España goleó a Luka Modric
La Galerna
Buenos días. La selección española se exhibió ayer ante Luka Modric en un maravilloso partido en el que los hombres de Luis Enrique destrozaron a un equipo formado por un único futbolista. 6-0. Bastante hizo el pobre Modric encajando sólo media docena de goles.
No, no nos hemos vuelto locos -ya lo estábamos, de hecho-. Croacia se presentó en el Martínez Valero con sólo un jugador en el once inicial. Nos enteramos bien entrada la segunda mitad gracias a la labor de investigación del excelso narrador Juan Carlos Rivero. En un momento de esa segunda parte, el honesto y nada sospechoso profesional de la comunicación le dijo a los telespectadores que España le estaba metiendo un 6-0 a Modric. A Modric. No a Croacia. No a Perisic, Rakitic o Kovacic. No. A Modric. Pobre hombre.
En realidad, y dejando las bromas a un lado, empieza a resultar preocupante que ciertos periodistas no se sacudan su salvaje antimadridismo ni siquiera cuando juega la selección española. Ni siquiera cuando se exhibe la selección española. Ni siquiera cuando hay hasta seis jugadores del Real Madrid en esa selección española tan potente. Es una obsesión sin cura aparente. Aunque, siendo sinceros, tampoco esperábamos una pronta recuperación en la figura de Juan Carlos Rivero, ese hombre que cantó el gol de Sergio Ramos en Lisboa con más pena que ganas.



sVolviendo a la selección, sorprende que este periodismo tan reflexivo no compare el juego actual del combinado nacional con el de ningún equipo de primera división, algo que sí hacían cuando se parecía, en mayor o menor medida, al del Barcelona. Aquello del ADN y el pensamiento único que tanto recorrido tuvo pese a que muchas de sus lecturas eran absurdas y vacías.
Ayer, ante Croacia, brillaron Isco, Ceballos, Carvajal, Sergio Ramos, Nacho y, sobre todo, Marco Asensio. Todos ellos envueltos por un estilo similar al que tiene el Real Madrid, mezclando posesión de balón con agresividad y verticalidad. El problema es que en 2018 ya no se lleva eso de las comparaciones. Qué lástima. Siempre llegamos tarde...