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Opinión·1 de abril de 2017

Juanito: el siete de corazones

A

Amalio Campa

 

Echando la vista atrás y utilizando los ojos y la memoria de un madridista confeso, caigo en la cuenta de que mi ínfima historia ligada a la historia mayúscula del mejor club del siglo XX se resume en una sucesión de sietes. Y en esta ocasión no comenzaré por el principio, sino por el final más reciente. Cristiano Ronaldo es el delantero perfecto, una máquina engrasada al servicio del juego ofensivo con poder de destrucción total. Antes que él, Raúl González portó el mismo dorsal, y previamente Emilio Butragueño desde aquel mágico día en Cádiz donde demostró la madurez que no se le suponía en un principio. Los tres jugadores con perfiles diferenciados, habilidades diversas y personalidades en ocasiones casi contrapuestas. Sin embargo, existió alguien muy especial antes que todos ellos, otro siete mágico e icónico que a nadie dejaba indiferente, un espíritu libre y en constante ebullición, un hombre visceral y de raza. Juan Gómez era todo eso y mucho más. Un mito, el siete de corazones.

Corren tiempos algo revueltos para el madridismo conceptual. Mucha gente se arroga el derecho y casi la obligación de ser los portadores de la esencia, el título honorífico de repartidor de carnets de sentimiento. Jamás se me pasará por la cabeza pedir el ingreso en este selecto departamento de recursos humanos de la empresa Real Madrid, pese a que fui socio desde que tenía un mes de vida hasta los 28 años. No soy más madridista que nadie ni nadie lo es más que yo. Por consiguiente, no me veo capacitado éticamente para discernir si las palabras de Raúl acerca de la posibilidad de trabajar para el Barcelona vienen a cuento o por el contrario serían moralmente cuestionables. La tarea que me importa del penúltimo siete ya la realizó con creces. Dicho esto, entiendo perfectamente a quien se haya sentido molesto u ofendido. Citaba don José Ortega y Gasset que el yo es yo y su circunstancia, por lo que no me veo en la necesidad de aplicar la frase a Raúl González Blanco y nombrar una circunstancia que todos conocemos, la de que no fue un madridista de cuna y que entiende su profesionalidad a su propio modo y manera.

Juan Gómez “Juanito” tampoco fue nunca un madridista de cuna con ADN blanco al ciento por ciento. Para aquella minoría que aún no conozca su historia aclararemos que jugó en las categorías inferiores del Atlético de Madrid e incluso llegó a ponerse la elástica colchonera del primer equipo en un partido amistoso contra el Benfica. Ese día, una gravísima rotura de tibia selló su destino para siempre. Tras la recuperación y un paso exitoso por el Burgos, el Real Madrid lo fichó en 1977. Fue indiscutible hasta la llegada de Butragueño como punta de lanza de una generación de jugadores estupendos que marcarían el paso hacia una versión de juego estética y conceptualmente más moderna. No es mi labor elaborar una lista con los títulos ganados, ni los goles marcados, ni siquiera de las expulsiones ni de las salidas de pata de banco de un hombre visceral pero puro y sincero como ningún otro que el club haya tenido en sus filas jamás.

Todos definen a Juan como un excepcional jugador, dotado de una clase, una velocidad y una técnica envidiables, y sin embargo casi nadie lo incluiría en un once ideal histórico. Seguramente hayan existido bastantes jugadores mejores que él en su mismo puesto, pero el malagueño irradiaba un aura especial que lo hacía conectar con la grada. Simplemente hay personas que nacen dotadas de un don único, no le demos más vueltas. En mi cerebro persiste una imagen que jamás olvidaré, la definición perfecta de madridismo. Nadie pronunció una palabra, nadie gritó a los cuatro vientos una proclama tribunera ni dio botes en un palco de una institución oficial celebrando un título. Juan Gómez era sustituido en el último minuto del partido de vuelta contra el Borussia Moenchengladbach en la UEFA de 1985. Aquella salida del campo de juego camino a los vestuarios resume, en mi opinión y si eso es posible, 115 años de historia. Si los científicos del SETI tuvieran hipotéticamente que lanzar en una cápsula espacial informaciones de la vida en este planeta, y en un ejercicio de irresponsabilidad me pidieran elegir un momento para explicar lo que es este club, les aconsejaría que grabaran esas imágenes y las lanzaran rumbo a Trappist 1B. Señores alienígenas, esto es el Real Madrid, y si no les gusta, no vengan.

Juan Gómez tendría ahora mismo 62 años. Una fatídica noche del 2 de abril de 1992 murió camino de Extremadura mientras dormía. Se van a cumplir 25 primaveras de un hecho luctuoso que elevaría a los altares emocionales del madridisimo a un tipo pasional, contradictorio y transparente. La primera vez que asistí al Bernabeu allí estabas, con tu porte chulo, provocador, genial. Los mitos viven, el minuto siete será siempre tuyo, cabezón. Honor y gloria, hermano.

 

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