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Opinión·27 de abril de 2019

El récord de Paco Gento

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Pepe Kollins

El récord de Bob Beamon fue durante más de dos décadas algo más que un hito deportivo. El llamado “salto del siglo”, en las olimpiadas de México de 1968, fue conceptualizado como un paradigma de lo imposible, un jugueteo del hombre en territorio divino. Pese a ser superado, en el Mundial de Tokio de 1991, por Mike Powell, todavía hoy, cincuenta años después, los míticos 8,90 de Beamon se mantienen como récord olímpico.

En todos los deportes hay testimonios de gestas que desde su consumación han sido consideradas como casi inalcanzables. El fútbol no ha sido una excepción. En el plano goleador, en España, lo más cercano que hemos concebido fueron los 38 tantos de Telmo Zarra, que tardaron 39 años en ser igualados por el mexicano Hugo Sánchez, pero que, tras la llegada de los denominados “dos bichos”, fueron pulverizados, dos veces por el portugués y otras dos por el argentino.

 

 

Por lo que respecta a los títulos, el bagaje de Copas de Europa del Real Madrid - durante muchos años seis, ahora ya trece - también ha sido y es una referencia que se antoja complicada de igualar. Pero complicado no es lo mismo que imposible. No es descabellado imaginar que algún día un futbolista supere los 50 goles de Messi en el 2012. Casi ningún registro parece definitivo. En los años 80, el madridismo vio peligrar su liderazgo en la máxima competición continental por el hegemónico Liverpool de Kenny Dalglish al que, probablemente, solo la tragedia de Heysel privó de batir al club madrileño. En los 90, también el Milán de Berlusconi, claramente dominador en el último tramo de siglo, quedó a tan solo una Champions del Real Madrid.

El propio 4 de 5, de la actual plantilla de Zidane, deja en evidencia que tampoco es imposible que algún día un equipo pueda conseguir igualar la gesta de las cinco copas de Europa seguidas. Incluso no nos extrañaría, dada su voracidad, que lo haga el propio equipo blanco de nuevo.  En el plano individual, las seis Copas de Europa de Paco Gento, están amenazas por Messi, como también y, sobre todo - si nos atenemos a la edad - por Carvajal, Isco y Varane.

Pero si hay un récord que sí que parecía imposible de alcanzar, por encima de cualquier otro, ese es el de las 12 ligas también conquistadas por La Galerna del Cantábrico. Para nuestro asombro, y desazón, ya no parece tan inexpugnable. Si en el año 2004 nos hubieran dicho que un jugador del Barcelona iba a ganar 10 ligas de las siguientes 15 disputadas, nadie hubiera dado crédito. Pero la sangría no cesa ahí. A sus 31 años, podemos aventurar que a Lionel Messi todavía le quedan perfectamente tres o cuatro años de carrera. El riesgo de que el récord de don Paco Gento caiga es real y la obligación del Real Madrid, de sus profesionales y hasta de sus aficionados es hacer todo lo posible por evitarlo.

Obviamente, no es ese el motivo raíz que debe llevar a la entidad a volcarse a ganar la competición doméstica. Sin atender a ello, Zinedine Zidane proclamó, esta misma semana, que la Liga era prioritaria la temporada que viene, una predilección que ya confesó en su despedida del club el año pasado y que reiteró en su presentación, tras su retorno.

Hay quien recela de este tipo de manifestaciones en favor del campeonato liguero porque interpretan que suponen un menoscabo del éxito logrado estos últimos años con la consecución de cuatro Champions League. El error consiste en acceder a la elección. El Real Madrid, el madridista, no puede elegir entre un título y otro. El factor que la ha convertido en la entidad deportiva más laureada de la historia es su obsesión y convencimiento por lograr vencer en todo momento y en cualquier contexto. Decantarse por un objetivo es traicionar la cualidad que la convierte en diferencial.

Pero da la impresión de que las palabras de Zidane “La liga es el día a día” no iban caminadas tanto a una preferencia como a la necesidad de conectar con ese espíritu de lucha sostenida que dota al Real Madrid de sentido.

 

 

Con frecuencia, se pone como ejemplo de dicha esencia al actual equipo de baloncesto y no por la ratio de títulos conseguidos (que son consecuencia y no causa) sino por la actitud que demuestran, no ya en cada competición o en cada partido, sino en cada lance del juego. Hemos visto a los de Laso apretar los dientes ganando de treinta puntos contra rivales modestos (que a su vez es una manera inmejorable de mostrar respeto por el adversario). En el último encuentro, contra Panathinaikos, pudimos ver a Anthony Randolph, un jugador conocido por su frialdad, poner en riesgo su integridad física al lanzarse en plancha para intentar alcanzar la pelota. Cuando a Facundo Campazzo le preguntaron, al término del anterior partido de la serie, cómo hacía para ayudar a integrarse a su nuevo compañero, Klemen Prepelic, el argentino declaró: “Soy muy duro con él, tanto ofensiva como ofensivamente, en todos los entrenamientos”.

Y es que en el Real Madrid debe darse prioridad a absolutamente todo: una Champions, una Liga y una pachanga en la sesión de entrenamiento. ¿Quién ha olvidado a Cristiano Ronaldo jugándose el pie por meter su cuarto gol en los minutos de descuento con marcadores ya sentenciados? De esa sed bebe el Real Madrid. Y de nada sirve excusarse con decisiones arbitrales, con campañas mediáticas, preferencias federativas o si el rival come espinacas, estén justificadas o no. Que nadie dice que no se denuncien, se trata de que no todo quede reducido a una queja, a un victimismo en el que encontrar consuelo y que provoque que se deje de creer. Si hay problemas se solucionan, si hay hándicaps, se superan, si hay adversidades e injusticias se lucha contra ellas como si no hubiera mañana, sin descanso y en el convencimiento de que se van a doblegar. Pero no se busca refugio en ellas, porque ese ha sido siempre el distintivo de quienes no han creído - y por ello vencido - como nosotros.

El Real Madrid es lo que es porque no elige entre una Champions y un amistoso, porque no creemos imposible nada por más que todo esté en contra. El Real Madrid es creer y creer siempre.  Y el día que dejemos de hacerlo habremos dejado de ser el Real Madrid. A quién le queden dudas, que repase el palmarés del presidente de honor del club.

 

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