Jovic en Satriale's
Mario De Las Heras
Estoy algo preocupado. He leído una noticia en As relacionada con el Real Madrid y estoy de acuerdo con el tono. No sé. El tema es Jovic y esa fotografía que ha compartido en la que se le ve acompañado de unos amigos, apoyado en la férula que le protege su rotura en el pie y sin guardar la distancia de seguridad entre personas. Si esa fotografía se hubiera quedado en el teléfono del futbolista, ahora no estaríamos hablando de ella.
La necesidad de compartir (en estos tiempos “compartir” ha rebajado su significado hasta la superficialidad gobernante), de mostrarse, es tan fuerte, que uno, a cada segundo, puede ver a alguien posar. Es como estar apostado en un puesto de caza y no dejar de ver piezas saltar por todos lados. Algo completamente inesperado y extraño.
Hoy todo el mundo se hace fotos y las “comparte”, como si ese “compartir” fuese el acto bueno que se presupone. Pero no lo es la mayoría de las veces. Hoy compartir es una matraca. He de confesar que siento añoranza del revelado. Esas fotos ciegas que imaginabas. Ir a la tienda, entregar ¡el carrete! y volver luego para ver cincuenta fotos por las que llevabas esperando semanas. Al verlas, las seleccionabas. Y no las "compartías". Te las quedabas o, en todo caso, hacías alguna copia para los protagonistas. El mundo de ayer.
Ahora cualquiera, cebollino o no, puede hacer las fotos que quiera y enviarlas para que las vean hasta en Mongolia. Incluso el que no quiere verlas, como puedo ser yo mismo o un pastor mongol. ¿No es un terrible coñazo social, por no dramatizar, que exista un juguete como la fotografía instantánea y la posibilidad de difundirla, también de forma instantánea? Hay demasiada gente haciéndose fotos insustanciales todo el tiempo, mayormente ridículas, y enviándolas por ahí todo el tiempo orgullosa y desaforadamente a discreción.
Yo no pensaba que Jovic pudiera ser uno de ellos. Yo sólo pensaba que era un buen futbolista joven que iba a acabar dando un buen resultado en el Madrid, pero ahora lo pienso menos. No es que su rendimiento haya empeorado, imposible en las actuales circunstancias, pero sí ha empeorado mi estima por él. Se ha resentido mi confianza, lo cual, por otro lado, no significa mucho. Mas bien nada.
Pero yo pienso que si Jovic supiera realmente lo mucho que nos alegramos algunos (o cómo le reivindicó en directo Casemiro, un profesional intachable dentro y fuera del campo) cuando marcó al fin aquel buen gol que dejaba ver al futbolista por el que el mejor equipo de la historia había apostado, o supiera lo que significa ser jugador del Real Madrid (recuerdo lo que contaba aquí ayer Pedro Ampudia sobre Petrovic cuando lo fichó Mendoza y se sabía la historia del club y del madridismo como si hubiera nacido en la calle Santiago Bernabéu), no se hubiese hecho, no, mejor, no hubiera “compartido” esa foto que parece la de los Soprano en la puerta de Satriale’s, por la que uno no puede dejar de imaginarles a todos después en el Bada Bing.
Supongo que todavía estoy a tiempo de contemplar el lucimiento en el campo de Jovic, lo malo es que ya he podido comprobar el deslucimiento de su caletre a por el que, cómo no, se han lanzado As y otros, esta vez sin necesidad de apuntar ni de hacer retorcimientos, como yo, dejándome por ello afectado de cierta inquietud.
Fotografías Getty Images.

