El doble rasero con Sergio Ramos
Ramón Álvarez de Mon
El madridista ha perdido ya la sana capacidad de asombrarse ante el trato mediático dispensado a su equipo en lo relativo al arbitraje. Jornada tras jornada, año tras año, se repite la misma dinámica que coloca al conjunto blanco en medio de la diana periodística. Como subproducto de ese trato, al aficionado medio sólo le llegan las jugadas arbitrales que la opinión periodística ha decidido que han sido en favor del Madrid.
A veces no hace falta ni eso; un buen ejemplo fue el gol anulado al Sevilla por bloqueo sobre Militao en un córner. El reglamento era claro en cuanto a lo acertado de la decisión, pero ni siquiera eso detuvo las críticas periodísticas que apuntaron a un nuevo trato de favor hacia el Madrid por lo extraño de la norma que invalidaba el gol. Poco importaba que posteriormente se le concediese un gol ilegal al Sevilla, VAR mediante, por mano de Munir: el Madrid había salido favorecido y Monchi era la víctima.
Semanas antes, durante el Clásico, el Madrid se vio privado de la concesión de dos penaltis meridianos. A pesar del esfuerzo de algunos opinadores que trataron de hacerse oír en las tertulias, pronto quedaron sepultadas en el olvido las meridianas jugadas. Daba igual que los antecedentes arbitrales entre ambos equipos fuesen bastante escandalosos, “el Madrid no tiene derecho a quejarse”. Sin embargo, sé que pronto se volverá a hablar en cualquier tertulia del famoso penalti a Pepe en Elche a pesar de que hayan pasado ocho años y no significase ningún título.
Esta jornada no ha sido una excepción. Los ecos de la entrada de Ramos se propagan aún firmes por las tertulias mientras que la clarísima expulsión perdonada a Sergi Roberto ha pasado a mejor vida. Desde el principio se empezó a difundir por las redes la imagen, lógicamente estática, de la entrada de Ramos sin atender a lo que había ocurrido antes, que no era otra cosa que el camero había sacado limpiamente el balón a ras de suelo, lo había impulsado y con la inercia había golpeado con los tacos a Rubén García, que no se debió sentir demasiado agredido puesto que ni protestó.
Tampoco lo hizo un estadio que acostumbra a ser hostil con el Madrid en general y con Sergio Ramos en particular, como después demostró. Aranaiz, delantero de Osasuna, fue preguntado por la acción después del encuentro y no supo qué contestar porque ni la recordaba. Se puede discutir si Ramos podría haber limpiado el balón empleando menos fuerza en ello o tratando de plegar antes la pierna, pero la petición de expulsión mediática sólo llegó tras la difusión de la imagen estática, ya que el vídeo de la jugada no resistía la manipulación.
En el mismo encuentro, Nacho Vidal realizó una entrada peligrosísima a Valverde que no mereció la reprobación de la crítica, a pesar de ser mucho más merecedora de la expulsión. Tampoco estaban allí los guardianes de la moral para denunciar la “feísima” (marca.com dixit) entrada de Íñigo Pérez a Lucas Vázquez.
El Madrid había sido favorecido y no dejarían de repetirlo los siguientes días, aunque horas después Sergi Roberto realizase una entrada dura y con tijera añadida que no mereció, a juicio del árbitro, la segunda amarilla. En ese momento, el Barcelona perdía 2-1, y de haberse quedado con diez jugadores se le habría puesto muy difícil seguir enganchado a la Liga. Incluso antes, reglamento en mano, Lenglet posiblemente debió ver la roja al interceptar un tiro con destino a la portería y encontrarse por detrás del punto de penalti. Iturralde, nada dudoso en su amor al Madrid, lo aclaró en la SER, pero nadie pareció tomar nota. El clarísimo penalti no señalado a Messi con el partido sentenciado brindó la ocasión de hablar de un pésimo arbitraje con reparto de errores. Poco importaba la jerarquía de los mismos. El tema estrella de la semana ya había sido definido: "Vamos a hablar de la impunidad de Ramos olvidando que es el jugador más expulsado de la historia de la Liga, y obviando que nunca ha sido expulsado con nuestra querida Selección".

