El Madrid limpia mejor que el Ajax
Mario De Las Heras
Ayer por la noche al Ajax Fútbol Club (AFC Ajax), como el Ajax, ese detergente vetusto que a mí siempre me ha horrorizado, como el veneno para ratones que ponen a veces en algunos rinconcitos de las calles, bajo las fachadas, del que yo, de pequeño, me apartaba con espanto, digo al Ajax, el antiguamente glorioso y admirado club de fútbol de Ámsterdam, se le ocurrió escribir un tuit para conmemorar su victoria de la temporada pasada en el Bernabéu, la misma que supuso la eliminación del Real Madrid en la Copa de Europa.
En él, como ven, aparecía Sergio Ramos en la grada en ademán quejoso, al que anteponían a un ajaxista (ignoro su nombre y tampoco voy a consultarlo) desde el terreno de juego como señalándole o con similar gesto. No sé qué es menos oportuno: si una foto, si la otra, si la idea, si el conjunto o si el resultado del todo, que al final es el retrato sórdido-risible de lo que hoy es un club que en su día pareció (o nos vendieron como) el guardián de las esencias.
A todo esto, Sergio respondió al retromatchday (así bautizaron en el Ajax a la infeliz idea tuitera) con un retrochampionsday y un bonito collage de sus cuatro copas de Europa, que, en sólo cinco años, igualan a las conseguidas en toda su historia por el club holandés (dato que profusa y felizmente ha sido recordado por los aficionados en Twitter), neerlandés se dice ahora, un logro sobresaliente, pero sangrante en la comparación.
No satisfechos con la cumplida respuesta, el club de nombre de detergente (ya ven que a medida que avanza este texto vamos bajando nuestra ya de por sí mínima estima por él), replicó, no ya con el ingenio anterior, sino esta vez con alipórico victimismo, buenismo del bueno, del que da grima y hasta produce espanto según en qué contextos, del que resuena como la tiza chirriante en la pizarra, pidiendo respeto:
Claro, la avalancha madridista tuitera, un poco el espíritu de Juanito que hoy celebramos con orgullo, con sus trece Copas de Europa como enseña, cayó sobre ese club antaño grande (o eso creíamos) y sin embargo hoy pequeñito y absurdamente altivo, para sepultarlo debidamente en su insolente bajeza, que debe de venir de Países Bajos, el mismo país (o los mismos, que lío con esos plurales) cuyo gobierno negaba ayer la ayuda a España e Italia en la lucha contra la pandemia.
Esta crisis está retratando a unos y a otros. Y no debemos olvidar estos retratos para que, cuando todo esto pase, podamos reconocerlos. Reconoceremos como se merecen a esos gobernantes, y, de manera mucho más amable, reconoceremos a ese club con nombre de detergente, ¡los reinventores del fútbol!, una especie de sucursal azulgrana en el estilo y en la forma, en toda su ridícula altanería.


