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Opinión·11 de marzo de 2019

Hay que vender a Courtois

M

Mario De Las Heras

Courtois siempre me pareció un cebo más que un estupendo portero, que lo es de cualquier modo. Lo digo por el precio que pagó el Real Madrid por su contratación. ¿Se podía rechazar el fichaje del belga por esa cantidad tan interesante? Yo creo que en otras circunstancias desde luego que no, pero sí precisamente en las que se daban. El año de los fichajes fantasma va y aparece Courtois. Una ganga. El mejor portero del Mundial por el coste de, por ejemplo, un tercio de lo que le supuso, en el mismo período, Allison al Liverpool.

Por eso ahí vi yo siempre un cebo. Un cebo para el Madrid. Como meter un caballo de Troya en el Bernabéu. Como si el Madrid fuera Ab Snopes, ese hombre faulkneriano obsesionado con los caballos al que Pat Stamper le vende un penco literalmente inflado y pintado, que de camino revienta y con la lluvia se despinta. Claro que Courtois no es un jamelgo trucado, al menos aparentemente.

Yo soy de los que apostaban por Keylor y el joven prodigio Lunin para la portería. La cantidad de dinero utilizada para pagar el traspaso de Courtois bien podía haber sido empleada en la contratación de un jugador de campo, tan necesitado como el del Madrid. Pero se cayó en el cebo. ¿Es Courtois el caballo de Pat Stamper? Desde luego que no, pero no hacía falta ir a la feria a por un caballo teniéndolos ya magníficos.

A la feria había que ir a por mulos, parece ser. Pero no se hizo. Se volvió de la feria con Courtois, que juega sin discusión por delante de Keylor, el tricampeón de Europa, mientras el joven Lunin es ninguneado en su cesión y con ello detenida su proyección. Yo no es que viera volver ese día a Snopes timado con su caballo, pero una sensación parecida me inunda a medida que pasa el tiempo. Como si Snopes fuera regresando a su granja durante meses.

Ahora mismo Courtois tiene la misma pinta de percherón que buena parte de sus compañeros de equipo. Es un aspecto desdichado que me cuadra con el gafe. Courtois no nos ha levantado de la silla en ningún momento. Es como si no hubiera pasado la prueba intangible para ser jugador del Madrid. Es como si en su precio estuviera la explicación. Una explicación incierta con un desarrollo indescriptible bajo los palos.

A mí lo que me parece es que con Keylor el polo norte o sur del Madrid no se derretía, y con Courtois sí. Veo ahí una masa de hielo inconsistente. Ese guardameta magnífico del Atleti y del Chelsea y de la selección de Bélgica se ha despersonalizado en el Real Madrid. Cuántas veces un portero ha sobresalido sobre el rumbo torcido del equipo. Cuántas veces un equipo se ha sobrepuesto apoyándose en el baluarte de un gran portero. Él mismo lo hacía a la ribera del Manzanares.

Pero esto no ha sucedido en esta temporada extraña y errática del Real Madrid. Courtois no ha trascendido. Ha impactado en el juego del Madrid con tan poca épica como llegó. Porque llegó como un cebo, como en una subasta. Pat Stamper nos vendió un caballazo sin pedirlo, del cual sabía que bajo el arco madridista se convertiría en un simple cuadrúpedo sin alma. No ha sido criticado ni alabado. Son invisibles en el Madrid sus indudables cualidades.

Con Courtois no hay emoción.  Keylor tiene detractores y admiradores, pero a todos nos ha levantado del asiento más de una vez. Aún me acuerdo de la pretemporada y de Lunin y el runrún. Esa mirada tipo Doncic. Esa prestancia. El intangible, la personalidad que se posee o no. A mí me parece que Courtois no pega con el Madrid. Courtois es en el Madrid una hombrera, un pantalón de campana a pesar de ir a la moda.

Hay que sacar a Courtois del Madrid (y meter con el dinero recibido una carga de profundidad) para darle color a esa portería donde todo parece entrar sin resistencia y sin remisión, aunque no sea suya la culpa. Courtois seguirá teniendo una gran carrera lejos del Madrid. Hay que pintar esos palos de algún color vivo que nos ciegue y ciegue a los rivales. Hay que quitar ese aire cenizo, anodino, que se contagia no sólo al resto del campo sino a los espectadores. Yo a veces pienso que Keylor era un amuleto y lo quitaron, y con ello se nos acabó la suerte.

Como si todas las desdichas madridistas no hubieran empezado con el abandono de Zidane o la marcha de Cristiano sino con la sustitución de Keylor por Courtois. Como si las desgracias no hubieran venido por las ausencias importantes, por los vacíos mentales y tácticos y técnicos, sino por los espirituales. Como si el rostro felliniano de Courtois apareciese de pronto por momentos sobre el rostro viscontiano de Solari. La insipidez de Courtois como el retrato del pobre Dorian Solari.

Es como si con Courtois Dalila le hubiera cortado al Madrid el pelo poderoso de Keylor y nadie se hubiera dado cuenta. No hablamos de un timo ni de un error, sino de una tragedia bíblica.

 

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