Empate
La Galerna
Buenos días, queridos amigos. La vorágine de los últimos días, con la antirremontada del Barça y la dimisión diferida en el tiempo de Xavi Hernández como máximas manifestaciones de una actualidad rabiosa (y regocijante), nos ha impedido prestar atención a una pieza que no formó parte de las portadas del día, pero que hace dos o tres jornadas nos dejó con el alma encogida. Esto, lo del alma encogida, podría parecer que lo escribimos con el habitual sarcasmo, pero no. Encogida de verdad.
Encogida porque resulta demoledor ver cómo una persona a quien tienes (¿tenías?) en alta estima cae en el barranco de degradación lógica —y en algunos casos moral— en la que está cayendo el periodismo deportivo patrio en su afán, cada día más generalizado y descarado, de equiparar la podredumbre moral de quien compró el sistema arbitral durante décadas con los mecanismos de defensa legítimos de quien fue (¿es?) víctima de esos mecanismos corruptos.
Los medios andan ahora —hoy encontrareis más ejemplos en La Galerna— en la iniciativa de poner el ventilador en marcha y esparcir la mierda para que, imposible como es recuperar el prestigio del Barça, el Madrid le acompañe en el desprestigio. Sucede, no obstante, que tan imposible resulta blanquear la ignominia culé como ensuciar lo impoluto.
Hablamos de una tendencia general, pero hoy queremos hablaros de esa pieza inenarrable de Juan Ignacio Gallardo en Marca. Nos da pudor reproducirla entera. Quedaos con este párrafo. Lo de quedarse es un decir. Os sería más rentable quedaros con un 25% de Barça Studios. Pero leedlo, al menos, y luego haced con ello lo que queráis.
¿Qué os parece, amigos? El Barça sobornó al estamento arbitral durante dos décadas (que sepamos) y el Madrid hace videos sobre árbitros para denunciar la situación. Igual de malos los dos. Empate.
Y este es el nivel, amigos. ¿Qué responder a esto? ¿Qué hacer hasta cuando quienes consideras excepciones positivas en un periodismo apesebrado y mediocre optan por dar un vuelco hacia esa misma mediocridad, con argumentos falaces y equidistancias repugnantes? ¿Qué hacer, salvo manifestarle tu dolor al interesado?
No, Juancho, no. El Madrid y el Barça no se parecen en eso ni, afortunadamente, en casi nada. En el portanálisis del sábado pasado, enumerábamos las 7,3 millones de diferencias entre el Barça y el Real Madrid (o al menos seleccionábamos algunas de las más representativas).
Os las recordamos. Te las recordamos, Juancho.
Uno tiene el mejor estadio del mundo, a punto de estrenarse en todo su hipogeo, perdón, apogeo, y el otro tiene unas ruinas sobre las que trabajan cientos de inmigrantes en condiciones precarias.
Uno tiene a un caballero como entrenador, un tipo triunfador en todas las ligas europeas y en la Champions, y el otro tiene a un hipócrita quejica que en cada rueda de prensa muestra su amplio repertorio de excusas.
Uno tiene a un respetado hombre de negocios al frente de los dineros, y el otro cuenta con un populista hinchado en su orgullo, un tipo mentiroso, demagogo y victimista.
Uno presenta unas cuentas saneadas que lo sitúan en el primer puesto del ranking de Deloitte, por encima de clubes estado con inyecciones de petrodólares, y el otro ha anticipado ingresos de los próximos veinticinco años para poder competir por entrar en Champions.
Uno pretende cambiar el sistema arbitral desde hace años tras verse perjudicado de manera sistemática, y el otro, tras pagar 7,3 millones de euros al vicepresidente del CTA, tiene los santos dídimos de decir que la competición está adulterada.
Cristalino, ¿no? Pensamos que sí, hasta el punto en que cualquier tentativa de búsqueda de equidistancia, la de Juancho o la de cualquier otro, está inmediatamente condenada al fracaso.
Por lo demás, hoy también hay portadas. En el propio Marca se aventura una posible renovación de Carvajal (se la merece); en As volvemos sobre Mbappé (pfffff); en Mundo Deportivo se nos informa del borsch al que Lewi ha invitado a Pedri, Gavi y Sergi; y en Sport sueñan con Klopp como tú sueñas con Margot Robbie o Chris Evans. Nada de esto importa mucho. Nada de lo que hagan los medios deportivos importa gran cosa ya. Estaremos atentos a las excepciones, que las hay, pero no nos interesan sus intentos de salvar un sistema podrido. Menos aún nos interesan las pretendidas equiparaciones entre el club que protagoniza esa podredumbre y el que constituye la principal excepción a la misma.
Pasad un buen día.




