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Opinión·5 de junio de 2019

Evolucionismo y periodismo deportivo

V

Van Cleef

Sorprende saber que, en general, se toman como correctas y científicamente aceptadas, las tesis e ideas que Darwin plasmó en sus libros acerca de la evolución de las especies, origen del hombre y asuntos similares, cuando lo cierto es que no existe ningún dato o hecho estrictamente científico o empírico que las demuestren.

No hay ni un solo fósil auténtico que justifique el paso de una clase a otra o de un orden de animal a otro distinto. Por contra, sí que se han encontrado numerosos fósiles que trataban de demostrarlo, pero que acabaron comprobándose falsos. Uno se pregunta, por ejemplo, qué carajo tuvo que hacer en su día a día un cangrejo para acabar derivando y convirtiéndose, por ejemplo, en un caballo. La conexión entre caballo y hombre podría ser un poco más razonable. Siempre y cuando se descubriese el fósil de algún centauro, claro está... Y parece ser que todos provenimos de peces. Aunque el mayor parecido que tenemos con ellos (sobre todo cuando boquean) es en la cara de asombro que se nos queda al pensar que somos sus descendientes... Personalmente, estoy pensando en colgar el retrato de un pez en mi salón para presumir de antepasados...

Darwin es considerado por gran parte de la opinión pública como un gran científico. Un genio. Pero muy poca parte de esa misma opinión pública ha leído jamás ninguna de sus obras. Y si lo hiciese con detenimiento, se toparía con un amplio y rancio racismo y machismo en toda ella. Se podrían poner varios ejemplos de ello en este texto, pero se haría muy extenso. Y es mejor que cada cual lo pueda comprobar por sí mismo si lo desea. Es recomendable una rápida investigación sobre el asunto.

 

 

Estas tesis racistas y machistas fueron muy bien acogidas por la sociedad sajona pudiente y aristocrática de la época. Justificaban sus imperios y los abusos cometidos en los mismos, basándose en la supuesta superioridad "científicamente comprobada" de la raza blanca sobre los "oscuros" habitantes a los que dominaban y sometían en sus colonias. Al principio, a aquellos santos varones no les hizo mucha gracia tener que asimilar que descendían de simios. Pero luego le vieron la utilidad. Los barbudos hombres blancos eran la culminación de la evolución. La créme de la créme. Los de piel oscura estaban a medio camino de esa evolución; mucho más cerca de los monos y disfrutando de sus mismos derechos. Parece ser que Hitler era admirador del citado "científico" inglés...

Y como hombres de provecho que eran aquellos barbados varones elitistas, tampoco perdían la oportunidad de poner en su sitio a las mujeres, fueran éstas de la raza que fueran. Si bien las de piel pálida, por aquello de la consanguinidad, demostraban poseer una cavidad craneal mayor, y por tanto un cerebro e inteligencia bastante superior que las de piel oscura.

El caso es que teorías como las de la evolución, el origen del hombre y demás cuestiones similares comenzaron a estudiarse en las universidades como cosa cierta y demostrada. Y ha seguido haciéndose, con alguna que otra puntualización y algún que otro eufemismo, hasta nuestros días. Y la palabra del racista y machista Darwin sigue estando muy bien considerada por la comunidad científica y, por lo tanto, también por el pueblo llano, que no duda en catalogarse a sí mismo como científico, por el mero hecho de ver algún que otro documental en la caja tonta...

Del mismo modo, mucha gente tiende a creer ciegamente todo aquello que provenga de un medio especializado, como pudiera ser la prensa. No en vano, está catalogada como una rama de las Ciencias de la Comunicación...

Y si uno de estos científicos de las letras o de la expresión verbal te dice algún día que el Real Madrid era el equipo de Franco, o que es ayudado por los árbitros en cualquier época, o que maneja los hilos políticos y deportivos a su antojo... ¿Por qué no te lo vas a creer? Te lo dice la Ciencia, de comunicación, pero Ciencia, al fin y al cabo.

Ahora solo queda saber si la Ciencia siempre tiene razón en todo lo que nos dice. Hay cierta tendencia a creer que sí, porque:

Según recientes estudios, todo el mundo se cree lo que le dice la prensa científica, si lo que le dice la prensa científica comienza con un "Según recientes estudios...".

Esas tres palabras introductorias, soltadas así sin más al gran público, suenan tremendamente parecidas a las acostumbradas "Según fuentes cercanas" o "Según el entorno de", con las que tan a menudo nos machaca el periodismo deportivo y con las que pretende darnos a entender que lo que sigue a continuación es una información evidentemente fiable y cierta, como no cabe esperar otra cosa de "fuentes cercanas" o del "entorno de".

 

Según recientes estudios, todo el mundo se cree lo que le dice la prensa científica, si lo que le dice la prensa científica comienza con un "Según recientes estudios...". Esas tres palabras introductorias, soltadas así sin más al gran público, suenan tremendamente parecidas a las acostumbradas "Según fuentes cercanas" o "Según el entorno de"

 

El gran público exige no ser molestado ni aburrido con tediosas y liosas demostraciones en las que puedan estar fundamentados los "recientes estudios" y se conforma con que le sean expuestos los resultados finales de dichos estudios, normalmente bastante sorprendentes y divertidos.

Del mismo modo, también parece que a ese mismo gran público le importa tres carajos saber cuáles son los nombres y apellidos de las "fuentes cercanas", o el parentesco o afinidad precisos de aquellos que conforman el "entorno de". Solo les interesa el resultado final de esa "información", que también suele resultar ser bastante divertida...

Los principios básicos de cualquier ciencia (incluida la de la información) se basan en la observación objetiva, en la verificación de hipótesis, en la comprobabilidad de hechos o de ideas, en la experimentación material repetible por terceros (cuyos resultados han de ser idénticos o muy similares), y en definitiva, en el acatamiento de un preciso método científico que acabe llevando a buen puerto cualquier tipo de investigación.

 

Hay muy pocos científicos serios que emprendan sus investigaciones en base a "intuiciones", "sospechas", "creencias", "imaginaciones", "presentimientos" o "arbitrarias deducciones sacadas de la manga o de su excelente y olfativa nariz"...

Tal vez la excepción la podemos encontrar en esa rama de las Ciencias de la Comunicación especializada en el periodismo deportivo. Aquí, el "olfato" es tan importante o más que el teclear con rapidez un artículo o el disertar sin parar en un programa radiofónico. La "opinión" se transforma en axioma incuestionable. La "apuesta" adquiere la consideración de realidad insoslayable por venir. Y las "corazonadas" equivalen poco menos que a precisas fórmulas matemáticas...

La Ciencia es lo que es porque se hace preguntas. Se cuestiona cosas. Se cuestiona todo (o casi todo). Y se buscan respuestas lo más exactas y razonables posibles. La Ciencia auténtica no descarta cuestionar a la propia Ciencia y buscar otras alternativas. Así mismo, el periodismo deportivo (como increíble representante de una parte de la ciencia) no debería descartar el cuestionarse a sí mismo y buscar nuevos horizontes y nuevas sendas que le lleven a encontrar un nuevo sentido a su profesión. Más profesional y más respetable.

Mientras tanto, seguiremos observando la evolución darwiniana y asombrándonos de la paulatina transformación de unas especies en otras. De García a de la Morena. De Prats a Castaño. De Relaño a... vete a saber a qué...

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