REAL MADRID A DEBATE. LA GALERNA, TU DIARIO MADRIDISTA.

Volver al inicio
Entrevistas·

Errejón: "Soy del Madrid porque me da la gana"

E

Editorial La Galerna

Quedamos con Íñigo Errejón en uno de los despachos de Más País en el Congreso de los Diputados. Una de las personas de su equipo nos hace un pequeño recorrido por los lugares a los que se puede acceder en ese momento, día de sesión de control al Gobierno. Nos avisan de que se retrasará 15 minutos: la actualidad política compite con la futbolística en términos de polémica y siempre hay algo de lo que opinar o algo que aclarar. Uno procura que el entrevistado se sienta cómodo para que se pueda abrir pero Íñigo nos lo da hecho: “De todo lo que tengo programado para hoy, esto es lo que más me apetece”. Su equipo nos avisa de que tenemos media hora. Pasa ese tiempo y seguimos grabando porque Errejón está encantado hablando de su Madrid, de Modric, Valdano, Laudrup, Redondo, Buyo, Benzema…

 Errejón es un madridista de izquierdas, en ese orden, porque primero fue del Madrid y luego vino lo otro. No esconde sus colores, aunque hubo un momento, recién llegado a la universidad, que vivió su madridismo “desde dentro del armario” porque en el ambiente en el que se movía el Madrid era concebido como un elemento de derechas.

 

Habrá que empezar por tu doble condición de hombre de izquierdas y madridista (alguien diría “PERO madridista”).

Hombre, esa es la gran pregunta.

Es la gran pregunta porque existe la percepción, fruto quizá de cierta propaganda, del Madrid como entidad ligada a los poderes fácticos y no sé si quintaesencialmente de derechas. ¿Cuántas veces te han dicho “pero cómo puedes…”?

Muchas. Hace unos años respondía a eso de forma más elaborada. Ahora estoy en otra fase y, aunque luego a lo mejor abunde en explicaciones, la primera respuesta es: “Soy del Madrid porque quiero”. Niego la mayor, es decir, niego que sea necesario dar explicaciones para justificar esta dualidad. Moriré con mis valores de izquierdas, pero yo primero fui del Madrid. Cronológicamente, en mi vida, fue así. Primero elegí equipo y después, con el tiempo, abracé una ideología. Bueno, realmente no elegí el equipo.

¿No?

No porque en mi familia éramos del Madrid, ya está.

Tu padre, de hecho, jugó en el Castilla.

Así es. Jugaba de líbero. Una de las cosas claras en casa es que todos éramos del Madrid. Desde muy pequeño. Es una cosa previa al ejercicio de la razón. El Madrid me ha dado algunos disgustos, muchas alegrías y un sentimiento de comunidad al que no renuncio. De hecho, ese sentimiento de comunidad —y aquí no me refiero solo al Madrid— es algo que me parece esencialmente progresista. En un mundo con relaciones cada vez más líquidas y efímeras, la pasión por un club te iguala con cualquier otro forofo de tu club, tenga el dinero que tenga. En el mundo, ahora mismo, faltan más pasiones compartidas que nos junten. El amor a un equipo de fútbol es una de ellas. Cada vez vivimos más aislados, pegados a nuestras pantallas, incluso el ocio es de consumo propio. El fútbol es una reacción contra eso, y para mí esa reacción viene a través del Real Madrid.

Por esa última frase podría continuar el inconformismo de algunos: “Pero ¿por qué el Madrid? ¿Por qué precisamente ese club de fachas?”

A ver, el Madrid es algo muy grande, y en consecuencia es algo que está permanentemente en disputa. ¿Que los poderes quieren apropiarse del Real Madrid o hegemonizarlo? Claro. La duda es si la izquierda lo puede permitir. Yo quiero un Madrid que no sea de nadie para que pueda ser de todos. Pero también mío.

Pero eso, que suena muy bien, ¿cómo se consigue?

A base, entre otras cosas, de no tener complejos, como mi falta de complejos al decir que soy de izquierdas y del Madrid. ¿Me gusta todo lo que pasa en el estadio? No. ¿Me gusta todo lo que pasa en el palco? No siempre. ¿Me gusta toda la imagen construida en torno al Madrid, a veces concebido más como gran empresa que como gran club? Tampoco siempre. Pero ¿qué tiene eso que ver con mi madridismo, con el modo en que yo lo vivo?

