El eximio traumatólogo Tomás Roncero
La Galerna
Hola a todos. Las portadas deportivas madrileñas del día reflejan el estupendo triunfo de España en el mismo estadio en el que el Madrid se proclamó campeón de Europa por Duodécima vez, en el que nuestro colaborador Antonio Escohotado calificó como “el mejor partido de la historia del fútbol”. El de ayer no llegó a tanto, pero lo cierto es que la selección desplegó un gran fútbol frente a una impotente Gales. La afición galesa celebró el gol del honor de su combinado como si fuera el del triunfo en un Mundial, lo que da idea de su consciencia de la magnitud del rival.

Con todo. ni As ni Marca se hacen eco de lo verdaderamente relevante, que curiosamente aconteció en el descanso del partido. Gareth Bale, quien no jugó por precaución, compareció sin embargo en el intermedio para recoger un premio de la Federación de su país. Dicha comparecencia confirmó las más oscuras sospechas, porque Gareth Bale no habría podido nunca recoger ese premio si no estuviera en Cardiff. Por tanto los rumores son ciertos, por pavorosos que resulten: Bale está en Cardiff. Procede solicitar la extradición y encarcelarlo sin dilación en Soto del Real.
Puede parecer excesiva nuestra petición, pero lo único que hacemos es avanzar un poco más en la línea marcada por la querida prensa patria en los últimos días. Dicha prensa ha experimentado una escalada anti-Bale que habría hecho palidecer de envidia al mismísimo Puigdemont en sus más dorados días de escapada interraíl. La cacería contra “el coletas”, como respetuosamente le llama Manolo Lama entre gol decisivo y gol decisivo de Bale en finales de Champions League, ha alcanzado estos días caracteres kafkianos, kafkianos en el sentido literario del término: ha sido como El proceso pero con Roncero al frente.
Roncero: “Si Bale no tenía nada, (...) me puede alguien explicar por qué pidió el cambio en el descanso del derbi y no viajó a Moscú?”, bramaba en As contra el de Whitchurch el célebre periodista deportivo y eximio traumatólogo. “Ya sé que me dirán en el club que con su historial de alto riesgo era mejor no arriesgar, pero si te estás jugando tu prestigio contra el Atleti (...) y encima vienes de una derrota durísima en Sevilla, y encima tienes que viajar a Moscú para jugarte las habichuelas en Europa, creo que ya se le podrá exigir al galés que sea más claro con sus síntomas”, reclama Tomás, ya definitivamente con la bata médica calzada y exigiendo al paciente explicaciones más concluyentes. Paciente al que, por cierto, exige también que ponga su umbral del dolor a “un nivel ínfimo”.
Leyendo esto, se diría que el pecado de Gareth Bale consiste en ser un melindres y no arriesgar como es debido por el club que le paga. Sin embargo, en otras ocasiones se le ha acusado justamente de lo contrario. El 4 de abril de 2017, por ejemplo, tras un derbi en el Bernabéu en el que Bale asumió el riesgo de jugar y recayó, habiendo de ser sustituido, poco menos que se le culpó de la posterior derrota blanca por 2-3 que casi (menos mal que sólo casi, de lo contrario Gareth cumpliría condena a estas horas) arruina la que sería la Liga de Zidane. Ahí, en cambio, lo que hizo mal Bale fue lo que ahora se le acusa de no hacer: arriesgar. Aquel 4 de abril de 2017 la prensa fue implacable con Bale no por no arriesgar, sino por arriesgar. “(...) es censurable la fijación por alinear a Bale (...). Sus soleos de alto riesgo merecían una suspensión cautelar antes de incluirlo en el once”, comentaba en el As, mientras se abrochaba la bata de la clínica Quirón, un ilustre traumatólogo que responde al nombre de... Tomás Roncero.
Es maravilloso, queridos amigos. Cuando arriesga, juega con el patrimonio del club y “se ríe del Real Madrid”, en palabras del propio Roncero. Cuando no arriesga, “se borra”, en palabras descaradas de Elías Israel en el mismísimo Ouija Daily. Elías Israel no solo es también doctor en Medicina sino que pertenece al círculo íntimo de los Bale (Elías Frank Israel es el nombre completo) y por tanto sabe perfectamente en todo momento y en todo lugar si el galés se comporta honorablemente o si juega al golf con cargo al Real Madrid (y por tanto, vía Bankia, al erario público) cuando debería haber viajado a Moscú, dado que sus soleos de alto riesgo nunca deberían ser puestos en suspensión cautelar.
La campaña, amigos, es apelotante.
“A Bale no le gusta Madrid”, acusaba Edu Aguirre en el Cherengueti, acostumbrado como sin duda estará a ver a Luka Modric tomar copas en la Cava Baja y a Kroos pasear por el Retiro todos los domingos y fiestas de guardar. “Pues que se vaya a jugar a Gales”, respondía ufana Rocío Burgos, que no sabemos si disfrutaría mucho, poco o regular con las finales de Copa de Mestalla y de Champions de Lisboa, Milán o Kiev, como tampoco sabemos si su cerebro registraría o no la participación de Bale en dichos choques más o menos decisivos.
En realidad, queridos amigos, da igual lo que haga Gareth Bale. “A lío por entrenador”, titulaba la versión online de la Ouija. Gareth, ese permanente foco de conflicto por su actitud perennemente díscola. Para la prensa patria, Bale es un hijo secreto de Woodgate y Balotelli. Lo demás nada importa.
Os dejamos con la prensa cataculé, que está a otras cosas.
Pasad un buen día.

