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Opinión·27 de abril de 2018

Flores y gestas

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Quillo Barrios

El Real Madrid ganó en París, Turín y Munich. Y no a equipos mediocres, precisamente. Ganó al que muchos consideraban el gran candidato, al actual subcampeón de la Champions League y a un eterno favorito. Casi nada. El Atlético de Madrid se fue de la máxima competición continental por la puerta de atrás tras un ridículo mayúsculo contra el Qarabag y ahora intenta cicatrizar sus heridas en la Europa League.

En esas estábamos hasta que esta semana el Real Madrid visitó el Allianz Arena y el Atlético de Madrid fue al Emirates. Uno ganó y el otro empató de milagro en su único tiro a puerta en más de sesenta minutos. Uno jugó mal y el otro logró algo épico. Uno tuvo flor y el otro firmó una gesta. El que sale peor parado es el Real Madrid. Pero lo mejor será repasar lo ocurrido.

Los hombres de Zidane sufrieron, sí, ante un Bayern en estado de gracia, que jugaba en casa y contaba con jugadores del nivel de Lewandowski, Ribery, James Rodríguez o Müller. Los de Simeone se midieron a un decadente Arsenal -sexto en Premier-, cuyo entrenador ha anunciado ya que se marcha, y con las ausencias de Aubameyang y Mkhitaryan, dos de los tres mejores jugadores de la plantilla. El banquillo Gunner, además, presentaba un aspecto desolador, con Iwobi como arma más potente para Wenger.

el arsenal, sexto en la premier, saltó al campo sin aubameyang y mkhitaryan, dos de sus tres mejores jugadores

El contexto, ya de por sí, era totalmente diferente. El Bayern es un gigante europeo que contaba con sus pilares más importantes pese a tener las bajas de Alaba o Arturo Vidal. El Arsenal es, a día de hoy, un extraño, especialmente en Europa, que intenta, como el Atlético de Madrid, salvar la temporada en Europa League, y que en un choque trascendental no puede contar con varios de sus mejores futbolistas. El Bayern es la Champions League y el Arsenal es la Europa League. El Real Madrid ganó y el Atlético de Madrid empató de aquella manera. Los elogios, sin embargo, son para los colchoneros.

Analizando rápidamente ambos partidos, el Madrid firmó una buena primera media hora en el Allianz, pero se vino abajo tras el gol de Kimmich. Pese a ello, supo reponerse gracias a un golazo de Marcelo al filo del descanso. En la segunda mitad, el Bayern apretó, pero no ahogó. Keylor apenas tuvo que realizar dos intervenciones de mérito. A Cristiano le anularon un gol, Asensio marcó otro y el equipo gozó de varios contragolpes muy claros para sentenciar casi la eliminatoria. Claro que se sufrió durante muchos momentos, pero es lo normal cuando visitas Alemania estando a las puertas del cielo. Lo increíble es haberse acostumbrado a ganar donde antes hincabas la rodilla.

El Atlético de Madrid, mientras tanto, padeció la justa expulsión de Vrsaljko -en Europa sí castigan el exceso de intensidad-, situación que le sirvió de excusa a Simeone para plantar un autobús que habría plantado igualmente con once. Ya lo hizo en el Bernabéu no hace demasiadas semanas en uno de los partidos más pobres y cobardes que le recuerdo a un equipo. El Arsenal dominó de principio a fin, arrinconó a los colchoneros y gozó de oportunidades claras, pero sólo Lacazette atesoraba algo de gol entre los futbolistas que se dieron cita en el Emirates. Precisamente fue el francés el encargado de marcar el 1-0. Las ausencias de Aubameyang y Mkhitaryan se notaron una barbaridad. Pese a la desventaja, los cambios de Simeone seguían siendo defensivos, y la eliminatoria no se cerró a favor de los locales porque el Atlético de Madrid tiene al mejor portero del mundo. Oblak evitó varios goles con intervenciones de enorme mérito. Una de ellas, de hecho, fue, para mí, la mejor parada de la temporada. Entre el guardameta y Koscielny, que tuvo un fallo más propio de un alevín, dieron vida al equipo del pueblo. 1-1 y a celebrar una gesta.

"¿Te gustó el juego del Real Madrid?", preguntó la cuenta de Twitter de 'El Transistor' -programa de Onda Cero- tras la victoria blanca en Munich. Acudieron al aspecto futbolístico cuando no hay nada más resultadista que una semifinal de Champions League. Se preocuparon por el juego el día que el Real Madrid ganaba en casa a un equipo que no perdía ante los suyos desde hacía un año, precisamente contra ese mismo club que gana sin jugar bien. Para la imagen del Atlético de Madrid en el Emirates no hubo preguntas, no hubo debate. Fue una gesta. Ni siquiera ganó, apenas llegó dos veces al área de Ospina, pero hizo algo memorable al no perder ante el peor Arsenal de los últimos diez años.

Hace tiempo se decía que el Real Madrid estaba solo contra todos. Ahora eso ha cambiado. Ya no está solo, sino que se ha convertido en el enemigo público número uno. Lo cómodo sería ser como los demás, con gestas de pacotilla o remontadas que no sirven para nada, pero lo correcto es ser el Real Madrid.

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