REAL MADRID A DEBATE. LA GALERNA, TU DIARIO MADRIDISTA.

Volver al inicio
Destacados·22 de septiembre de 2020

El Real Madrid en la trinchera

A

Antonio Valderrama

Se avecina un año de austeridad y supervivencia para los blancos

Si el Atlético de Madrid anunció el que iba a ser su año (luego fueron dos) en Segunda con aquello de “Un añito en el infierno”, el Madrid podría hacer lo mismo con esta extraña temporada que el domingo comenzó en Anoeta: un añito en la trinchera. Esa impresión me dio el primer partido del Madrid en esta segunda liga del coronavirus. Si el Madrid tuvo que italianizarse para ganar la primera, para hacerse con esta segunda tendrá que convertirse en la roca pelada del Aspromonte, pues gol tiene el mismo, sólo que un año más viejo. Sobre todo, lo que no tiene es dinero para fichar más o mejor gol. Esa es la cuestión de fondo. Esta campaña, prolongación de la temporada pandémica anterior, debe considerarse, para los madridistas, la continuación de una lucha, o el manierismo del estilo agonista.

El Real Madrid celebra la Liga 2020.

El Madrid no tiene dinero y el que tenía antes de la pandemia se lo gastó en Hazard. La cuestión del belga gravita sobre el presente y sobre el futuro inmediato del Madrid, y gravita no se sabe muy bien aún si como la amenaza de un asteroide o como la poesía de la Luna. Hazard es un tipo que tuvo que ser fichado, seguramente, hace dos o tres años. A veces no sale bien eso de esperar un año a que un jugador quede libre o salga más barato. Con Ronaldinho Florentino quiso “atarlo” (un día habría que escribir una tesis sobre la mutación semiótica de algunos verbos en el periodismo deportivo) dejándolo un año más en el PSG mientras dedicaba el verano de 2003 a lucir a Beckham, y Laporta aprovechó el momento. Al fin y al cabo Hazard tampoco es que saliera de balde: más de cien millones por un tipo al que le quedaba un año de contrato está muy bien despachado.

Es posible que la idea fuese la de un Madrid en proceso de solidificación zidanesca guiado de forma estelar por Hazard, la única superestrella mundial asequible para la economía del club

Es posible que la idea fuese la de un Madrid en proceso de solidificación zidanesca guiado de forma estelar por Hazard, la única superestrella mundial asequible para la economía del club en el panorama post-Cristiano Ronaldo. Que las jóvenes promesas (es tan bello y tan lleno de sentido el modo como en Italia llaman estos jugadores, tipo Vinícius, Rodrygo, Odegaard, Kubo, son el equipo Primavera) cogieran vuelo y hechuras al amparo del fuoriclasse, del heredero del 7, de la figura. La figura llegó gordo al sueño de su vida y cuando empezaba a macerarse le rompieron el tobillo.

Todo lo que ha sucedido a partir de ahí pone bocabajo el reloj de arena del “momento histórico” de Hazard en el Madrid. Su maltrecho tobillo corre el riesgo de cronificarse en el dolor. Ese padecimiento obliga a un cambio psicológico en el jugador, a una transformación espiritual casi total: Hazard, que fue siempre más epicúreo que estoico, se encuentra con que tiene que convertirse en un espartano a lo Cristiano Ronaldo o Sergio Ramos para que su tobillo consiga soportar la presión física de brillar en el Madrid. Los antecedentes no invitan al optimismo y la sombra de Kaká se proyecta sobre el futuro del belga cubriéndolo de sospecha.

Zidane y Hazard.

Son muchos los condicionantes. Más aún en tiempos de COVID. La pandemia ha dejado temblando las arcas de todos los clubes del mundo (de todos los que se preocupan por lo que entra y lo que sale de sus cajas, me refiero). Zidane salvó la temporada anterior desarrollando con inteligencia un plan que maximizara virtudes y minimizara defectos de un equipo en construcción compuesto por tela nueva cosida a jirones con retales de abrigos fastuosos que se empiezan a apolillar. Hazard debía ser el pegamento que uniese todo eso, la estrella menor (todo parece menor cuando se compara con Los Jerarcas) que condujese cual San Cristóbal al Madrid que quedó tras Kiev hasta una nueva orilla. Pero Hazard se perdió la temporada, por así decirlo, y Zidane tuvo que adaptarse a un escenario tan cambiante que le ofreció la posibilidad de ganar la Liga gracias al torneo en miniatura al que nos abocó el confinamiento, aquellos once partidos que para todos fueron algo así como una amenaza menos para él, que vio en ello una gran oportunidad. Zidane, el mejor entrenador del mundo que nunca sale en ninguno de los ránkings de mejores entrenadores del mundo.

