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Opinión·16 de noviembre de 2019

¿En serio, Fútbol Club Barcelona?

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Quillo Barrios

A estas alturas todo hijo de vecino sabe lo que dijo Miguel Ángel López antes del Real Madrid-Barcelona de baloncesto. Sí, el médico merengue dijo que el conjunto blaugrana era "la mayor panda de ratas de la Euroliga". Dicha frase trascendió, pero tuvo lugar en un ámbito privado y sin ninguna intención de que saliera a la luz. No estoy justificando las palabras, que me parecen inapropiadas, simplemente las pongo en su justo contexto.

No tengo tiempo ni ganas de saber qué se dice en los vestuarios de medio mundo -me da igual que sean de basket o de fútbol- antes de un partido, pero seguro que, algunas veces, los comentarios han sido agresivos y muy picantes. La diferencia es que esos no trascendieron y el de Miguel Ángel López sí lo hizo. ¿Debo decir de nuevo que fue inapropiado? Lo fue. Lo repetiré las veces que haga falta, no vaya a ser que el Barcelona ponga pucheros y tenga que mandar al departamento de comunicación a redactar otro hilarante texto.

Ahí quería ir. Una cosa es la frase -inapropiada, repito por tercera vez- y otra bien distinta la reacción infantil y cínica del Fútbol Club Barcelona, que utilizó sus propias vías para denunciar lo sucedido y dejarlo "en manos de la Euroliga" con el fin de que dicho organismo "tome medidas al respecto". Como pataleta está bien. El problema es que carece de un mínimo de seriedad. Dudo que la Euroliga actúe de oficio por una arenga privada en la que sólo hay profesionales del Real Madrid en ella. Y ya no es que dude, sino que me sorprendería muchísimo que así fuera.

Miguel Ángel López pidió disculpas por su frase, aunque, evidentemente, para algunos fue demasiado tarde. Como si cierran ahora el Camp Nou por tirar una cabeza de cochinillo y una botella de J&B. Aquello fomentó la gastronomía y el buen comer -no me digan que un cochinillo y luego una copa no suena apetecible-, no como lo de Miguel Ángel, que, en palabras del propio Barcelona, impulsa el odio.

Lo bueno es que, en dicho comunicado, el club catalán -no diré español para que no se ofendan- celebra que el partido se disputase "bajo la más estricta normalidad deportiva". Mira, justo lo que no se pudo hacer con el Clásico de fútbol, que hubo que aplazarlo por la politización de los de siempre, apoyada por la entidad deportiva más mimada e hipócrita -a partes iguales- del planeta. Allí no estuvo Miguel Ángel López.

Así las cosas, aplaudo que el Barcelona rechace expresiones como la ya mencionada hasta el hastío, pero no que aprovechen para dar lecciones morales o lanzar insinuaciones que no van hacia ninguna parte. No es el Real Madrid el que ha fomentado el odio con decisiones institucionales que han ido separando, incluso, a los propios culés. No es Miguel Ángel López el que se ha salvado una y otra vez de un castigo por hechos que sobrepasaban los límites. Nosotros no promovemos el odio apoyando iniciativas mediáticas para ir descaradamente a por un jugador como hicieron con Luis Figo. Tampoco tenemos a un expresidente trabajando en la RFEF diciendo públicamente que odia al eterno rival. Y ni mucho menos llenamos el Santiago Bernabéu con pancartas incendiarias que politizan el deporte y generan rechazo.

Sí, la frase de Miguel Ángel López fue inapropiada, pero no por ello vamos a aceptar lecciones gratuitas de moralidad y civismo por parte de un club acostumbrado a todo lo contrario.

 

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