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Destacados·17 de febrero de 2024

El efecto Tebas

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Pedro Centeno

Cuentan las crónicas de la época que cuando el faraón Horemheb tomó el poder en las Dos Tierras decidió arrasar la memoria del faraón hereje, por su propia seguridad y en alabanza a la glorias del eterno Amón. Estatuas, papiros, relieves y homenajes de todo tipo fueron sañudamente eliminados con tal afán que se produjo la gran paradoja: el interés por Akenatón entre los investigadores creció tan sensiblemente que hoy en día sabemos más del faraón de Atón que de las cuentas del fútbol español.

Es este, galernauta que me lees, uno de los primeros ejemplos conocidos del efecto Streisand, que, como todo el mundo sabe, es la traducción pija de ir por lana y salir trasquilado. Suele ser tal el caso; cuanto más interés tiene el inmoral en que no haya rastro de sus fechorías, más ganas de descubrirlas, por una elemental cuestión de salud, puesto que la basura huele mal.

Cuanto más interés tiene el inmoral en que no haya rastro de sus fechorías, más ganas de descubrirlas, por una elemental cuestión de salud, puesto que la basura huele mal

Viene esto a cuento de que Javier Tebas pretende denunciar al Madrid por los vídeos en los que se señalan las corruptelas y fregados varios del fútbol español, ese patio de monipodio donde avalistas del club de los valors gestionan el VAR pero la culpa es de los demás, donde clubes del pueblo (del pueblo de al lado, vale decir) cobijan en su seno a los que les amenazan durante los entrenos, donde manijeros de medio pelo atizan al Madrid desde las ondas y las columnas de periódico con la murga de que tito Floren maneja los hilos.

Digamos barbaridades

De verdad que estoy deseando que suceda. Lo de los juzgados, quiero decir. Llevo tantos años de amenazas, insultos e impunidad arbitral que ya me da igual ocho que ochenta, de hecho mi sueño húmedo es ver desfilar por los juzgados a quienes han convertido una de las mejores ligas del mundo en una partida de póquer —de sótano de pueblo y copa de Fundador— donde las trampas sólo las hacen ellos. Quizá sea mucho esperar, pero deseo con toda mi alma que la denuncia, si por fin se materializa, sirva para que de una vez por todas sepamos quién es el malo de la película. Quién sabe si mis horas leyendo a Dumas y viendo películas del Oeste han torcido mi entendimiento, pero me encantaría ver a un Spencer Tracy de la vida ponerle las peras al cuarto a tanto tahúr con traje de Armani.

Denos el gusto; yo por si acaso, voy a por palomitas.

 

Getty Images.

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