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Opinión·27 de enero de 2020

¿Es ya Casemiro el mejor medio centro de la historia del Real Madrid?

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Jesús Bengoechea

Iba a lanzar la pregunta con la que titulo este artículo ayer en redes sociales, pero una punzada de vértigo me impidió hacerlo. Son palabras mayores, ya lo sé. Me circunscribí, por causa de ese miedo, a ponerla en el chat de whatsapp de La Galerna, donde encontré un eco que me permite aventurar que la pregunta es cuanto menos pertinente. Es más: aun con el vértigo, aun con la debida prudencia, se insinuó en esa charla de amigos madridistas una tendencia mayoritaria en favor del sí.

Estas cosas no hay más remedio que dilucidarlas comparativamente, para lo cual es preceptivo elaborar una selección histórica con aquellos que potencialmente pudieran competir con Casemiro por este título oficioso.

Por edad no vi jugar a Pirri, pero a todos nos consta su justificadísima condición de mito del madridismo y emblema de sus valores esenciales: el pundonor, el arrojo, la resistencia a la derrota, todo ello aderezado por la imprescindible calidad técnica necesaria para jugar en el Madrid. Lo cierto es que Casemiro representa también a la perfección esos mismos valores, a los que añade un palmarés acerca del cual Pirri no puede competir con el brasileño. Pirri tiene una única Copa de Europa, una de las más plausibles, la Sexta del Madrid yeyé e íntegramente español, pero Casemiro tiene cuatro, habiendo sido decisivo en tres de ellas (seguidas) de manera plena, amén de puntualmente decisivo en aquel partido de Dortmund que estuvo a punto de bloquear el camino hacia la Décima. El ceutí disfrutaba una versatilidad que le permitía jugar tanto de medio centro como de líbero, lo cual habla elocuentemente de su grandeza como jugador pero juega en su contra a la hora de elegir específicamente al mejor medio centro de la historia del Madrid. Casemiro es por antonomasia el especialista en el puesto. Solo los que sitúen la satisfacción del pan y la mantequilla de la Liga a parecido nivel que la gloria de la Champions podrán preferir el palmarés de Pirri al de Casemiro, con 10 Ligas del mítico José Martinez por tan solo 2 de su “rival”.

Xabi Alonso fue la elegancia convertida en medio centro, el periscopio en tuxedo, el guapo oficial de la medular. Fue además el líder de aquel Madrid de Mourinho que puso coto al dominio obsceno del Barça de Pep con la mejor Copa del Rey que se recuerda y la Liga de los récords. Fundamental en la Décima aunque no pudiera jugar la Final, lo que no le impidió ser icónico en la misma saltando al campo a celebrar engalanado como si corriera a por el Óscar. Nada, con todo, que pueda competir contra el papel definitivo de Case en cuatro Champions cuatro, amén de sus (por el momento) dos Ligas y una lujosa pedrea de Supercopas y Mundiales (de clubes) varios.

Paco Gento me dijo una vez que Schuster era el mejor centrocampista que había visto en su vida. No seré yo quien lleve la contraria al hombre que da nombre a esta pagina y Presidente de Honor del Real Madrid, pero La Galerna por excelencia me dijo que era el mejor centrocampista que había visto, no necesariamente el que había tenido una mejor trayectoria en el Real Madrid, que es lo que aquí juzgamos y cosa bien distinta. El pase largo y el dominio del juego de Schuster no tienen parangón en el fútbol moderno, pero en tareas defensivas, variable cada vez más importante en el centrocampismo contemporáneo, no llega a la omnipresencia de Casemiro ni por asomo. Los títulos ganados por Schuster en el Real Madrid tampoco resisten comparación alguna con la sucesión de glorias que ya nos ha dado el actual 14 blanco. El usar los trofeos conseguidos como principal medidor de la trascendencia de un jugador concreto tiene su trampa, ya lo sé (tal vez sus compañeros fueron/son muchos mejores que los que le tocaron a otros), pero me sigue resultando el más objetivo de los parámetros siempre y cuando el jugador en cuestión haya tenido una importancia objetiva en esos logros y no se haya circunscrito a ser un comparsa que se limitara a aprovechar el desempeño de sus colegas.

Sí, ya lo sé. Está Redondo, pero incluso un superclase de su magnitud palidece al lado de la efectividad indesmayable de nuestro protagonista. Lo hace, sobre todo y de nuevo, en virtud de los títulos logrados por uno y otro. Dos Liga y dos Champions contemplan al argentino, lejos de Casemiro. Nadie ama a más que yo al hombre que se pedía el centro del campo para él solo y se las bastaba y sobraba para gobernar los partidos desde allí. Nadie se extasió más que yo ante el taconazo de Old Trafford. Los gustos personales cuentan poco, con todo, en este intento científico de designar el rey absoluto del círculo central vikingo. Fernando tiene el (merecidísimo) culto, Carlos Henrique tiene todo lo demás. La única razón por la que puede esgrimirse una preferencia por Redondo es que “a mí me gusta más”. A lo mejor a mí también, pero a quien le tiene que gustar el ganador de esta competición es a la Historia del Real Madrid.

Si hablamos de jugadores de culto, hay otros mediocampistas exquisitos (Jankovic, Netzer) que sin embargo, por mucho que suspiren por su recuerdo respetabilísimos gourmets de un Madrid boutique, no tienen en el mejor equipo del mundo una trayectoria lo suficientemente amplia como para aspirar a liderar este ranking. Tampoco pueden aspirar a ello futbolistas de muy largo recorrido e indudable calidad pero que por palmarés y capacidades técnicas, físicas y/o tácticas están un peldaño (tan solo uno) por debajo del hombre objeto de este estudio. Pensamos, concretamente, en el medio centro de la Quinta del Buitre, el finísimo Ricardo Gallego. En cuanto a Uli Stielike, que alguno ya se habrá apresurado a intentar agregar a la lista de candidatos, jugó fundamentalmente como líbero.

Ya no queda nadie, dirá el lector. Bueno, sí queda. Queda el espacio de la leyenda, lo que nos mueve a pensar que, por ser el único que resta para competir contra él, es el que le corresponde a Casemiro, definitivamente.

Zárraga fue el medio centro titular de las cinco primeras Copas de Europa. En las dos primeras finales le acompañó Miguel Muñoz en el doble pivote. Después, otros jugadores como Santisteban, Vidal y Antonio Ruiz. Cuentan que era un soberbio medio de contención, al estilo Casemiro, y que las evoluciones en ataque de los Di Stéfano, Rial, Gento y Puskas se sostenían sobre su solidez.

No vi jugar a Zárraga. No puedo comparar sus fundamentos técnicos o estratégicos con los de Casemiro, pero el testimonio de nuestros mayores y el propio credo madridista le sitúan en lo más alto. De nuevo su palmarés (hay que añadir seis ligas a las cinco Copas de Europa, además de una Intercontinental) vuelve a hablar por él. Era otro fútbol, no puede cotejarse con el actual. Es un fútbol de leyenda porque conforma nuestros sueños sin que tengamos evidencia tangible de su excelencia. Solo esta ilusión mágica puede competir con Casemiro, un hombre que por lo demás (y a diferencia del resto de los mencionados) está en activo, es aún joven y puede seguir dando mucho. Tal vez este, con ser importante lo antedicho, sea el factor más decisivo. Cuando la gloria sigue abierta, el mérito potencial se antoja infinito.

 

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