El penaltazo
Athos Dumas
Siempre pasa lo mismo. Basta que tropiece el Barcelona para que todo el madridismo esté convencido de que en el partido que tiene que disputar su equipo a continuación va a pasar algo raro que aminore el batacazo culé.
El penalti de anoche, perpetrado por Feddal en el minuto 80, al cortar descaradamente con la mano un centro desde la zona izquierda de Benzema, es un grave capítulo más de la absoluta ineficiencia que representa el VAR en la liga española, cuando se trata del Real Madrid.
Todo el estadio lo vio, sin necesidad de contemplar imágenes. El juego siguió durante casi dos minutos hasta que el balón salió por una de las bandas, y cuando se llevó el colegiado Sánchez Martínez su mano al pinganillo, algunos ingenuos, como este escrbiente, pensamos que el VAR, por fin, corregiría ese monumental error. Pues no. Una vez más se aplicó la burla, la farsa y el escarnio ya habitual, el penoso y lamentable “Todo OK, José Luis”, un insulto que hiere a todos los ojos y a todas las conciencias no ya madridistas, sino también de cualquier espectador meramente neutral amante del fútbol.
Me imagino las chanzas, las carcajadas y las desternillantes risas que se estarían produciendo en la sala VAR de las Rozas, con varios pseudo-profesionales del arbitraje partiéndose literalmente sus cajas torácicas mientras negaban conceder el penalti. Lo mínimo era al menos advertir a Sánchez Martínez para que se acercase a ver el monitor. Pero, para qué. No necesitan disimular su descaro.
Tras el partido, hasta el propio guardameta bético Joel Robles reconocía limpiamente la clara mano de su defensa. Ramos comentaba el tema casi de pasada, como no dándole demasiada importancia. Butragueño, por un instante -algunas centésimas de segundo-, parecía que se iba a salir de su guión habitual de “señorío” estéril, pero acabó por no alzar la voz ni denunciar el descarado robo (hurto, pillaje, mangue, sustracción, salteamiento, “mangue”) perpetrado en el minuto 80 del encuentro.
Insisto en que si lo vimos todos de primeras no es entendible que no lo vieran o quisieran verlo los que disponen de decenas de tomas a cámara lenta o a cámara con velocidad normal.
Se repite lo de Vinicius ante Rulli, el agarrón a Brahim en Mallorca y tantos y tantos expolios más desde la implantación del VAR.
Ahórrense el VAR, señores de la Liga y de la Federación. Vuelvan al “Villarato” de siempre y al menos los partidos no se prolongarán con parones estériles y durarán como antes, poco más de 90 minutos. La Liga española, una vez más, ha demostrado que está muy muy lejos de ser la mejor del mundo.