El Real Madrid es un real marasmo
Editorial La Galerna
Buenos días. Seguimos con el estado de ánimo de anoche, el de Michael Douglas en Un día de furia. Como titula Tomás Guasch hoy su artículo: Ya no se puede disimular, esto no va. Y lo preocupante es que, aparentemente, no carbura por muchas causas. Parece una disfunción generalizada. El Real Madrid, que comenzó ilusionante la campaña, se ha convertido en un real marasmo, una parálisis permanente en lo futbolístico y anímico, un estancamiento que realmente es un retroceso. Algo no funciona, como titula Marca.
Anoche se cosechó un nuevo empate ante un conjunto objetivamente inferior. «Un Madrid penoso pierde el liderato», tituló Genaro Desailly, quien también se encargó de calificar a jugadores y técnico. El análisis del desempeño arbitral corrió a cargo de Alberto Cosín.
El Madrid es superior al Girona, pero en el fútbol actual si no se compite muy cerca del 100 % las distancias se anulan y te pinta la cara cualquiera. Y el Madrid parece sumido en un letargo competitivo. En épocas recientes, incluso cuando el equipo jugaba horrendo, los aficionados teníamos la convicción de que se podía ganar. No sabíamos cómo, pero sí que era posible. Ahora, incluso cuando se juega bien, tenemos el temor de que puede no ganarse.
Esa sensación es inquietante. Las causas son múltiples:
Evidente desequilibrio en la plantilla, faltan jugadores de toque en el centro del campo que además gocen de una inteligencia a la altura exigida por la élite del fútbol.
Futbolistas cuyo ciclo en el Madrid parece agotado, salvo resurrección.
Jugadores que no son tan buenos, o al menos tan apropiados para el Madrid, como creíamos cuando estaban rodeados de aquellos que sí aunaban calidad e inteligencia a raudales.
Estrellas (y planetas) muy lejos de su mejor nivel.
El entrenador no transmite la autoridad que pensábamos que podía transmitir, da bandazos tácticos, no parece tener claro cómo y dónde colocar las piezas, toma decisiones poco comprensibles (ayer sacó a Gonzalo con el partido terminado), no parece atreverse a realizar los cambios que querría y aún no ha sido capaz de adaptar su nivel de exigencia a la capacidad de la plantilla.
Esta tendencia negativa ha conseguido, de momento, entregar el liderato en bandeja al Barça, algo vergonzoso si tenemos en cuenta cómo están los azulgrana y, lo más importante, qué son.
Los diarios culés celebran el regalo.
Sin embargo, no es justo dejar de mencionar la nefasta —de nuevo— actuación arbitral. En esta ocasión, Berrinches Bengoetxea en el campo y Pulido Santana en el VAR. A Rodrygo le dieron un puntapié en la espinilla dentro del área y el gol de Girona vino precedido de una acción antirreglamentaria sobre Mbappé. Del mismo modo que el gol de Kylian fue anulado por mano clara, las otras dos jugadas debieron ser revisadas.
Sí, este es el momento en el que parte del madridismo proclama que como el Madrid jugó mal no tiene derecho a que le arbitren bien. Es la tónica general, hemos hablado de ello hasta la saciedad. Si usted tiene la casa comida de porquería, no saluda a los vecinos y le roban, tiene derecho a denunciarlo. Hacer un mal partido no justifica que los colegiados te machaquen impunemente.
Si bien todo lo anterior es desasosegante, no podemos mirar la realidad sin perspectiva. La tendencia es angustiosa, pero cabe no perder de vista que el Madrid está bien posicionado en las competiciones importantes, sobre todo en Champions, algo que no puede decir ninguna otra escuadra patria.
La catástrofe, a día de hoy, es ir segundos en liga y en el top 8 de la Copa de Europa. No parece el fin del mundo ni motivo para vender a toda la plantilla y despedir hasta al señor que fija los números de las camisetas con esa plancha grandota.
Si el Madrid solo acabase bien las temporadas cuando las inicia de manera espléndida, tendríamos menos de la mitad de títulos.
Es necesario asumir que estamos en un periodo de transición, se han ido los responsables de la primera o segunda mejor época del Real Madrid y ha llegado un técnico con métodos opuestos al anterior. Lo raro es que hubiese funcionado al principio.
Las soluciones milagrosas no existen, y rara vez un equipo con un dirigente populista e impulsivo ha logrado éxitos destacables y prolongados en el tiempo. El único secreto no es ningún secreto: trabajo y paciencia. Y si en un tiempo prudencial no hay frutos, habrá que ir al vivero a comprar otro árbol.
Pasad un buen día.



