Happy birthday, Gareth Bale
Jesús Bengoechea
Gareth Bale cumple hoy 30 años. No son muchos ni pocos. En el contexto de una vida, Gareth puede estar en su mejor momento. Yo mismo hice la mayor fiesta de mi vida al cumplir 49 solo con el objeto de enfatizar que aún no tenía 50, y nunca habría hecho algo parecido a los 29. No sé si me explico.
En el contexto de una carrera como jugador de fútbol profesional, es un número de madurez y a veces de luz ámbar. Para Gareth, es un guarismo indescifrable al que accede discutido por los medios, en despiadada y absurda campaña contra él, y por parte del madridismo, que ansía se concrete la presunta oferta del Tottenham que hoy se ha dado a conocer y que daría con Gareth a orillas del Támesis, como diría un cronista desfasado.
Digo parte del madridismo y digo bien: PARTE del madridismo.
Hay un madridismo que quiere (y mucho) a Gareth Bale. Yo pertenezco a ese grupo. En realidad hay dos tipos de madridistas en lo tocante a Gareth Bale: los que ya quieren a Bale y los que le querrán cuando se vaya, es decir, cuando ya no pueda darse al afecto más utilidad que la del arrepentimiento.
Hay un madridismo, sí, que por encima del debate sobre si Bale debe quedarse o irse, tiene la debida gratitud por un hombre que, sin haber tenido nunca la continuidad necesaria, ha resultado decisivo en varios de los mayores éxitos de la segunda etapa dorada en la historia del club. Para quienes pertenecemos a esa escuela, la falta de continuidad de Bale (consecuencia en gran parte de su propensión a las lesiones) no nos hace quererle menos, sino más. No nos hace valorarlo menos sino más. Es increíblemente meritorio que, con ese lastre, se las haya apañado para protagonizar algunas de las mejores escenas de nuestra vida. Porque son escenas, escenas de nuestras películas favoritas. El gol de Lisboa (tan importante como el de Ramos) es en nuestras vidas Bogart y Raines declarándose amistad eterna. Lo de Bartra es el final de El Tercer Hombre. Lo de Kiev es el plano secuencia con el que se abre Sed de Mal. Secuencias que permanecerán con nosotros para siempre, signifique “para siempre” lo que signifique. Sustraerse al agradecimiento que todas estas escenas deberían suscitar, por encima de lo que deba pasar con Bale ahora, me parece mezquino, simple y llanamente. Y el problema no es que se discuta su figura. El problema es la ingratitud.
Hay un madridismo que, por encima del hipotético desencanto que produce el que Gareth no haya llenado los zapatos de Cristiano (¿y quién coño podía, puede o podrá llenarlos?), sabe apreciar como es debido los momentos de pura felicidad que este galés nos ha procurado con ayuda de sus compañeros.
Yo formo parte, y muy orgullosa, de esa corriente de pensamiento. Cuando echéis un ojo al espejo retrovisor, con la mirada sucia de la nostalgia, sé que todos os uniréis.
Happy birthday, mate.
