Imanol
Mario De Las Heras
Mientras aún resuenan los pitos infames del Bernabéu, por debajo se oye el agradable rumor de un río. Es Imanol, el entrenador de la Real, que habla tras el partido como el agua cristalina que va discurriendo en perfecta armonía natural. Se pueden ver los guijarros en el fondo del río, y los peces que nadan en zigzag y se detienen un segundo antes de desaparecer.
Mientras los pitos permanecen y permanecerán como uno de tantos sucios triunfos de una prensa arrabalera, Imanol, el entrenador de la Real, habla al mismo tiempo que cantan los pájaros y no se oyen la pisadas en suelo firme de las ardillas y las ranas croan y se zambullen, finalmente. Todo eso que no quieren que se escuche. Por eso provocan y resuenan los pitos y todo lo demás.
Imanol le ha dicho a esa piara antimadridista (“no va por vosotros”, apuntaba con rozagante y puntiaguda sutileza de acento oriotarra en la sala de prensa) que son unos voceras y unos ignorantes malintencionados, sin decírselo, por supuesto. Y lo ha hecho entre los claroscuros del sol entre las ramas de los árboles reflejándose sobre la superficie del agua como en un espejo.
Ha dicho Imanol (el mismo ante cuya labor se deshacía el trío locutor antimadridista por antonomasia) que Zidane ha estado haciendo un trabajo admirable desde su vuelta, y que nadie lo veía. Pero él sí. Que, a pesar de los resultados, el Madrid venía haciendo buenos partidos y que la consecuencia la estamos viendo ahora. Que había jugadores en baja forma (la clave, según el guipuzcoano) que hoy la han recuperado.
Y tiene razón. Es bastante simple ahora que lo dice. Una simpleza cirujana la de Imanol, que nos presenta una imagen de nosotros mismos para que nos veamos de improviso, en primer plano. Imagínense cuando se vea, así en crudo, por ejemplo, el trío locutor: menudo susto. Courtois, Kroos y Hazard. Quiénes eran hace un mes y quienes son ahora. Todos parecen estar floreciendo tras el sembrado silencioso del que habla Imanol.
Imanol, que responde en rueda de prensa como si se oyera el salto grácil de una trucha, mientras todos los que asisten al salto, en medio del río, lo ven suceder como si lo vieran suceder las vacas a las que se presiente por el sonido de sus cencerros y luego se sabe de su paso por el número y el tamaño de los excrementos que dejan.
Lo de Imanol es lo contrario a los pitos. Los pitos (y sus responsables) son bocinazos en medio del atasco y la nube de dióxido que contamina la naturaleza. Lo de Imanol es el río por dónde vuelan sus remeros. Es el Oria explicándonos de verdad el Madrid de Zidane en pocas y sencillas palabras, como si tuvieran que venir de fuera (y menos mal) a decirnos cuáles son las cosas buenas de la vida.