El Madrid emociona a la clase trabajadora

Ahora que hablas del palco. Algunos madridistas de tu partido han sido invitados al mismo y han declinado acudir. Hace unos años tú mismo fuiste preguntado en una entrevista y dijiste que, de ser invitado, no irías. ¿Te reafirmas?

Creo que no debo ir. De hecho, me han invitado muchas veces como portavoz del grupo en el Congreso. Me siguen llegando las invitaciones cada quince días.

¿De verdad? Ramón Espinar pidió respetuosamente que no le invitaran más, y explicó en una carta pública los motivos.

Yo no he querido entrar en polémicas con mi club. Me he limitado a coleccionar las invitaciones durante un tiempo, ya no.

Eso es que, en cierto modo, te habría gustado ir…

Me gustaría ir al estadio, no al palco.

¿Y no vas?

Hace mucho tiempo que no. Tengo que ser muy cuidadoso porque no siempre es cómodo. Tengo que tomar mis precauciones incluso si voy a verlo fuera de casa, tengo que elegir muy bien el bar al que ir con los amigos. Hay muchos sectores reaccionarios asociados al Madrid que hacen que tengas que medir eso muy bien porque puede ser incómodo.

La dictadura intentaba hacer suyas las glorias blancas, y lo entiendo, aunque me repugne. Pero eso habla mal de la dictadura, no del Madrid

Queda claro en todo caso que vives tu madridismo con alegría.

Claro. Y te voy a decir más. Para mí, la franja morada es inicialmente de Castilla y luego de la bandera republicana. Y lo más importante: el Madrid emociona a millones de personas de la clase trabajadora de nuestro país. Hay una distancia entre ese club de la clase trabajadora y la empresa Real Madrid. No me tiene por qué entusiasmar todo lo que hace la segunda para tener un gran sentido de pertenencia al primero. Y no pienso renunciar.

Volviendo al palco, imagina que Florentino lee esto —hipótesis muy plausible— y te llama para insistirte para que vayas al palco y veas que allí no se comen a nadie.

Creo que no debería ir, insisto.

Pero ¿por qué?

Los palcos de los grandes estadios se convirtieron durante tiempo en lugares donde se hacían negocios, en particular urbanísticos. Era más importante ir allí a dejarse ver, y a que te presentaran a no sé quién, que a disfrutar del fútbol. Hay una imagen asociada al palco como lugar de confraternización entre políticos, empresarios, promotores, etc. en la que no debo participar. El palco de muchos grandes estadios ha sido tradicionalmente caldo de cultivo de una economía algo turbia, con relación a la corrupción, sin que esto sea una acusación contra nadie. En ese mundo endogámico yo no debo entrar. Y no hablo solo del palco del Madrid porque ha pasado en otros muchos, anda que no ha pasado en el del Atleti o el Barça. Pero no me sentiría muy a gusto en el de Concha Espina tampoco.

¿Y eso no se contradice con lo que indicabas antes de no ceder espacio a los poderes que pueden querer, según tú, apoderarse del club?

No, eso sería más bien el estadio. Me interesa más recuperar el estadio que el palco.

Pero al estadio tampoco vas, según nos cuentas.

Dejé de ir de chaval, por nada en especial. Antes tampoco iba mucho. Fíjate que en mi último partido allí hubo un gol de Dubovsky, con eso te haces a la idea del tiempo que ha pasado. Dejé de ir en la época en que muchos de mis amigos, no yo, se hacían del Rayo. La gente me sigue diciendo, de hecho, que yo debería ser bukanero. Pero vuelvo a decir: ¿por qué? Soy del Madrid y de izquierdas, pero no subordino una cosa a la otra. Fui del Madrid antes de tomar conciencia de lo otro. Soy del Madrid porque me da la gana. No tengo que justificarme.

¿Y por qué crees que te piden que lo hagas, que te justifiques?

Porque existe la percepción errónea de que lo que se elige con el corazón es inferior a lo que se elige con el cerebro.

