El Real Madrid y la importancia de los líderes
Antonio Vázquez
Las sólidas estructuras de los blancos son la principal ventaja frente a sus rivales
Tantas veces nos han relatado los supuestos errores que comete el Madrid que muchos no encuentran explicación a la sucesión de éxitos encadenados por la entidad en los últimos años. Quizás por eso nos han martilleado con un argumentario, débil como un neonato, en el que figuran grandes éxitos como la suerte, la pegada, el favor arbitral y el escaso valor de imponerse en una competición ‘de siete partidos’, pero que curiosamente todos quieren ganar (y casi ninguno puede). Tanto humo y excusas de saldo sólo atiende a un motivo; intentar que cale la idea de que todo lo que tenga que ver con el trece veces campeón de Europa es un desastre, aunque los fríos hechos indiquen todo lo contrario.
Si nos detenemos a hacer un análisis realista de la que podemos considerar la segunda era dorada del club y de las razones que condujeron a ella, comprobaríamos que, en realidad, todo es más sencillo y lógico de lo que la propaganda mediática ha difundido sin descanso. El Real Madrid ha ganado y puede seguir ganando porque ha hecho las cosas muy bien desde hace bastante tiempo construyendo una estructura sólida y resistente desde arriba hacia abajo. No niego que puedan existir organizaciones modélicas que se gestionen con un modelo horizontal o de otra forma alternativa, pero la historia de la humanidad nos enseña que una estructura piramidal liderada por personas con talento y competentes suele ser sinónimo de triunfo. En el caso del fútbol, es obvio que casi todos los equipos más exitosos de todos los tiempos han asumido y reforzado esta pauta.
En el Real Madrid hay tres personajes absolutamente claves. Se trata de Florentino Pérez, Zinedine Zidane y Sergio Ramos
Deteniéndonos en el caso concreto del Real Madrid, hay tres personajes absolutamente claves, líderes indiscutibles dentro de sus respectivos roles y claros puntales dentro del proyecto. Se trata de Florentino Pérez, Zinedine Zidane y Sergio Ramos, referentes en los despachos, el área técnica y el vestuario, respectivamente. En ningún caso pretendo decir que trabajen solos o que todo el mérito de los recientes tiempos de gloria les pertenezca en exclusivo a ellos. El presidente cuenta con el resto de la junta y ejecutivos que le ayudan en la toma de decisiones estratégicas que afiancen el presente y el futuro, Zidane tiene junto a él a un cuerpo técnico y de preparadores físicos de elite y Ramos está muy bien rodeado por otros referentes en los que apoyarse, como Marcelo, Benzema, Casemiro, Modric y varios jugadores más. No están solos, pero por esa tendencia tan perniciosa del periodismo yo también tiendo a personalizar en estos tres ‘jefes’ indiscutibles.
Si contraponemos este esquema organizativo con el de los dos grandes rivales nacionales, encontramos evidentes diferencias que pueden explicar cómo el Madrid ha agrandado su leyenda en los últimos años, mientras sus principales enemigos intentaban sin éxito seguir su paso, hasta el punto de desfondarse a nivel económico al firmar fichaje tras fichaje. Tanto Barcelona como Atlético de Madrid han empleado modelos que en la práctica son unipersonales, con una figura ocupando permanentemente la pista central y gozando de un poder cuasi omnímodo. Ya hemos comprobado el shock en el que viven los azulgranas por el mero anuncio del adiós de la indiscutible piedra filosofal de su proyecto.
La hipotética despedida de Messi dejaría al FC Barcelona ante el abismo. Algo similar ocurriría en el Atlético de Madrid con Simeone
La delirante reacción de buena parte de aficionados e incluso de periodistas afines ante la marcha de Leo Messi es un claro indicativo de la importancia que ha llegado a adquirir la figura de alguien que no deja de ser un empleado con inevitable fecha de caducidad. Mientras se ganó, casi todos jalearon que muchas decisiones se tomaran desde una taquilla, en lugar de desde la lógica que debería imperar en los despachos. La hipotética despedida del argentino dejaría al club catalán ante el abismo, con directiva, cuerpo técnico y buena parte de la plantilla que permanece y tendrá que defender el honor del club muy cuestionados. Además, la entidad barcelonesa se enfrenta a brutales índices de endeudamiento, tras enlazar numerosas inversiones en carísimos futbolistas de cara a satisfacer el ansia de triunfos de su estrella, y sin reparar en lo peligroso que este brutal dispendio era para su futuro.
Algo similar ocurre en el Atlético de Madrid, en su caso supeditando todo a los deseos de Simeone. El técnico es reconocido como la figura indispensable del proyecto, por encima de dirigentes y, obviamente, de jugadores. No se contempla un futuro sin él, lo que debilita las posibilidades de reconstrucción cuando, por un motivo u otro, se marche del club (circunstancia que acabará pasando). Las monarquías absolutistas dependen del tino de una sola persona, lo que incrementa notablemente las posibilidades de equivocarse. Es simple; dos cabezas piensan mejor que una, y tres mejor que dos. El hecho de depositar todas las esperanzas en un solo par de manos provoca además curiosos escorzos a la hora de pergeñar un discurso para defender la valía del modelo con un mínimo de credibilidad. Por eso, a ellos se les adjudica siempre todo el crédito, merecido o no, en las victorias. En cambio, cuando vienen mal dadas, la culpa se diluye entre todos los demás.
No es casualidad que Messi y Simeone sean los dos individuos con mejores salarios del fútbol español, con bastante diferencia sobre el resto
No es casualidad que Messi y Simeone sean los dos individuos con mejores salarios del fútbol español, con bastante diferencia sobre el resto. Sus emolumentos son equiparables (o superiores) a los de los CEOs de una gran corporación multinacional, mientras que sus responsabilidades en los fracasos de los proyectos que lideran suelen considerarse como las de un becario recién llegado. Sólo así se puede seguir justificando que una sola persona, que además no es el presidente, tome buena parte de las decisiones cruciales de sus clubes.
Todo se basa a la postre en la idea de equipo, la principal clave del éxito en cualquier deporte colectivo, incluyendo por supuesto al fútbol. El Real Madrid ha ido reforzando su armazón interno hasta alcanzar un funcionamiento grupal muy sólido, tanto sobre el terreno de juego como a nivel ejecutivo. No se trata de ningún invento e innovación, más bien de asumir los postulados organizativos más clásicos, refinarlos y reforzarlos con líderes que puedan inspirar, convencer, motivar… La idea esencial es crear un paradigma resistente, que siga funcionando aunque las personas, por muy importantes que sean, se reemplacen por otras. Entre las muchas enseñanzas que nos está dejando este convulso 2020, rescato una que nunca deberían olvidar a los madridistas: la entidad está muy por encima de cualquier individuo. Otros no pueden decir lo mismo.
Fotografías Getty Images.