Zidane improvisó un bloque de hormigón muy parecido al de aquella Francia a la que él llevó hasta la final del Mundial de 2006, seis gladiadores tras un mago trescuartista y tres cuchillos por delante

Se suponía que el gol también lo iba a poner Asensio, pero Asensio se partió la rodilla en agosto y entonces se tuvo que quedar Bale, tan sólo de cuerpo presente: el no-muerto más caro de la historia del fútbol mundial. Sin las a priori alas titulares, Zidane improvisó un bloque de hormigón muy parecido al de aquella Francia a la que él llevó hasta la final del Mundial de 2006, seis gladiadores tras un mago trescuartista y tres cuchillos por delante. Algo muy italiano pero sobre todo, también, muy viejo. Muy clásico, muy contrastado. Si no marcamos, mejor no recibamos, y ya iremos viendo. Una filosofía muy fiable, como se terminó de ver. Una filosofía, diría, de vida, tan acorde al personaje, a su bagaje personal y familiar, a su identidad. La incisión por las alas alternó momentos de Vinícius, Rodrigo y hasta Lucas Vázquez. La percusión corrió a cargo del mejor Benzema de siempre y de dos jugadores-nación, Ramos y Casemiro, jefes, padres de familia y garantes de la ley y del orden.

Sergio Ramos, Casemiro y Zidane.

Demostrada de sobra su flexibilidad intelectual, Zidane contaba este verano de pandemia con que el Madrid no iba a fichar a nadie y que el gran desembolso vendrá, se supone, el verano que viene, un desembolso estelar que inaugure el nuevo Bernabéu. El planteamiento del Madrid ante la Real Sociedad y lo que se vio en la primera parte abunda en la impresión de que esta temporada el Madrid intentará ampliar la hegemonía doméstica y crecer en Europa exprimiendo la única nueva variante: como Odegaard es, propiamente dicho, un fichaje, entre él y lo que siga recuperando del Asensio resurrecto el Madrid se hará profundo y adquirirá matices, complejidad entre líneas que sume a la rocosidad posicional y al dominio del área propia. Hazard, pues, al menos hasta que se sepa cómo responde verdaderamente ese tobillo, queda relegado al papel de accesorio, un lujo que cuando aparezca (aún no hay fecha) podrá magnificar al equipo, elevarlo hasta un nivel competitivo próximo al de los semifinalistas de la Copa de Europa. O no. En todo caso, hay que sobrevivir en España. Europa sigue siendo un sueño (y recordando las palabras de Ancelotti antes de la final de Lisboa, casi mejor: convertida en obsesión, la 14 puede derivar rápidamente en pesadilla y paralizar otra vez toda la estructura deportiva y administrativa del Madrid, que ya está en movimiento hacia el futuro).

En este tercer acto que se va a desarrollar bajo una atmósfera de austeridad setentera y de angustia mundial, la prioridad es sobrevivir, como los soldados en la Primera Guerra Mundial: en la trinchera

El madridismo se encuentra pues ante la necesidad de hacer un “ejercicio” como se dice ahora, de paciencia, virtud desconocida en una afición de vehemencia veterotestamentaria. La visita a Anoeta, campo difícil, hogar de uno de los mejores equipos de la anterior Liga (finalista en Copa que eliminó al Madrid cascándole cuatro goles en el Bernabéu, no lo olvidemos) se saldó con moderado éxito, habida cuenta de las circunstancias: era un buen partido y el equipo confirmó en líneas generales todas las impresiones, buenas y malas, con que acabó (en todo lo alto) la pasada Liga. Pero no hay que olvidar una cosa. Esta temporada 2020-2021 no es sino una continuación de la estrambótica Liga 2019-2020, campeonato de dos actos muy bien diferenciados. Por lo tanto, en este tercer acto que se va a desarrollar bajo una atmósfera de austeridad setentera y de angustia mundial, la prioridad es sobrevivir, como los soldados en la Primera Guerra Mundial: en la trinchera. Si el Madrid suelta lastre salarial y prescinde de gestos innecesarios, institucionalmente hablando (como las primas, e incluso se habla de otra bajada general de sueldos), ese ánimo es del que está imbuido el tercer Madrid de Zidane, una continuación del segundo, un equipo de trincheras que enseñará al madridista a disfrutar de los dones que Dios ha puesto en sus manos, como decía Epicuro. Y sobre todo, a dar gracias porque siempre se puede estar peor, mucho peor.

 

Fotografías Getty Images.

ESPACIO PUBLICITARIO

Post Article - 728x90