Jasper Cillesen en Narnia
Ramón Álvarez de Mon
Resulta bastante descorazonador que estos días esté pasando bastante de puntillas la operación de intercambio entre el Barcelona y el Valencia de sus guardametas Jasper Cillessen y Neto. Si han atendido a los medios y a la información dada por los propios clubes, Cillessen ha sido traspasado al Valencia por 35 millones de euros y Neto arribará a Barcelona por 26 millones de euros más 9 en variables. La operación para el Valencia parece buena. Traspasa a un portero que quiere dejar el club por el mismo precio que adquiere a un nuevo portero titular que es internacional con la selección orange. Pero, ¿y el Barcelona? ¿A qué se debe este extraño movimiento?
En aquellos clubes que todavía no son sociedades anónimas deportivas, la directiva debe avalar para cubrir las eventuales pérdidas de cada ejercicio. El Barcelona cierra su ejercicio el 30 de junio y la situación antes de esta operación era de pérdidas. De consumarse este resultado, sus directivos no sólo tendrían que cubrir las pérdidas, sino que los propios estatutos del Barcelona les obligarían a convocar elecciones.
Según se nos ha informado desde los medios, el Barcelona tenía ofertas por su guardameta holandés. Ofertas con toda seguridad inferiores a los 35 millones pagados por el Valencia, pero es que aquí empieza el truco contable. El Barcelona adquirió hace tres temporadas a Cillssen por 15 millones y con un contrato por cinco temporadas. Por tanto el Barcelona ha dividido la inversión por su traspaso por los años de contrato a razón de 3 millones al año en concepto de gasto por amortización. Tras 3 temporadas el holandés en las cuentas del Barcelona ya sólo ha costado 6 millones (los 2 años que quedaban por amortizar) y la plusvalía obtenida en la venta es de 29 millones justo antes de 30 de junio. Mientras tanto, la inversión por Neto, idéntica a lo obtenido por Cillessen, se puede imputar como gasto en varios ejercicios.
De esta forma inflar el valor de ambos jugadores procura una mayor plusvalía para ambos clubes. Cabe recordar los pocos traspasos que ha habido de porteros que hayan superado los 35 millones.
Con esta maniobra, la directiva del Barcelona salva el jaque al que las cuentas le someten cada final de ejercicio, pero no mejora en nada esta precaria situación económica de un club abocado a la ingeniería contable. A largo plazo hubiera sido bastante rentable vender a Cillessen por 15 millones y tirar de una Massia tan mentada como olvidada. Mientras el Barcelona continúa con estas artimañas tan legales como cortoplacistas, las noticias siguen apuntando que llegarán Griezmann y Neymar. Se vive de miedo en Narnia.
