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Archivo·31 de julio de 2015

El trilero

E

Editorial La Galerna

Sabíamos que un buen entrenador debe tener conocimientos tácticos y estratégicos… Debe saber lidiar con la prensa, actuar como psicólogo, manejar egos… Ahora también hemos descubierto, que, al margen de lo comentado, para ser entrenador del Real Madrid se necesitan ciertas nociones de artes circenses. Y no me refiero a saber caminar sobre el alambre, que también. Porque este gran club al que muchos profesamos amor eterno es, en demasiadas ocasiones, un circo de varias pistas donde cualquier noticia, por nimia que parezca, puede tornar en estelar y concentrar para sí todos los focos habidos y por haber.

benitez y florentino

Benítez no tiene planta de showman, como otros compañeros de gremio que ocuparon previamente su puesto en la casa, pues ni canta en público ni se le conocen discursos ampulosos, pero en su primera actuación no nos dejó indiferentes. Se vistió de escapista (o de mago, según se mire) y, bajo la aquiescencia del director de escena, Florentino Pérez, pudo ocultarse tras la sábana del segundo plano y aparecer ante  los focos una vez finiquitado ya el asunto Iker Casillas. Discreto, pero triunfante, con las manos señalando hacia una jaula vacía que momentos antes ocupaba un marrón de dimensiones colosales. A buen seguro el mostoleño no estaba entre sus planes y con certeza habrá agradecido Benítez que el presidente haya actuado de improvisado paraguas, evitando de este modo el deterioro de imagen que le habría acarreado posicionarse a favor o en contra de la salida del guardameta. Primera victoria para Rafa sin ni siquiera poner el balón en juego. Y azucarillo para el “presi” que, a propósito o no, sí que ha conseguido hacer una cosa bien en la esperpéntica salida de Iker.

Pero queremos más, porque el escenario lo impone y el público se impacienta. Y Florentino no saldrá de nuevo a la palestra para enfundarse el traje de domador de fieras; éstas ya no pasan por el aro como antaño y todo apunta a que esta temporada no habrá el rutilante fichaje acostumbrado. ¡Allez hop, Sr. Benítez! ¿Qué tal un juego de manos? No suelen ser espectaculares, pero sí efectivos… Guardameta en la mano izquierda (De Gea), guardameta en la derecha (Kiko Casilla)… y guardameta en el centro. Sí, guardameta en el centro. Entre bambalinas y fuera de foco está, pobriño él, el costarricense Keylor Navas. Porque, ¿a quién vamos a engañar? Ellos (opinión pública y mediática) los prefieren rubios y, a ser posible, españoles y canteranos. «¿Alguien sabe por dónde cae exactamente su país de origen?», dirán. Pero Rafa es inteligente y sabe que no hay buen truco con cartas marcadas, por lo que no realizará el juego de naipes solicitado. ¿O sí?

Lo imagino cavilando en la habitación de su hotel en Australia y la escena me recuerda a la trama de aquel cuento infantil en el cual el consejero Patronio relataba al Conde Lucanor las desventuras de un campesino, su hijo y un burro que debía utilizarse no se sabe bien cómo: porteando al padre, a su primogénito, a ambos, a ninguno... Espero que él recuerde también aquel relato y las últimas líneas que le dan fin y que conforman la moraleja del texto.

Por críticas de gentes, mientras que no hagáis mal, 
buscad vuestro provecho y no os dejéis llevar.

Las manos giran ya formando elipses sobre el tapete y todos observamos atentos para tratar de adivinar en qué cubilete se ocultará finalmente la pelotita. El «¡más difícil todavía...!».

 

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