Florentino misión
Jesús Bengoechea
Florentino acaba de cumplir 72 años y en La Galerna, aunque según creencia ampliamente extendida somos sus groupies, no le hemos dedicado felicitación alguna. Es posible que ande con pocas ganas de ser felicitado. Se le ha muerto en las manos una temporada prematura y su Madrid, que es el nuestro, no va a volver a empezar a competir por ningún título hasta agosto. A Florentino, y a nosotros, se le va a hacer más largo que las 72 primaveras transcurridas hasta ahora y cuajadas de trofeos para el Madrid, muchos antes de su llegada, otros con él al mando. Es un sinsentido ver al Madrid jugar por ser al menos cuarto, una aberración, pero una que ahora no tenemos más remedio que tragar cual cicuta, todos al unísono, también él.
Florentino es el máximo responsable de esta situación porque es el máximo responsable del Real y la cosa va tanto en la definición como en el cargo. También, por cierto, fue el máximo responsable de ganar cuatro Champions (y más cosas) en cinco años, a pesar de que la prensa no le citara en cambio como máximo responsable de eso y a pesar de que el madridismo más desabrido haya hecho un chiste, en su infinita exigencia, del sintagma “cuatro de cinco”. Una afición tiene algo que mirarse cuando es capaz de convertir ese registro en una chanza avinagrada.
Florentino es el máximo responsable no solo porque lo es nominalmente sino también porque ha cometido errores, si bien a mi juicio no ha cometido algunos errores de los que se le acusa. No es verdad que la escasez de fichajes de fuste haya sido el resultado de un ahorro al que el club se haya visto obligado por causa de la obra del estadio. Un elemental análisis financiero, en un club con un presupuesto de 800 millones de euros, revela que el coste financiero del crédito relativo a la reforma del Bernabéu no debería limitar de modo significativo la posibilidad de fichar. Hay mucho de simplismo demagógico en el acto de establecer una correlación casi completa entre una cosa y la otra, cuando no de mala intención, que también. Yo tengo para mí que Florentino ha fichado menos de lo debido por una mezcla de falta de reflejos, parálisis por análisis, wishful thinking y un punto de arrogancia. Tiendo a ser transigente con todas esas faltas, seguramente porque en mí son consuetudinarias.
La falta de reflejos es humana en medio del trauma, y doblemente humana en medio del doble trauma. Florentino se encontró sin Zidane y sin Cristiano, todo a la vez, y reaccionó como buenamente pudo y tan rápido como buenamente pudo. Otro análisis aparte corresponde a la partida de ambos. ¿Fueron ambas partidas sendos errores de Florentino? Es debatible. Si bien parece obvia la existencia de discrepancias con Zidane, no es menos cierto que no hubo aviso alguno por su parte, no hubo ultimátum merced al cual Florentino pudiera reaccionar para convencer al francés de que diera marcha atrás en el portazo. En cuanto a Cristiano, no existe aún perspectiva temporal para juzgar el acierto o desacierto de la decisión, cuyo juez ultimo será la Champions, una Champions que tiene ahora mismo fuera al Real Madrid y virtualmente fuera a Cristiano también. ¿Un trato personal diferente a Cristiano podría haber impedido su marcha? Puede ser, pero no puedo evitar solidarizarme con un hombre al que se acusa igual de mimar en exceso a sus estrellas que de mantenerse firme ante sus exigencias. O Florentino hizo mal mostrándose tan cercano con los Galácticos originales, o mal mostrándose tan esquivo con los caprichos de Cristiano. Pero no las dos cosas a la vez.
La parálisis por análisis a la hora de sustituir a Cristiano ha tenido mucho que ver, por supuesto, con la propia insustituibilidad del portugués. Cuesta un tiempo asumir que al irreemplazable también hay que reemplazarlo. Agotadas las opciones con Mbappé y Neymar (el primero sobre todo porque nunca quiso fichar por el Madrid, el segundo sobre todo porque nunca le dejaron), se agotó demasiado pronto la capacidad de asumir que a otros muchos delanteros les puede sentar muy bien la camiseta del Madrid, aunque no aporten tanto en la variable mercadotécnica. Se trajo a Mariano como hábil resultado del derecho de tanteo previamente establecido sobre el jugador, y Mariano (sin ser una gran estrella) debería haber dado más. Si Solari no le puso, o si el propio Mariano no estuvo en condiciones de ser puesto, ya no es cuestión de la que se pueda culpar al presidente, a menos que ahora pase a ser plausible la idea de que sea él quien haga las alineaciones.
