, a su vez, la impresión del caos permanente crea una verdadera confusión al espectador, que asiste a un espectáculo único y desconcertante, visualmente impagable (ganó el Oscar a la mejor Dirección Artística).

Más o menos como lo que hemos vivido en las últimas semanas en las redes sociales: peleas dialécticas - por ser generosos - entre todo tipo de “clanes”: seguidores de Keylor, odiadores de Bale, anti-zidanistas, mourinhistas, ramistas, antiflorentinistas, oficialistas, piperos, ortodoxos, ultras y cientos de tribus más. Al final hay extrañas alianzas y pactos contra natura, gente que defiende lo indefendible y que ataca lo inatacable, creando una atmósfera caótica en la que es difícil comprender nada.

peleas dialécticas entre todo tipo de “clanes”: seguidores de Keylor, odiadores de Bale, antizidanistas, mourinhistas, ramistas, antiflorentinistas, oficialistas, piperos, ortodoxos, ultras y cientos de tribus más

En la película “Ran”, es el personaje del bufón de Hidetora Ichimonji, insisto, el bufón Kyoami - el “fool” en inglés shakespeariano -, quien pone algo de coherencia dentro del desbarajuste generalizado. No es de extrañar pues que más de uno - y de dos -personaje(s) protagonista(s) - no desvelaremos cuáles -, según va evolucionando la acción va(n) perdiendo paulatinamente el juicio ante tanta confusión creada por unos y otros.

 

Sinceramente, a mí me cuesta entender el grado de histerismo al que estamos llegando dentro del madridismo. La temporada pasada fue desastrosa y la que está iniciando va con mal pie, sin duda. Pero para algunos que hemos visto pasar 32 años sin oler ni de lejos una Copa de Europa,  llegar a estos niveles de contaminación acústica y cibernética cuando apenas hace 15 meses y una semana estábamos pegando botes - al menos este humilde escribidor - tras conquistar la 13a en Kiev, dan ganas de perder el norte y algunos tornillos, y dedicarnos a contemplar otro tipo de eventos deportivos que afecten menos a las emociones cerebrales: la gimnasia rítmica, el bádminton, los bolos montañeses o el lanzamiento de jabalina.

Todos tenemos nuestras preferencias, algunos habríamos querido, por ejemplo, reforzar el centro de nuestra zaga, otros hubiesen querido que Kubo se quedase en la primera plantilla, y a otros les hubiese gustado jubilar a más de uno de los veteranos. Hay decisiones que se han tomado que han sido dificilísimas de entender y de digerir. Pero, sinceramente, no es de recibo esta jaula de grillos que se forma cada día entre el madridismo. En eso, también, como en las victorias, somos un club excepcionalmente singular.

sinceramente, no es de recibo esta jaula de grillos que se forma cada día entre el madridismo. En eso, también, como en las victorias, somos un club excepcionalmente singular.

El caos, la incoherencia y la inexistencia de tener un plan conduce a la desintegración y a la frustración. Sigo pensando que hay un plan. No caigamos en guerras fratricidas como la del clan Ichimonji. Bastante tenemos con hacer frente a nuestros enemigos y rivales naturales, que disfrutan como nadie con nuestras diferencias.

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