Dejas claro que el madridismo es transversal. Espinosa de los Monteros, por ejemplo, es otro gran madridista. ¿Tú crees que su ideología y la tuya os hacen vivir vuestros madridismos de maneras distintas?

(Piensa un instante): Lo políticamente correcto sería responderte que sí, pero la verdad es que creo que no. ¿Qué es lo que nos gusta a todos y a todas? Nos gusta un sentimiento de pertenencia que puede hacer que te abraces a una persona que no conoces cuando el Madrid mete gol.

Me lo pones a huevo. Imagina que hubieras visto el Madrid-City con Espinosa de los Monteros. ¿Te habrías abrazado a él con el segundo gol de Rodrygo?

(Sonríe): Es que no lo habría visto con Espinosa de los Monteros. Esas situaciones de gol producen extraños hermanamientos temporales. Precisamente para evitar hermanarme con él en un momento así, habría evitado verlo en su compañía.

El Madrid ha sido más veces asociado a su ideología que a la tuya…

Eso tampoco lo entiendo. Nunca se habla por ejemplo del Atlético Aviación, luego Atlético de Madrid. Es lo mismo de antes. ¿Tuvo intereses el régimen dictatorial por asociar su nombre con el del Real Madrid, que lo ganaba todo? ¡Claro! Pero eso únicamente revela que hubo una dictadura que trató de apropiarse de las victorias del Madrid. Porque el Madrid era una cosa valiosa, que daba una gran imagen de España. Y ojo, porque esto no está suficientemente contado: un Madrid al que los exiliados políticos (y económicos también, pero entre ellos muchos republicanos) iban a ver cuando jugaba por Europa.

Claro. Y Bernabéu, en el vestuario, les decía: “Tenéis que ganar por esta gente”.

Eso es. Se reconciliaban con España momentáneamente, se sentían más cerca. La dictadura intentaba hacer suyas las glorias blancas, y lo entiendo, aunque me repugne. Pero eso habla mal de la dictadura, no del Madrid.

Aprovecho esta entrevista para pedir perdón por no haber creído en Benzema. Lo que estamos viendo de él es fruto de su trabajo y un éxito de los que en el club han creído en él

Antes has hablado de un ambiente en el estadio que no te gustaba. Es posible que te refieras a los ultras. Florentino los echó. ¿Se le ha reconocido eso suficientemente?

Fue una decisión difícil de tomar porque el Bernabéu es un campo frío, y a todo el mundo le gusta un estadio animado. Sucede que esa animación en muchos campos estuvo marcada por los ultras, cuidado, no solo en el Madrid. Recordemos a Hiddink en el Valencia diciendo que no salía a jugar si no se quitaba aquella esvástica. En muchos campos se ha pagado un tributo ideológico muy elevado por tener gente que te animara. Que una presidencia se atreva a evitar que eso siga pasando me parece bien.

En una entrevista en la Revista Líbero dijiste que eres del Madrid aunque no te lo ponga fácil. ¿En qué no te lo pone fácil?

Yo entiendo que pilotar el Madrid es como pilotar una empresa global, pero creo que a veces debería ser más cuidadoso con sus jugadores y sus hinchas. Debería hacer más comunidad. No tiene sentido que se hayan ido jugadores por la puerta de atrás, sin homenaje. Tengo la impresión de que a veces se centran más en la imagen de fuera que en cuidar al madridismo de dentro. No se le puede pedir que se comporte como un equipo de barrio, pero no siempre lo más grande, lo más rápido y lo más global es mejor. Esta filosofía de llevar partidos a otros países va internacionalizando el negocio, y yo lo veo cada vez más lejos. Antes era más fácil y barato ir al estadio, ponían partidos en la televisión pública… Ahora hay que hacer una epopeya para seguir a un club, los aficionados somos muy sufridos. Es como seguir a un grupo de música que está más preocupado en conquistar otros países, que lo amen de repente en México, y se olvida de los que estábamos cuando sacaron el primer disco. Me refería a que no es fácil la identificación con un mastodonte que a veces mira más hacia fuera que hacia su comunidad. Y eso hace que cada vez se difumine más el sentido de identificación con un club al que me gustaría ver más como club que como gran empresa. No soy ingenuo, los clubes son empresas, pero creo que este camino conduce a un fútbol cada vez más emancipado de sus aficionados.

