REAL MADRID A DEBATE. LA GALERNA, TU DIARIO MADRIDISTA.

Volver al inicio
Destacados·25 de abril de 2020

Gareth Bale es Romeo y Marco Ruiz el boticario

L

La Galerna

Buenos días. Creemos haber descubierto que los márgenes del catadiario Sport son los responsables de su carácter, aunque no sabemos bien si llamarlo carácter. El carácter dicen que se adquiere y nosotros no vemos nada adquirido sino atávico. El atavismo de Sport debe de proceder de su origen, quizá en alguna aldea perdida del Alt (Ctrl + Alt) Empordá, que desde entonces se ha mantenido firme de algún modo similar al espetec. Nosotros miramos a Sport y vemos ahí un poco de espetec, con su pielecita fina, tan difícil de quitar, y sus pequeños trocitos inmasticables. Hay una pandemia mundial cuyos efectos alcanzan a todo el planeta, que sin embargo en Sport nacionalizan de un modo que nos indica que no pueden salirse de sus márgenes. En esos márgenes físicos hay unos cercados (¿no los ven?) que impiden que la información de su interior se extienda, dejando, eso sí, que entre desde el exterior. Es un curioso proceso (habíamos escrito por error “porceso”) de alquimia por el cual las noticias se filtran a través del vallado de Sport y después se reproducen ya dentro debidamente adaptados al contexto. Sport es como aquel bosque de Shyamalan, donde a sus lectores no les dejan salir de las lindes tras las cuales el mundo corre, avanza, ajeno a lo que Ernest Folch decide para su curiosa comunidad.

Aunque estamos preocupados por Lautaro, que no aparece por ningún lado en la portada (mucho nos tememos que haya sido capaz de cruzar el bosque, llegar a los muros, saltarlos y descubrir todo un mundo de color), nos vemos obligados a mirar al otro lado del carrer portadista culé, donde siguen a vueltas con el trueque como concepto nuevo y consigna, gran hallazgo y nuevo rumbo de Mundo Deportivo tal y cómo nos narraba Fredo Gwynne el día de su boda. En Mundo Deportivo ya no se habla de millones como en la guardería de Arnold Schwarzenegger ya no se hacía pipí. Ahora juegan a los cromos, que es muy divertido y, sobre todo, barato. Hay un poco de atavismo también en MD (los aires no deben de ser muy diferentes en el Ctrl + Alt Empordá que en el Ctrl + Alt Penedés, por ejemplo), donde encuentran la manera de intentar hacer ver que el resto de clubes (la Juve en este caso) se aviene a su revolucionario nuevo modo de vivir que promulgan como precursores y que, por supuesto (ay, ese matiz de Srta. Rottenmeyer), debe ser el que se instaure en el fútbol a partir de ahora, donde debe imperar la “decencia” (ese predicador se atiene a los mismos postulados atávicos del bosque de Folch) y ya no los obscenos millones que sí podría tener (sudoraciones febriles les asaltan) el diabólico Real Madrid, un ángel en el mundo real.

Hoy en As nos encontramos a Mbappé como si le hubiéramos llamado por detrás. No nos ha puesto muy buena cara al volverse. Debe de estar enfadado. Más concretamente, dicen en As que está “molesto” con el PSG por no se qué de unas cláusulas o algo así. No sabemos si esta noticia semi abstracta es por necesidad sobrevenida y pasajera o puede ser el prólogo de un relato por entregas. El caso es que en esta poco interesante disyuntiva nos debatíamos cuando una ventolera nos ha abierto las páginas virtuales de As (a lo mejor ha sido algún espíritu invocado) y nos hemos encontrado con el rastro de Marco Ruiz, quien, a juzgar por la escena del crimen, en triple (o quizá cuádruple) pirueta moral, viene a sugerir (a decir, en realidad: la sutileza aquí es difícil de colar) que la donación de Gareth Bale a la sanidad madrileña tenía el propósito añadido de ser un gesto de implicación (no de humanidad, no), no sólo con el país en el que vive, sino con el club que le paga, y gracias a esto hacer méritos para poder continuar en Madrid. Suponemos que habrá que entender que el confinamiento a veces nos lleva por procelosos viajes mentales que en otra situación no iniciaríamos, si no fuera porque As y Marco Ruiz son reincidentes habituales. Su confinamiento mental debe de ser eterno, y, al respecto de Bale, vecinal. Ese confinamiento patológico de As y de Marco Ruiz debe de hacerles retorcerse el caletre del modo atroz que les presentamos. Una cosa tan churriguerescamente sórdida que les impide mencionar el loable gesto del galés sin añadirle unas gotas de veneno: “Venenos mortales tengo...”, escribe el boticario Ruiz.

Desde Mantua llegamos a Marca, donde tratan el mismo tema que Sport, pero visto desde fuera de su bosque, donde la perspectiva es amplia y ventilada (a pesar de Tebas), sin fantasmas ni leyendas, pero con vértices turbios. La cruda realidad.

Pasad un buen día.

 

 

 

ESPACIO PUBLICITARIO

Post Article - 728x90