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Destacados·31 de enero de 2021

El virvarato

J

Jesús Bengoechea

El Real Madrid debió jugar sus cartas con más inteligencia tras los primeros compases del partido ante el Levante. Si topas en el minuto ocho con el varapalo de la expulsión de uno de los tuyos, pero tienes la suerte de adelantarte en el marcador a renglón seguido, lo que dicta la lógica es plantear una estrategia defensiva y jugar al contragolpe. La necesidad de irse arriba del Levante así lo aconsejaba. La inferioridad numérica así lo aconsejaba. Los aprietos generados en el Levante por el contraataque del Madrid (todas las ocasiones blancas, incluido el gol, se dieron de ese modo) así lo aconsejaban también. Sucede que el Madrid no sabe poner un autobús atrás, no está en su ADN jugando con once o con diez, hasta el punto en que históricamente hemos perdido eliminatorias de Champions por irnos al ataque locamente con marcadores globales muy favorables (Ajax). El actual Madrid no sabe adaptarse mourinhistamente a circunstancias adversas. Una pena pero así es.

La culpa de la lacerante derrota ante el Levante, que pone la Liga en chino mandarín para los de Zidane, reside en esa mala reacción ante las circunstancias, pero sobre todo reside en las circunstancias mismas, que no solo fueron desafortunadas sino absolutamente injustas.

La culpa de la lacerante derrota ante el Levante reside en la mala reacción ante las circunstancias, pero sobre todo reside en las circunstancias mismas, que no solo fueron desafortunadas sino absolutamente injustas.

La expulsión de Militao es de una tendenciosidad supina. La propia falta es dudosa, pero de serlo parece claro que la trayectoria del balón sale en paralelo a la frontal del área, donde por cierto ya se incorporan Varane y Odriozola. No es ocasión manifiesta de gol por mucho que el VAR se empeñara en que lo fuera. También se empeñó el VAR en que fuera penalti una entrada de Vinicius en el lateral del área, dictamen que el colegiado (que ya había marcado la infracción fuera del aérea) aceptó sin rechistar, rehusando de manera chocante el comprobarlo por sí mismo en el monitor. Paró Courtois. No sirvió para nada.

Militao expulsión

A mi juicio, no obstante, lo que convierte en escandalosa la actuación de Medié Jiménez no es tanto el fulgor de esas “jugadas estrella”, tan pasmosamente arbitradas, como la gota malaya continua de tarjetas perdonadas a un Levante que se sintió con carta blanca para abortar toda posibilidad de contragolpe blanco con agarrones que eran cartulinas de manual. Cartulinas que, por supuesto, fueron condonadas, y que en determinados casos como el de Malsa debieron acarrear una nueva igualdad numérica entre ambas escuadras.

Esta actuación de Medié, tendenciosa y sibilina, no es por supuesto flor de un día, sino que representa la culminación —en términos tanto numéricos como de descaro— de una tendencia arbitral inaugurada a partir del momento en que el Barça y sus terminales mediáticos comenzaron a denunciar no los errores (atención) sino los aciertos de los colegiados y del VAR a favor del Madrid. Lo hizo Bartomeu, lo hizo Koeman y lo hizo —de manera especialmente incalificable, y mira que el listón estaba alto— la sonrojante prensa afín al equipo del independentismo.

Esta actuación de Medié no es flor de un día, sino que representa la culminación de una tendencia arbitral inaugurada a partir del momento en que el Barça y sus terminales mediáticos comenzaron a denunciar no los errores (atención) sino los aciertos de los colegiados y del VAR a favor del Madrid

Un bufón disfrazado de reportero señaló el negocio del padre del árbitro que consintió la justísima victoria blanca en el Camp Nou, asegurando que tras esas puertas había fundado dicho progenitor una peña madridista. Era mentira y como tal se desveló, sin que ello moviera al felón a pedir ni siquiera disculpas. El daño estaba hecho en cualquier caso. A partir de ese punto, ya sabían los árbitros de Primera que en caso de error a favor del Madrid (¡es más: en caso de acierto a favor del Madrid!) asumían el riesgo de que algún sujeto de la misma catadura moral que el comentado publicara la dirección del domicilio o del negocio de su señor padre o de su hermano o de su hijo, a rebufo de cualquier calumnia sobre su filiación futbolística. Muchos valientes están dispuestos a asumir riesgos sobre el propio patrimonio o integridad física; pocos sobre el patrimonio o la integridad física de sus seres queridos.

