REAL MADRID A DEBATE. LA GALERNA, TU DIARIO MADRIDISTA.

Volver al inicio
Opinión·6 de junio de 2018

Keylor, el ídolo naïf

J

Jesús Bengoechea

Es posible que, si preguntas al madridismo por cinco o seis de sus máximos mitos, pocos encuestados lleguen a incluir en ese top a Keylor Navas, pero tal cosa sólo vendrá a ejemplificar la falta de reflejos de dicha afición. Aunque el palmarés del tico en el Real Madrid no puede aún compararse con el de Casillas en número de ligas -es una realidad incuestionable porque el palmarés no está sujeto a opiniones-, Keylor sí tiene tantas Champions como el mostoleño. Todo cuenta, pero la Champions cuenta más que nada y es en el terreno europeo donde se forjan las leyendas blancas.

Si nos atenemos a actuaciones memorables en la máxima competición continental, ambos guardametas andan parejos. De igual manera que siempre se recordarán las paradas imposibles de Casillas tras emerger desde el banquillo en Glasgow, quedarán grabados en nuestra retina los vuelos de Keylor en la vuelta de las semifinales ante el Bayern. Hago memoria y no hallo ninguna actuación más espectacular y decisiva de un portero del Madrid que la que nos brindó el costarricense en esa ocasión trascendente. Los bávaros apretaban como una apisonadora y el Madrid, desbordado, no hallaba otra herramienta con la que defenderse que los guantes de Keylor. Una y otra vez se estrellaron los de Heynckes contra esa muralla sobrehumana. El Madrid murió esa noche. Quien pasó a semifinales fue Keylor, aunque todos los demás entraran en el lote por defecto. La proeza tuvo un matiz de superación personal, un plus de resiliencia, por cuanto Keylor venia de una aciaga actuación ante la Juve que habría hecho mella en la moral de cualquier ciudadano de ánimo no indestructible.

Yo no sé, con todo esto y con muchas cosas más, a qué espera el madridismo para elevar a Keylor al panteón de sus deidades predilectas. Ni es el mejor portero del mundo ni falta que le hace. Es algo muchísimo más grande: es (ya por derecho propio y se fiche a quien se fiche para disputarle el puesto) el portero del Real Madrid. También es uno de los mejores del planeta. Y constituye, en el ámbito personal, un prototipo que escasea en la plantilla y que hay que cuidar. Me refiero a ese punto de ingenuidad latinoamericana tan necesario en una atmósfera (la del Bernabéu) tan podrida de maldito escepticismo europeo. El piperismo es Viejo Continente en su más malhadada esencia, y le viene de cine a ese ambiente severo la frescura de gente como Keylor, Casemiro o Marcelo, eternamente efervescente.

En un foro tan pleno de absurda solemnidad como el que constituye el estadio de Concha Espina en los prolegómenos de un partido de Liga, solo dos cosas alivian la sensación escrutadora y tensa: los cánticos de la Grada Fans y ese hombre vestido de verde, arrodillado en la línea de gol. Es el punto naïf en medio de un contexto cínico y resabiado. Existe tanta belleza virgen en ese gesto de religiosidad simple y desacomplejada que en ese momento hasta yo, que también estoy viejo y descreído como Europa, cínico y escéptico como gran parte del madridismo, estoy tentado de pensar que esas oraciones tienen de hecho algo que ver con nuestros éxitos.

Si Keylor lo cree, ha de ser verdad.

ESPACIO PUBLICITARIO

Post Article - 728x90