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Opinión·30 de julio de 2019

James Rodríguez: no al Atleti

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Jesús Bengoechea

No hay mal que por bien no venga y la estrepitosa derrota veraniega ante el Atleti ha tenido un efecto benéfico, aunque sólo sea uno en medio del oprobio, como acertadamente lo calificó Athos Dumas en estas mismas páginas. Ese efecto benéfico consiste en que el club se lo va a pensar muy mucho antes de traspasar a James Rodríguez al Atlético de Madrid.

El madridista medio tiende a prestar poca atención al Atleti, puede que acertadamente. El considerar que los del Wanda no constituyen rival para el Madrid es postura suficientemente refrendada por el palmarés y la historia de siempre, pero desacreditada siete veces por la historia del pasado sábado. Ya hemos reforzado bastante a un rival que tiene pinta de aprestarse a dar mucha guerra como para ponerles la guinda al pastel. A mí me gustaría ver a João Félix de blanco pero, ya que no puede ser, me conformaría con no ver a James de blanco y rojo.

Entiendo que, por dolorosas que sean, hay razones que explican el tránsito al cholismo de Llorente y Hermoso. El Madrid necesitaba dar salida a su excedente (otra cosa es juzgar si estos jugadores eran excedente o no) y el Atleti era uno de los clubes que tenía el dinero para facultar una solución rápida y lucrativa para el club de Concha Espina. Son dos decisiones frías, empresariales y muy condicionadas por la opinión del entrenador sobre ambos futbolistas. Un entrenador que, por cierto, tiene ahora plenos poderes en la esfera deportiva. Las decisiones relativas a Llorente y Hermoso honran con coherencia ese otorgamiento de poderes a Zidane, comprendamos o no las razones del francés.

Ocurre, sin embargo, que hay excepciones que no solamente son aconsejables en materia de frialdad y obedecimiento al técnico, sino que pueden además ser juzgadas como imprescindibles por parte de la afición. En La Galerna no somos muy dados a hacer encuestas, pero podemos aventurar el resultado de preguntar a nuestros lectores, eminentemente madridistas, acerca de la pertinencia de dar pasaporte al colombiano en dirección al cholismo.

Si James aceptara un estatus de partida que no sea el de la titularidad absoluta, en el entendido de que con la necesaria autoconfianza aspirará a conquistarla a medio plazo, el sitio de James es el Madrid. Habrá que saber si acepta ese estatus o no. Pero pónganse en la piel del entrenador de un rival random que va ganando en el Bernabéu y mira al banquillo adversario para encontrar que James Rodríguez sale a calentar. “Y ahora qué hago?” será lo mínimo que piense ante el ingreso en el partido de una de las zurdas más objetivamente perfectas del panorama futbolístico mundial.

Si James no acepta ese rol de partida, o si no soporta la perspectiva de ver la cara de Zidane todos los días (que puede ser), entonces habrá que buscar una salida que no sea apresurada y solo contemple la opción atlética como el proverbial ultimísimo recurso.

De momento, ya tenemos a James calentando en Valdebebas. Han pasado dos años de irregularidad y rumores que nos habían hecho olvidar lo bien que, a pesar de algunos pesares, le sigue sentando la camiseta.

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