Pero es global, ¿no? No es algo exclusivo del Madrid.

Es global en los grandes clubes. Se van generando dos velocidades: por un lado, tenemos 15 ó 16 clubes de Europa que siguen esta dinámica, y, por otro, los demás.

Se te intuye contrario a la Superliga.

Sí. En el corto plazo dices qué bien, todos los días voy a tener un partidazo, un Madrid-Liverpool. Pero es que el Madrid-Liverpool también es único porque lo ves en ocasiones excepcionales, como lo es esta Final del día 28. Por otra parte, vamos a tener un problema porque las ligas se están escindiendo en dos, con dos o tres transatlánticos a la cabeza. Bueno, este año el Barça… Esto es raro que lo diga, pero a mí me apetecería un Barça más competitivo. Este año nos dieron una buena tunda en el clásico, pero me gustaría ganarle la Liga a un Barça más competitivo.

No te gustaría ver al Barça en Segunda. No eres anticulé.

Yo me podría reír más de un Atleti en Segunda que de un Barça en Segunda, entre otras cosas porque tengo más amigos del Atleti que del Barça y me lo pasaría bien chinchándoles.

El Atleti ya estuvo en Segunda unos años, pero quizás los madridistas no lo disfrutaron lo suficiente...

Puede volver a pasar, nunca se sabe. Y después de no hacernos el pasillo el otro día…

Una figura que flota en la conversación es Florentino. ¿Eres florentinista? ¿Qué te parece su gestión?

Hay que diferenciar entre equipo de fútbol y gran empresa. Yo prefiero concentrarme en la dimensión de equipo de fútbol. Ha habido cosas que no siempre he compartido, pero ahora mismo tenemos un Madrid muy competitivo, y a mí me gusta mucho cuando al Madrid le va bien, lo disfruto mucho.

Lo ha construido él.

Sí, y ha mantenido una cierta constancia en algunos jugadores que yo no veía. Por ejemplo, Benzema. Yo no lo veía, aunque creo que tampoco es un fallo subjetivo mío, porque él tampoco jugaba a este nivel por entonces. Está claro que Florentino apostó con mucha fuerza por el francés.

Hay mucha gente del antibenzemismo que ahora pide disculpas.

Pues yo aprovecho esta entrevista para pedirlas también. Tener un horizonte claro y firme que fija dónde quieres llevar el club y con qué jugadores, y mantenerlo incluso cuando no siempre va bien no es popular semana a semana, pero luego te permite fenómenos como Benzema. El fenómeno Benzema, que ahora es una maravilla, es inseparable de haberle dado seguridad, perseverancia y mantenimiento cuando no jugaba así. Los que apostaron por él cuando muchos decíamos “pero qué hace Benzema” ahora son coprotagonistas o, al menos, tienen una parte del mérito de lo que ahora es Karim.

Aparte de Benzema, ¿qué otro jugador te está maravillando?

Ver a Modric es un placer. Yo me trago partidos de Croacia por Modric. Mira que Kroos y Modric son buenos los dos, pero, si tengo que elegir, elijo a Modric. A mí me encantaría que se jubilara en el Madrid y que lo despidamos bien, que eso no siempre lo hacemos como es debido.

Eso de no despedir bien a los jugadores, o de que ellos no se vayan bien, parece algo endémico, ¿no? Incluso Di Stéfano salió mal con Bernabéu.

Di Stéfano, por cierto, del que mi padre siempre ha sostenido que es el mejor jugador de la historia. Sobre las despedidas, creo que no somos muy agradecidos, tenemos memoria corta.

¿Eso no está en la esencia del club? Cuando comienza el declive un jugador, ya no está a la altura para jugar en el Real Madrid, pero generalmente él no se da cuenta. Hay que decírselo. ¿Cómo compatibilizar la gratitud con el pasado con la exigencia del futuro?

Claro, eso tiene una parte buena y otra mala. Tenemos una voluntad inequívoca y brutal de ganar, pero eso te hace también prescindir de una pieza cuando ya no está a pleno rendimiento.

¿Y no debería ser así?

