Hardcore
Jesús Bengoechea
Mi equipo y yo hemos sobrevivido a la peor experiencia futbolística de nuestra vida, a la amenaza más sórdida que jamás se haya cernido sobre nosotros, y lo hemos hecho con tanta agonía como legitimidad. José María Faerna ha parafraseado Amanece que no es poco para recordar que un hombre en la cama es un hombre en la cama como un penalti es un penalti en el minuto 3 y en el 93.
La frustración de la Juve, un equipo que merece ser loado hasta la indecible, no les da la razón en sus quejas. Se entiende su dolor pero no se justifican sus ataques. Son impropios los gestos de Chiellini sobre la presunta compra de árbitros por parte del Madrid y son absolutamente censurables las palabras de Buffon contra el árbitro, cuyo corazón ha comparado con "un cubo de basura". Buffon tiene un corazón grande y hoy malherido, pero eso no reduce a lo ominoso el corazón de quienes, perjudicándoles inevitablemente, se han limitado a cumplir con su labor. El que haya sucedido en el descuento dice mucho sobre la gallardía de Michael Oliver (no es fácil señalar ese penalti) y absolutamente nada sobre si el penalti lo es o no lo es. Lo es, por otro lado, como gol era el injustamente anulado a Isco que hubiera supuesto el 1-1 y dado por virtualmente concluida la eliminatoria en los primeros lances del encuentro. Ése, junto con alguna expulsión disculpada a la Juventus, fue el único error de bulto de Oliver, diga lo que diga la leyenda negra que ya se está forjando.
Con eso, y con la pasmosa conversión de Cristiano por toda la escuadra, concluyó un padecimiento que se prolongó durante más de noventa minutos con el tono hardcore de un telefilme sadomaso setentero. El Madrid tiene que hacerse mirar este partido. A mi alrededor pululan aún madridistas que claman por lo injusto de que se llegara incluso al 0-3 cuando el Madrid abundó en ocasiones ante Buffon. Es desenfocar el debate. No se trataba de crear muchas ocasiones para los de Zidane y para el rival, sino de facturar un partido tranquilo, con escasas opciones de gol para uno y para otro. La figura se llama solvencia, y aunque el Madrid no jugó realmente mal careció por completo de esa virtud, ese intangible crucial. Eso ha de preocupar por más que el rival fuese de gran empaque y se descolgara con un partido arrollador y épico, un trance en lugar de un partido. La Juve lo estropeó con sus incontinencias verbales del final, pero por lo demás escribió una página brillantísima de su historia, aunque quedase eliminado. Es un día para felicitar al semifinalista y para ponderar sin freno al perdedor, a quien al final del camino aguardaba un destino cruel pero no injusto.
A Zidane hay que pedirle que sea más táctico, y si hay que pedírselo es porque sabe serlo. En semifinales, hace dos años, plantea un partido hipertáctico que deja fuera al City estableciendo un engranaje insalvable. Fue un Madrid frío, de organigrama y alfiles. Ese Zidane estratega se ha perdido en gran medida, y sería bueno recuperarlo para algunas ocasiones. No todo es crear ocasiones y materializarlas. Los partidos hay que saber controlarlos. Este partido el Madrid no lo controló, y el batacazo pudo ser el más sonoro de toda la Historia del club. Debe tenerlo en cuenta para el futuro.
Tras el 0-3, el Madrid jugó los mejores minutos del partido. Hay que hacer autocrítica respecto a las variables que condujeron a una eliminatoria que estuvo inopinadamente en tablas muchos minutos, pero hemos de aplaudir, asimismo, la entereza con que el equipo de Zidane se lanzó a por la eliminatoria en ese tramo final. El balón quemaba pero no fue rehuido; el pánico a una hecatombe superlativa paralizaba las piernas, pero los hombres del marsellés nunca se detuvieron a tomar nota de ello. Eso resultó admirable.
Hay quien tiene por suelo las semifinales y hay quien tiene por techo los cuartos de final. Como siempre, el Madrid está en semifinales y (como siempre también) ningún antimadridista entiende cómo ha sido.
Así que mucho padecer, sí, pero todo en orden.
