El cuento de nunca acabar
La Galerna
Pasen y vean, niños y niñas. Dejen fuera el pasado y abran sus mentes a las posibilidades más ignotas e inciertas. Si la ficción tiene que ser verosímil, a la realidad le basta simplemente con ser, aunque resulte increíble para toda persona cabal. Pero muera lo cabal. There's no business like show business, y en el fondo (es decir, con todo el poder de la superficialidad) nuestra querida prensa deportiva no es sino una variante -algo chusca, lo reconocemos- de ese show business, donde lo más cotizado es lo de siempre (y más ahora, que estamos en Semana Santa): ascensos y caídas, salvaciones y condenas, tan eternas como precise el show, el relato, el cuento, el papel couché.

No descarten, por tanto, que el atleta metido a jugador de fútbol conocido, en el mejor de los casos, como Gareth Bale sea ahora periodísticamente (?) ensalzado como pieza fundamental en las horas decisivas. No descarten que Zidane decepcione a los hacedores de portadas si no cuenta como titular en Turín con el jugador más caro de la Historia de la Humanidat, con el jugador menos aprovechable de la Historia del Madrit, con ese corredor de fondo herniado, con ese galés que no habla español. Es lo que tiene la farándula y el mercadeo. Hoy eres una rémora y mañana eres el elegido. Hoy -un hoy que ya viene durando años- eres un fichaje más innecesario que caro y mañana eres lo que a nosotros nos dé la gana, que para eso somos creadores de opinión, aunque, como todo el mundo sabe, el lector piensa lo que él quiere, pues nosotros solo informamos, ejem, según estrictos códigos informativos y bla bla bla.
Así pues, niños y niñas, asómbrense porque puede darse el triple tirabuzón que deje en paños menores a la mujer barbuda, al mono que toca la guitarra y el hombre bala. Puede darse que, de no jugar Bale en Turín, Zidane sea puesto en la picota por una razón nueva, aunque en el fondo sea la misma de siempre: la de poner en la picota todo aquello que proceda del Real Madrid hasta el infinito y más allá, porque el periodismo (?) nos ha hecho así.
¿Pedir disculpas por haber condenado antes de enjuiciar? Nada, nada, miel sobre hojuelas. Aquí no ha pasado nada. Isco no juega con Zidane, Bale solo corre y se lesiona, Cristiano está ya en decadencia, Florentino caca y que siga el circo de ciudad en ciudad sin salir de las redacciones de Madrit.

En Barcelona, en cambio, no son tan dados al sublime arte del espectáculo, con sus vaivenes y veleidades. Allí simplemente se pasan el día en su particular iglesia. Se encierran en la sacristía de su ombligo y cantan alabanzas no con rosario, sino al nacido en Rosario, ese trasunto moderno de Belén. Lo ponen todo perdido de olor a incienso sus portadas messiánicas, pero valga el tufo para no llegar a saber, para ni siquiera acertar a atisbar (oh, no, por favor) que más allá del hacer del rosarino solo hay un buen equipo sin más. Eso en nuestro pueblo se llamaría dependencia, pero ya se sabe que nuestro pueblo es seco y prosaico, terrenal, nada estilizado, poco beato.
El relato allí tiene que ser otro para que sea soportable, o mejor, para que sea vendible, para que la caída en el olvido de aquello que los bienaventurados llamaron tiki-taka no escueza, para que la caída en desgracia de aquello que los mansos de espíritu llamaron cantera contra cartera no duela en el recuerdo, para seguir siendo los más guapos del mundo a fuerza de capas y capas de maquillaje. Espejito, espejito.