Una cosa son los minutos en el terreno de juego, y otra el tratamiento que das como club a jugadores que se han ganado con galones una especie de jubilación. A lo mejor no tienen que estar en todos los partidos, pero se les debe un respeto. Eso de que alguien pase de ser un héroe a que no nos acordemos de él… Creo que debemos ser más cuidadosos.

Ahora viene una final de Champions. Recordemos otra del pasado reciente. En la de la Undécima, Pablo Iglesias dijo que “por cuestiones casi políticas” iba con el Atleti. ¿Qué te pareció?

Pero es que a Pablo no le gusta el fútbol. Mira, la final de Lisboa era el día previo a las elecciones europeas en las que nació Podemos. La vimos todos en casa de un amigo. Allí estábamos solo dos personas del Madrid. El resto eran de este antimadridismo sobrevenido, gente a la que no le gusta el fútbol pero que, en una ocasión de este tipo, va contra el Madrid por ponerse del lado del pequeño o lo que sea. Luego aparte están los antimadridistas convencidos. Venir al mundo a ser antimadridista es una cosa muy triste.

¿Cómo colocarías por preferencia personal a estos entrenadores: Del Bosque, Mourinho, Ancelotti y Zidane?

Todo el mundo se ha quedado prendado del primer Madrid que recuerda, y ese para mí es el Madrid de Valdano. Seguramente lo mitificamos por la edad, pero lo que viene después te parece menos. Es que tenía a Redondo, a Laudrup, a Míchel, que ya estaba de salida pero seguía… Tenía una conjunción muy buena.

Puedes meter a Valdano si quieres.

Entonces Valdano es el primero. Mourinho es el último, no me gustaba nada su estilo. Me parece que, si eres bueno, la soberbia la demuestras en el campo con la pelota, no en la rueda de prensa. Por Del Bosque tengo debilidad personal, me he saludado varias veces con él y le respeto enormemente. Diría: Valdano, Del Bosque, Zidane, Ancelotti y Mourinho. Me deja mal sabor poner tan atrás a Ancelotti estando como estamos, pero… De todos modos, cuando eres del Madrid, el entrenador es el que hay y vas con él.

Venir al mundo a ser antimadridista es una cosa muy triste.

¿Qué jugadores históricos te han fascinado? ¿Te atreverías con un once?

Pufff, es que el once histórico me saldría casi el de Valdano. He vivido placer estético viendo a Laudrup y Redondo en el Madrid. Lo pasaría mal para elegir porque seguramente no me cabrían Redondo y Modric en el once. Me acuerdo de Hugo Sánchez porque me trae recuerdos familiares. Estoy mezclando lo futbolístico con lo sentimental. Por ejemplo, ¿es mejor Cristiano Ronaldo que Iván Zamorano? Seguramente sí, pero las cosas del pasado las ves con un filtro de nostalgia y cariño. Me parece difícil discutir que Cristiano fue mejor que Bam Bam, y sin embargo…

¿De portero Iker?

Sí, yo creo que sí. Bueno, espera. El primer traje que me regalaron del Madrid fue el de Paco Buyo. A mí no me gustaba ser portero y me daban miedo los balonazos. De hecho, lo cambié en cuanto pude y pedí el de Butragueño. Pero en mi once del Madrid nostálgico igual estaría Buyo.

¿Eras bueno jugando?

No era malo, pero no era bueno. Tenía toque pero no destacaba. Jugaba mucho porque lo disfrutaba. Luego ya llegas a una edad, a los 15, 16, 17 años, a la que los que son buenos de verdad ya le dedican muchas horas al fútbol y a ti te empiezan a interesar otras cosas. Cuando llegué a la universidad lo abandoné del todo, cosa de la que me arrepiento porque me daba muy buenos momentos. Uno de los recuerdos más bonitos que tengo es irme a la Casa de Campo con mi padre y mi hermano y jugar al fútbol toda la tarde.

¿Un pronóstico para la final?

Creo que llegamos muy bien. Ganaremos la Decimocuarta por 2-1, aunque firmo ganar 1,5 a 1.

 

 

 

Entrevista: Juan Carlos Guerrero, Jesús Bengoechea

Fotos: Pablo Estellés

 

ESPACIO PUBLICITARIO

Post Article - 728x90