El fútbol en el que vivimos
Hank
—Muestra un poco de respeto.
—¿No estamos librando una guerra?
—Eso no es una razón para ser maleducado, idiota.
Los héroes, Joe Abercrombie
Si el británico escritor Joe Abercrombie levantara su vista de la Premier League y la dirigiera hacia la liga española seguramente su reacción sería la de apartarla enseguida, si acaso no arrancarse los ojos ante semejante espanto. Porque lo que encontraría sería mucho más que mala educación. Deshonor, indignidad, falsedad, hipocresía, corrupción, prestidigitación, indecencia. El fútbol español está podrido. Sin embargo, decir esta frase resulta incluso absurdamente vacía ante la ingente cantidad de mierda que cubre el cuerpo de cada persona que vive dentro de este deporte. Es como decir que Jesucristo fue torturado y crucificado hasta la muerte. Una frase tan repetida que no le damos la importancia que merece hasta que viene Mel Gibson con La pasión de Cristo y nos enseña cada latigazo que recibió Jesús para que entendamos realmente el martirio que sufrió.
Con la liga española sucede algo similar. Está todo tan putrefacto que ya casi ni se le da la importancia que tiene. El aficionado al fútbol se ha acostumbrado tanto a este hedor que ya ni siquiera le tira para atrás. Sabe que está podrido, sí, pero lo ha interiorizado y le da igual. Para que se me entienda bien: a día de hoy, de toda la basura que hay en este planeta el fútbol español, con todo lo que ello implica (FC Barcelona, La Liga, RFEF, CTA, VAR, medios televisivos, prensa…), es por lo menos la mitad. Eso sí, al aficionado y periodista medio sólo parece importarle algo cuando es el Real Madrid el equipo que está relacionado con la polémica. Aunque esta sea artificial y vacua.
Ayer el mundo del fútbol expuso la mayor indignación jamás vista en este deporte al descubrirse que un equipo de la liga española llevaba dos décadas sobornando al vicepresidente del comité de árbitros. Ah, no, discúlpenme. Eso fue hace meses y a ninguno de los ayer dignos indignados periodistas y aficionados de este país por el espantoso arbitraje de Hernández Maeso que tuvo que ser corregido por el nada sospechoso Hernández Hernández (tres acciones perfectamente corregidas) pareció importarles en absoluto.
A ninguno de los ayer dignos indignados periodistas y aficionados de este país por el espantoso arbitraje de Hernández Maeso que tuvo que ser corregido por el nada sospechoso Hernández Hernández (tres acciones perfectamente corregidas) pareció importarles en absoluto en caso Barça-Negreira
Porque a fin de cuentas, ¿qué es más grave: un arbitraje con polémica artificial o 17 años de pagos al segundo al mando del CTA? ¿Qué es más escandaloso: que al Real Madrid le piten un penalti a favor desde el VAR o que los derechos televisivos de la liga los tenga una empresa cuyo CEO es directivo del Barcelona y se permite abiertamente decir que nadie ha beneficiado más a dicho equipo que él o que quiere conseguir que otro equipo sea el segundo de Cataluña? ¿Qué es más escandaloso: que al Madrid le concedan un gol de hombro mal anulado por el colegiado o que el presidente de la liga tuitee día sí y día también contra el presidente del Real Madrid valiéndose de una más que pobre ortografía? ¿Qué es más escandaloso: que al Almería le anulen un gol por un manotazo previo en la cara de Bellingham a escasos decímetros del árbitro o que durante años un expresidente del FC Barcelona que se permitía bravuconear en público que perjudicaría al Real Madrid hasta el día de su muerte ocupara el cargo de vicepresidente de toda una RFEF?
Pues para el mundo del fútbol en España (Relaños, Martínez y hasta Lobatos), la respuesta siempre es la primera. Porque ya sea por envidia o por la construcción y repetición del manido relato, el fútbol español está en guerra. Una guerra abierta contra el Real Madrid. Y como escribía Abercrombie en su obra cumbre, Los Héroes, la guerra no es una excusa para ser maleducados, pero desgraciadamente en el fútbol español se entiende exactamente como eso. Vivimos en un fútbol de mala educación, de indignidad, de trampas y de triquiñuelas. De patanes, descarados y garduños.
¿Qué es más grave: un arbitraje con polémica artificial o 17 años de pagos al segundo al mando del CTA?
Un fútbol en el que se favorece a los jugadores que agarran y agreden, que juegan con la cobardía de los arbitrajes y llevan el juego sucio al límite. Un fútbol en el que árbitros investigados por la Guardia Civil siguen arbitrando como si nada ante el silencio de la gran mayoría de los equipos de la liga. Un fútbol en el que el presidente de la liga permite que un club en quiebra siga fichando e inscribiendo jugadores mediante fraudulentas ventas de “activos” donde el dinero no aparece en ningún lado. Un fútbol en el que los medios regados por dinero de la federación, liga y Roures manipulan y tejen la (des)información cada semana para atacar de la manera que se les ocurra a un único club. Un fútbol en el que “aficionados” de algunos clubes se permiten insultar, amenazar o acosar incluso a niños cuyo único crimen es portar una camiseta del Real Madrid. Un fútbol en el que hasta un juez justifica actos y gritos racistas al haberse producido en “un contexto de máxima rivalidad”.
Pareciera que no hay un sólo rayo de luz en el fútbol español, pero afortunadamente enfrente de toda esta montaña de pestilente podredumbre permanece impasible el Real Madrid, caballero del honor, como reza su himno, para salvaguardar la escasa pero a la vez infinita dignidad que queda en este deporte y en este país. Porque, pese a todo, el Real Madrid sigue siendo ese guerrero honorable al que se refiere Abercrombie. Ese soldado que socorre al enemigo que acaba de abatir y que segundos antes intentaba degollarle.
El Real Madrid tendría todo el derecho del mundo de mencionar la palabra Negreira cada vez que le preguntan por el arbitraje, pero en lugar de eso, Carletto, Carvajal y Nacho vienen de decir que hay que confiar en ellos. El Real Madrid podría utilizar sus cuentas de Twitter e Instagram para publicar los vídeos de Real Madrid TV sobre los árbitros y generar un verdadero jaque mate a RFEF y Liga al exponer al mundo entero la verdadera cara del fútbol español únicamente pulsando un botón, pero elige dejar esos vídeos en la clandestinidad de las cuentas madridistas españolas y la importancia que quieran atribuirle los medios nacionales. El Real Madrid podría tener una política de comunicación mucho más abierta, dura y polémica, como la que tiene el propio Barcelona ahora mismo, pero elige hacer honor al señorío y mantener una postura caballerosa. El Real Madrid podría romper relaciones con varios clubes que han mostrado una insólita y desproporcionada hostilidad contra el club blanco, pero el Real Madrid es el club más grande del mundo y sabe que ni hay que bajarse a la altura de estos para no concederles una importancia que no tienen ni hay que arrojar la llave de una puerta que en un futuro, por cualquier circunstancia, se pueda volver a querer abrir.
El fútbol español es un pozo de indecencia, sí, pero sonrían ante la inhóspita circunstancia de que en semejante lodazal de putrefacción siga brillando con luz propia, la mayor y más radiante que haya surgido en este deporte: la del mejor club de la historia del fútbol. Sonrían porque el Madrid sigue en la lucha y si algo tiene este club eterno es que, incluso cuando el adversario es indigno, lucha hasta el final, justo como hizo ayer. Hala Madrid, caballeros.
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