El wishful thinking -esa expresión británica con la que se alude a la toma de decisiones basada en la hipótesis de un futuro que nos gustaría, en lugar de basarse en un análisis frío del futuro más probable- hizo fiarlo todo o casi todo a la condición de un Bale sano y en forma. Es su lengua madre, y por tanto Gareth sabrá mejor que nadie hasta qué punto lo de wishful thinking viene aquí pintiparado.
No sé qué tal habla inglés Marco Asensio, aunque tampoco hace falta teniendo a mano la cada vez más castiza expresión “tirar del carro”, otra hipótesis de futuro deseable pero no tan probable que también se abrazó con cierta temeridad para luego ser rechazada incluso verbalmente por el principal interesado.
Hay nombres propios en esta hecatombe, no solo estos dos, y (aunque se puede acusar a Florentino de exceso de confianza con ellos) habrá que convenir que los principales responsables de no haber dado la talla son ellos mismos. No solo estos dos. Todos.
Falta de reflejos, parálisis por análisis, wishful thinking y (al fin) el punto de arrogancia. Lo entiendo y lo disculpo (si mi ego es mayor que la deuda griega, cuánto mayor derecho a la arrogancia tendrá un hombre del éxito de Florentino), pero toca afeárselo. Me pregunto cuánta gente le advirtió de que esta temporada no iba a salir bien. Debió prestarles más atención. Nuevamente, no debe de ser fácil cuando en el pasado has triunfado de forma espectacular pasando por encima de los peores augurios.
Como creo ha quedado claro, las culpas están muy repartidas. El que quiera gritar FLORENTINO DIMISIÓN está en su perfecto derecho, aunque incurra en la personalización injusta de responsabilidades y abogue por una solución profundamente desatinada. FLORENTINO DIMISIÓN no es mi grito. El mío es FLORENTINO MISIÓN, entendido como una exhortación para que el máximo mandatario blanco retome las riendas de la causa con el brío acostumbrado y arrostre las dificultades del reto eterno con el pulso de siempre. Está (también) en su perfecto derecho de hacer lo que quiera, máxime cuando ejerce el cargo de forma no remunerada, pero nada de dimisión. Misión.
Que contrate a un general capaz de motivar a sus huestes y llevarlas por el buen comino, sorteando el aburguesamiento y los personalismos, de forma que se pueda crear por fin una cultura que evite la tendencia más o menos inconsciente de dedicar mucho más afán a la Champions que a las competiciones locales. Que le dé los mejores mimbres que el mercado le ofrezca con las restricciones presupuestarias que sean, en el entendido de que la loable idea de una plantilla confeccionada con vistas al muy largo plazo debe contar también con el contrapunto de jugadores consagrados que tal vez ya no podamos contratar de tres en tres pero (seguro) sí de uno en uno, junto con tres o cuatro tipos de probada convencía aunque no sean estrellas. Que dé las bajas que tenga que dar sin temor a los nombres. Y que se explique más veces ante el madridismo. Es posible que no sea consciente de cuánto se le quiere por ahí, como es muy posible que no repare en el bálsamo que suelen suponer sus apariciones públicas cuando las cosas van mal dadas. Que se prodigue más.
Me resulta ridículo negarle el crédito a un hombre que trae consigo semejante palmarés deportivo, amén de una salud institucional y financiera de hierro sin traicionar la estructura de propiedad tradicional en el club, una bendita anomalía en la era de los petroclubes. Por eso decía antes que quienes gritan FLORENTINO DIMISIÓN están en su derecho de gritarlo. Que nadie nos quite jamás el derecho a gritar cosas ridículas.
Sería bueno, eso sí, apoyar el grito con argumentos y alternativas razonables.
Florentino: MISIÓN.

