Heurtel y los perros de paja
La Galerna
El análisis de las portadas de los periódicos deportivos de hoy
Buenos días. Lo mismo que la raya azul o la grana, no sabemos que fue antes en la imparable, continua y ya lanzada hacia el abismo infame carrera de este club de los horrores, si la mentira o la perversidad. A lo que podríamos añadir desde anoche la barbarie más atávica, la cerrilidad y el salvajismo más embrutecidos del mismo modo que refinadamente se talla una piedra preciosa.
Eso es lo que parecía, una piedra preciosa, y lo que desde hace sobre todo más de una década, nos han intentado hacer creer los medios (y lo han conseguido, en gran medida), cómplices, secuaces más bien, de esta fragua aldeana, con ínfulas y alcance internacional, de la amoralidad más rabiosamente estética que ya no se sostiene a pesar de los andamios externos de apoyo con los que tratan de mantenerla en pie.
Anoche, este club sin igual, sin par en el mundo. Este club único e incomparable dejaba tirado en Estambul, a la vuelta de su partido (perdido) contra el Anadolu Efes, a su jugador Thomas Heurtel por querer fichar por el Real Madrid. Veréis en la truculencia vergonzante que el relato de parte de este hito del bochorno deportivo, humano y social trata de anteponer en el imaginario popular que la traición del base francés es la madre de todas las justas represalias.
Dicha traición consiste en que, siempre según los secuaces, desde la agencia de representación del baloncestista galo simularon una supuesta negociación con el Fenehrbace (por lo que el mismo jugador, apartado del equipo desde los tiempos de Pesic, pidió viajar a Turquía), cuando se enteraron de que con quién negociaba era con el Real Madrid tras comunicar el equipo turco que no tenía ningún interés en incorporar a su disciplina a Thomas Heurtel.
En el colmo, quizá el canto de cisne del empobrecimiento ético (o etílico, que ya no sabemos bien en esta nebulosa de inmundicia), el F. C. Barcelona decidía, en una reacción impúdica y salvaje, impedir al francés subir al avión de regreso a Barcelona. Impidiéndole de este modo volver con su familia en Navidad, en plena pandemia mundial y a dos días de Nochebuena.
En Movistar, La casa del fútbol, el presentador Juanma Castaño y el exfutbolista azulgrana (y valencianista) Gerard López, se permitían chistes a favor de la ignominia sugiriendo con una sonrisa no maliciosa sino brutal, que Heurtel tenía que buscarse un hueco en Vueling para volver a España en una situación que Castaño definía como “rarísima”. Esto es lo que decíamos en el primer párrafo acerca de los secuaces. Lo que únicamente, por respeto íntimo y por respeto a los televidentes, cabe definir como el penúltimo paso hacia la degeneración, van estos, los secuaces (el mismo al que le falta tiempo, como a todos los demás, de poner al Real Madrid en el centro de la diana fabricada por ellos mismos, como en el caso Lopetegui y la selección) y lo despachan con un “rarísimo”.
Es “rarísimo” que el FC Barcelona abandone a un jugador en un aeropuerto extracomunitario en medio del Covid por querer fichar por el Real Madrid, pero hubiera sido “vergonzoso”, por ejemplo, como poco, que el Real Madrid hubiera abandonado a un jugador por querer fichar por el FC Barcelona. Esto son casi ya matemáticas, para legos, pero matemáticas. Lentejas. Y en este adoctrinamiento matemático, en el aire viciado de este contubernio malvado se manejan sin cuidado todos los asuntos “rarísimos” para su conveniente tratado.
No veréis destacada en ninguna portada la noticia de la abominación (oculta, como siempre, por capas y capas de pastoso papel prensa) salvo en tímidos recuadritos de Sport (se diría que resuelto y ufano ante la decisión de su club), Mundo Deportivo y As, donde escriben duendes forofos, agrestes y maliciados que en el interior del bosque dicen cosas como estas:
Aunque de esto no aparezca nada en las portadas. Nada de nada. Aunque también tuvo tiempo As en la noche de autos de escribir esto:
Protestamos humilde pero solemnemente ante el escaso esapcio que se brinda al incidente en las primeras planas, incluso en adelanto de la mucho más que probable manipulación y reversión de estos hechos terribles en el sentido que ya estás pensando, estimado lector, antes de su conveniente y multitudinaria difusión postratamiento.
Esto es lo que veremos y escucharemos e incluso oleremos en los próximos días, como el aroma de la cocina, de los guisos, pese a que ayer mismo jugadores como Alfonso Reyes, Evan Fournier (de la NBA), Malcolm Delaney, Kevin Seraphin y, sobre todo, Mike James (con el apoyo de otros muchos jugadores, mención aparte merece el miedoso comunicado de la Asociación de Jugadores, ejemplo del cuidado que se tiene con unos y no con otros) mostraban su apoyo a Heurtel y su rechazo absoluto a la conducta repugnante del FC Barcelona.
Un Más que un Club, sin duda, retratado no solo en sus formas sino en su espíritu pútrido. Los exjugadores que no se sorprenden de lo ocurrido, por increíble que pueda parecer, como el mismo Mike James o Tyrese Rice. Los directores de equipo que callan hoy, aunque suelen ladrar a menudo, como el inefable Nacho Rodríguez. O esos compañeros, todos, que callan ignominiosamente, bajando la cabeza y abandonando y despreciando con ello a un miembro de su equipo, como si ni siquiera fueran un equipo de seres humanos sino una manada de animales.
Un abrazo a todos los hombres de buena voluntad.