A partir de ahí, la canalla culé (que existe, como existen los culés cabales) logra el punto de inflexión deseado. No solo errar a favor del Madrid supone pasear por el lado salvaje. También lo es acertar a favor del Madrid.

Muchos valientes están dispuestos a asumir riesgos sobre el propio patrimonio o integridad física; pocos sobre el patrimonio o la integridad física de sus seres queridos

El resultado no se hace esperar, y el giro arbitral es claro y manifiesto, hasta el punto en que el propio autor de la ignominia, un mercenario de Sport, se jacta en una asquerosa entrevista en Radio Marca de haber cosechado el Barça los frutos beneficiosos de su miserable y fraudulenta acción. Sucede sin embargo algo que convierte en estéril el esfuerzo de esta patulea mediática: la propia inoperancia deportiva del Barça, incapaz de aprovechar más que tangencialmente el cambio de tendencia. Quien se aprovecha del trabajo sucio del Barça y de la prensa culé es el Atlético de Madrid, que ve su buen rendimiento secundado por una serie de decisiones arbitrales que ayudan a hundir a su único perseguidor solvente, a saber, el Real Madrid C. de F. En realidad era de justicia que, tras lustros de colaborar (in)voluntariamente con el Barça los periodistas colchoneros de la capital, fueran ahora los plumillas culés quienes involuntariamente colocaran al Atleti en posición idónea para campeonar.

El resto es historia.

Contra el Alavés, penalti a Hazard y tirón de pelo a Marcelo (otro penalti, esta vez grosero) con 0-1 en contra. Ni árbitro ni VAR intervinieron.

Marcelo agarrón pelo

Contra el Valencia, tres penaltis en contra, dos de ellos inexistentes, y un gol de los ches que no debió subir al marcador por falta previa a Asensio. Errores monstruosos de árbitro y VAR que solo las tomas de las jugadas que circularon “de estraperlo” en las redes sociales permitieron detectar.

Contra el Elche, penalti a Benzema cuando se ganaba 0-1. Ni árbitro ni VAR intervinieron.

Contra Osasuna, clamoroso agarrón a Casemiro en el último minuto con 0-0. Ni árbitro ni VAR intervinieron, seguramente porque ni unos ni otros quisieron aventurarse a que al día siguiente un periodista (?) con una cámara marcara la puerta de su padre con la leyenda MADRIDISTA.

Claro que el Madrid no va mal solo por esto. Claro que el Madrid tiene problemas de juego, pero el villarato ha vuelto. Es un villarato con VAR (un virvarato)

Y lo de ayer, ante el Levante, ya reseñado.

Claro que el Madrid no va mal solo por esto. Claro que el Madrid tiene problemas de juego, claro que no son nimios, claro que tienen que ver con la pésima racha que le ha alejado de tres títulos en pocos días. Claro que las decisiones de Zidane son ahora inentendibles en el largo plazo y mayoritariamente romas en el corto.

Pero lo indicado no es algo que pueda ignorarse. El villarato ha vuelto. Es un villarato con VAR (un virvarato) que ha pervertido la herramienta diseñada para alejar las sospechas hasta convertirla en el otro centro de las mismas. El VAR debe seguir, pero no este VAR. Debe perfeccionarse y debe aislarse de la inmundicia que le rodea.

 

Fotografías: Getty Images.

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