El feeling de Rodrygo
La Galerna
Buenos días. Cuán infumable habrá sido el partido del Barça en Praga para que el órgano oficialista de la prensa escrita catalana, el Mundo Deportivo, califique la (pese a todo) victoria de los de Valverde como “victoria sin feeling”.
No sabíamos que al fútbol, también conocido como soccer o balompié, se le llamará igualmente “feeling”. Porque eso (fútbol, o sea, feeling) es lo que el Barça no tuvo ayer, como no lo tiene desde hace mucho tiempo. Es un equipo confiado casi en exclusividad a la brillantez de Messi y el increíble momento de Ter Stegen, anoche de nuevo ángel salvador de los azulgranas. Todo lo que hay en medio de los dos es en este momento de una mediocridad supina, pero no escucharán a casi nadie decirlo porque decir que el Barça está fatal es anatema, al contrario de lo que sucede con el Madrid, de quien siempre se dice que está fatal en conmovedora connivencia de las prensas capitalina y barcelonesa.
El partido del Barcelona fue realmente nefasto, de ahí que Mundo Deportivo se descuelgue con algo que, para lo que nos tienen acostumbrados, es un pronunciamiento de una dureza inusitada: victoria sin feeling. Feelings, nothing more than feelings, les cantaba en susurros ayer noche Santi Nolla a sus redactores, para evitar que se excedieran en la objetividad de sus juicios, y menos aún en la portada.
Claro que esta tibieza en la crítica resulta casi incendiaria si se la compara con el mundo de color de rosa, repleto de igglepiggles, tombliboos y pontipines, que nos presenta Sport, cuyo habitual director Xavier Folch parece haber sido sustituido por Upsy Daisy (si es que tal sustitución hiciera falta). En Sport, por haber, hay hasta feeling. More than a feeling, de hecho. Lo que en Mundo Deportivo es felicidad (con un tímidísimo apunte de crítica) en Sport se convierte en éxtasis, desenfreno y totalizador despendole.
“Lanzados”. Qué maravilla, amigos. Ni un atisbo de exigencia con el (pésimo) juego del equipo de sus desvelos. Igualito a la prensa madrileña con el Madrid. En Turquía, el Madrid chutó 26 veces a gol, por 11 de su rival. En Praga, el Barça chutó 13 veces, por 24 de su rival. Adivinen si fue Madrid o Barça el que atrajo todas las críticas.
Lo que pasa, sencillamente, es que la prensa capitalina no tiene feeling con el principal equipo de la ciudad (tanto que no se atreverían a enunciar la verdad objetiva de que lo es). Todo es feeling en esta vida, estimados galernautas, y si los periodistas no lo tienen contigo vas apañao. Menos mal que el Madrid ganó en el infierno turco y algo bueno toca decir hoy, cubriendo la cuota de positivismo mensual con un par de portadas dedicadas a los jóvenes (aunque ya se vio que sobradamente preparados) Valverde y Rodrygo.
De ambos, de Rodrygo y de Valverde, hemos hablado ya mucho en La Galerna, y mucho nos alegra anticipar que todo apunta a que seguiremos haciéndolo. Valverde se está convirtiendo en pieza indispensable en el medio campo del Madrid porque brinda trabajo a destajo y de área a área, con largo recorrido, capacidad técnica y don de sorpresa en un equipo al que no le sobra. En un Madrid compartimentalizado, donde por desgracia casi siempre se sabe qué va a pasar, él puede romper los esquemas rivales apareciendo por donde no se le espera. Defiende, roba, arma, sube, baja, remata. Lo que se espera de un centrocampista total.
Rodrygo, por su parte, ha demostrado por bien empleado su servicio militar en el Castilla, y probó en Estambul que está preparado para las grandes citas, pues la de anteayer lo era. Es un brasileño serio, con un punto melancólico pero sin más saudades que el ansia por volver a ganar lo que tal vez ya ganó en otra vida. Tiene dieciocho y ha venido a hacernos felices.
De momento, empezad por serlo hoy. Hasta mañana.



