El Madrid en el pentagrama
Editorial La Galerna
Buenos días, galernautas. Se nos acaba LSDLERDRM, es decir, La Semana De La Enésima Resurrección Del Real Madrid. En La Galerna somos, por definición, muy de Faulkner, pero abrazamos con contumacia la mesura aristotélica. El Filósofo —y nos referimos a Aristóteles, no a Pep de Santpedor— sostenía que la virtud está en el término medio entre dos extremos igualmente viciosos. Creemos firmemente que ni el Real Madrid de hace siete días era digno de demolición y de posterior siembra de sal, ni debemos solazarnos en triunfalismos exacerbados tras un gran partido contra el Mónaco.
A la vista del nivel de sus portadas, su sintaxis, su redacción y su razonamiento, estamos en condiciones de afirmar que en Marca no han leído a Aristóteles. Es más: se creen que fue un tercer griego que vino al Sevilla junto con Tsartas y Marinakis. El diario gallárdico nos deleita con una instantánea de los goleadores madridistas del miércoles en la Champions, saltando abrazados como si ejecutaran una coreografía a medio camino entre la sardana y una danza masái. Tampoco vemos a los redactores muy doctos en música, pues nos hablan de rock and roll. Y conviene precisar: el rock and roll canónico es auténtico y tan brillante como crudo en su sencillez. Lo del miércoles fue otra cosa: excelencia técnica más propia del rock progresivo, bailes casi funk, pasajes rápidos casi punk, improvisaciones jazzísticas y, por momentos, un clasicismo de manual. Tanto que lo más rock and roll de la noche fue la celebración de Jude Bellingham, que habría enorgullecido a Keith Richards.
Saltemos a As, pero sigamos con la música. El diario prisaico nos ofrece una portada digna de cassette de gasolinera. El protagonista es Marcelino García Toral, fantástico entrenador de nuestro rival de este fin de semana. Eximio técnico, sin duda, pero no le vemos reinventando el chiste del perro Mistetas ni erigiéndose en el alma de una comida de sociedad gastronómica. No hay rastro del triunfalismo de Marca y, de hecho, sus declaraciones dejan entrever que nuestro equipo sigue en una situación delicada que, en sus palabras, aún “puede revertir”. ¿Revertirse qué? Estar a un punto del líder —que no es otro que el club cliente de Negreira— y clasificado matemáticamente para la siguiente ronda de la Champions, esa competición en la que su equipo solamente ha sumado un punto. Lo de Albacete fue una vergüenza, sí. Pero se puede estar peor.
La prensa cataculé, a la que volvemos la mirada en busca de ese enfoque humorístico que solo regala quien se toma demasiado en serio a sí mismo, nos habla de elecciones. Parece ser que el 15 de marzo tendrán lugar los comicios a la presidencia del Barcelona. Sport nos cuenta que la contienda es Laporta contra todos. Efectivamente: los candidatos opositores se unen a la verdad, el honor, la decencia, el decoro, la mesura, la educación, la templanza y la elegancia, que conforman —entre otros— la lista de rivales del bueno de Jan.
Vuelve la música al portanálisis, por más que ya intentábamos pasar página en el libro de partituras. "El Madrid, ante el juez por los conciertos", titula Sport en sus bajos. Nos consta que, para disgusto de este y otros diarios, en el Real Madrid existe escasísima prepcupación por las supuestas responsabilidades penales de poner la música demasiado alta en demasiados conciertos de 2024. Lo que también es indudable es que algo no se calculó bien en el estudio del binomio decibelios-vecinos. El club confía en que el asunto se podrá arreglar para que vuelvan los conciertos. Mientras se soluciona el evidente conflicto, por desgracia no calculado de antemano como debió hacerse, el estadio incrementa su rentabilidad a través de otro tipo de eventos.
El diario del Conde de Godó, Grande de España, evita el empleo de artículos y algunas preposiciones en su frontispicio y nos informa del proceso electoral. No sabemos si es la composición de la cabecera, pero transmite una sensación difícil de describir: algo de amaño, de falta de transparencia, de trampa. Es indefinible, pero ahí está. Aunque, por supuesto, sabemos que nos engaña el inconsciente: el club culé jamás desarrollaría conducta alguna que justificase tan peregrino razonamiento.
Pasad un excelente día y comprad el primer álbum de Marcelino García Toral en vuestra gasolinera de confianza: “30 años de grandes éxitos”.



