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Opinión·5 de octubre de 2018

El Madrid echa de menos a Marcelo

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José Luis Llorente Gento

No sé cuándo comenzó este hábito descabellado, atosigante y absurdo de poner en tela de juicio los cimientos del Universo por el resultado de un partido a principios de temporada. Aunque sí sé cómo. El ánimo sensacionalista que aniquiló las virtudes tradicionales del periodismo se contagió de forma paulatina a los aficionados. Hoy en día, las opiniones drásticas y escandalosas son una plaga que lo único que consigue es presionar a los protagonistas, haciéndoles más difícil su trabajo. Ni siquiera importan los antecedentes que, en este caso, señalan dos últimas fases de grupos mediocres. Pero la memoria no alcanza tan largo ni la sensatez es capaz de abrirse paso ante tanta vulgaridad. Lo que importa a muchos tirios y no pocos troyanos es atizarle al Madrid haga lo que haga. ¡Paciencia, señores!, y atícese con conocimiento de causa, que ya tendrán tiempo. En deporte, tarde o temprano, llegan las ocasiones para todo.

Ya conocen el dicho: ”De fútbol y medicina todo el mundo opina”. El atrevimiento no conoce fronteras y si somos capaces de discutir una sentencia del Tribunal Supremo sin haber abierto un libro de Derecho, cómo no vamos a juzgar el balompié, ese deporte simplón del que todos conocemos la verdad. En consecuencia, no importa lo que suceda, el Madrid está condenado al fracaso, todos los entrenadores que han pasado por el club son unos memos porque se han jugado su cargo colocando a Benzema de titular y ya hay que dar la temporada por perdida.

Lo cierto es que el equipo está jugando bien a ratos, que empieza a asimilar las ideas del entrenador y que sigue arrastrando ciertas malas costumbres. Una de ellas, la relajación inherente a la superioridad del tetracampeón, le ha jugado un par de malas pasadas. La primera en Sevilla, donde ocurrió lo que nos ha ocurrido en lo últimos años; y la otra el martes, en la Liga de Campeones. Esta última ha escocido más de la cuenta porque está instalada la creencia de que el Madrid no falla en su competición. Error: hace dos años empató tres veces en la primera fase y el pasado sus dos partidos frente al Tottenham fueron sendos poemas. Por no hablar de lo canutas que las pasamos en el Bernabéu frente a la Juve y al Bayern. Al contrario, esta serie de resultados nos indican de forma incontestable que, dentro de su enorme grandeza, el Madrid ha sido en las últimas temporadas un equipo intermitente de fogonazos atronadores: es indudable que la regularidad -dos ligas conseguidas en los últimos nueve años-no ha sido el punto fuerte del equipo.

Esta es una de las flaquezas que Lopetegui está intentado corregir: un sistema más armónico y estable que disminuya los sobresaltos. El asunto no es fácil de conseguir de un día para otro. Romper unos hábitos y construir otros nuevos requiere trabajo, tiempo y convicción. Los mecanismos no se automatizan tan fácilmente como pueda parecer ni los comportamientos adquiridos se cambian de forma inmediata.

Por lo visto hasta ahora esta parcela no parece ir por mal camino. El partido del martes se rompió por una carencia de concentración, pero el resto del encuentro el Madrid buscó con insistencia el gol y lo tuvo cerca. Quizá, en esta ocasión, podría pensarse que Lopetegui arriesgó demasiado con la alineación: ante las ausencias de Isco, Bale, Marcelo y Ramos, hubiera sido más prudente alinear a Modric desde el principio. Bien es cierto que la lesión de Carvajal se sumó de forma inesperada a la ausencia de titulares, lo que en absoluto desmerece la actuación de Odriozola.

Precisamente Carvajal y Marcelo son los dos jugadores que más rompen las líneas defensivas de los rivales, los mayores generadores de ocasiones de gol, las pesadillas de las defensas contrarias. Las ausencias de Carvajal y las oscilaciones de forma de Marcelo siempre han repercutido de forma decisiva en el rendimiento del equipo. Por desgracia, Marcelo no dio la impresión de encontrarse en su mejor momento en Sevilla y, además, se lesionó. Su baja no hay quien la cubra. Nadie tiene su genialidad para crear opciones donde no las hay.

Otro déficit, quizás el mayor, con el que el Madrid tiene que convivir es el estado físico de Bale. Ningún equipo es más fuerte que su eslabón más débil. Construir un proyecto sobre un jugador portentoso pero propenso a las lesiones entraña un riesgo incalculable que puede ponerlo en jaque en cualquier momento. Sobre todo, en una estructura carente de un goleador fiable en su ausencia. Me consta que el club intentó este verano incorporar un refuerzo que paliara esta situación, pero los precios eran desorbitados. De modo que, a falta de nombres más contrastados, bien haría Lopetegui en ofrecer mayor confianza a Mariano. Es un jugador joven, rápido y resolutivo, que, por qué no, puede responder con los goles que el equipo necesita.

la baja de marcelo no hay quien la cubra. Nadie tiene su genialidad para crear opciones donde no las hay.

En definitiva, no creo que haya motivo para que se desate la furia arrasadora que ha inundado la corriente de opinión en estos días. El Madrid, de momento, ha cometido errores de bulto, los mismos que venía cometiendo y que se están intentando corregir. Tiempo al tiempo. Ha perdido en Sevilla y no ha ganado al Atleti, la norma desde hace años. Ha jugado un gran partido contra la Roma y decepcionado en Moscú. Una de cal y otra de arena, si bien creo que sería justo en descargo del nuevo entrenador recordar las lesiones de Ramos, Bale, Marcelo y Carvajal, fundamentales en el equipo, y la de Isco, ese espíritu libre capaz de dar la vuelta al partido con un momento de inspiración. Y éstas, las lesiones, pueden ser el talón de Aquiles del equipo. Con todos los jugadores a pleno rendimiento, el Madrid se presenta como un conjunto coriáceo, flexible y capaz de golear. Esperemos que su temprana aparición sea más anecdótica que la tendencia de una temporada que acaba de comenzar.

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